Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 25 de junio de 2014

Yes, I do

Amo tu sonrisa hermosa,
esa que me gustaría capturarla como una fotografía para así quedármela. 
Amo la bondad que hay dentro de tu corazón,
tu lealtad, tu esfuerzo, tu honestidad.
Amo tu inteligencia, tus ganas de crear cosas,
de superarte, de empujarte a ser y a conseguir más de ti mismo,
tu valentía para afrontar los desafíos que llegan día a día.
Amo que seas un hombre de principios,
y que compartamos la mayoría de esos mismos valores.
Amo tu preocupación y cariño por todos los que te rodean,
la generosidad que tienes con tu familia y conmigo.
Amo tu fortaleza,
y también cada una de tus fragilidades o pedacitos más oscuros.
Amo tu ternura, tu instinto regalón,
además de ese lado perverso, igual que el mío.
Amo tu carita sonrojada, cuando te pillo de sorpresa.
Amo reírnos juntos,
quedarme dormida abrazada a tu cintura,
y sentir que el mundo sólo se hace más infinito contigo.

miércoles, 11 de junio de 2014

One Hundred Times Deeper (III)

Capítulo III

¡Mierda! 
Cuando abrió los ojos, su despertador decía 07:45.

¡Maldición! Tengo que haber apagado de nuevo la alarma.

Era la tercera vez durante esta semana que se quedaba dormida. Había estado con mucho trabajo, feliz, pero excesivamente cansada. 

Saltó de la cama y corrió a la ducha. El agua caliente sobre las curvas de su cuerpo era tan dulce como un orgasmo. Sin embargo, no era tiempo de ponerse a pensar en cosas relajantes.

No. 

Se vistió a la velocidad de la luz, sintiendo que era su peor combinación de ropa en toda la historia. Luego, se maquilló un poco y con su cabello no había mucho que hacer, lucía del terror. Así que nada más decidió que trenzarlo solucionaría en algo el problema. Se colocó los tacones, el impermeable y bajó las escaleras como si llevara al diablo pisándole los talones. 

08:07.

Lo importante es llegar a la supervisión. 

Se decía casi como un mantra religioso. Por suerte, el departamento en el que vivía con Susana quedaba a pasos del metro y entonces sólo serían un par de estaciones para llegar al Hospital. 

08:29

Después de correr algunas cuadras, me sentó como peso muerto en la sala de supervisiones. 

¡Soy una diosa!

A los dos minutos aparecieron los Jefes de la Unidad y el clima se volvió silencioso como en una catedral. 

Ramiro Fernández era el más antiguo del equipo. Tenía unos cuarenta y siete años, había sido nombrado Jefe de la Unidad de Psicología Adolescente hace seis años atrás y conservaba su puesto siendo muy reconocido dentro del Hospital. Su currículum de estudios en el extranjero era impresionante, al igual que su recorrido en años de terapia psicoanalítica. No obstante, había algo en él que le parecía raro. Su rostro siempre era tan, tan... Póker, sí, eso es. A veces se mostraba abierto y amable con los internos, y de pronto veías toda una faceta nueva de él en la que no sabías si te estaba regañando o elogiando.
Probablemente, lo primero.

Creepy. 

Pero también, había algo de atractivo en él. Unas canas iniciales a los costados, su cuerpo fornido y unos potentes ojos grises oscuro, que se te caían las bragas con sólo mirarte. 

¿Será casado? No tiene argolla.

- ¿Srta. Wembritte? ¿Aló? ¿Hay alguien ahí? -le sacó de su ensoñación la voz grave de Ramiro.

- Ah, sí, sí, disculpe -contestó Alexis avergonzada.

- Bueno, ¿y? ¿Qué opina de las intervenciones que ha hecho su colega?

Alexis miró a Cristóbal Undurraga, el psicólogo a cargo de la presentación, sin saber qué decir.

¡Maldición!

- No queda tiempo Ramiro. Mejor empecemos con la siguiente presentación -interrumpió Estefanía, la Jefa del Área de Psiquiatría Infanto Juvenil, y que hace un tiempo le había contratado.

Ufff, respiré. Totalmente salvada por la campana

Entonces Ramiro desvió la vista, tomó su libreta y volvió a mirar a todos los internos.

- Gracias Sr. Undurraga. Siga trabajando en los aportes que le hicieron hoy. Ok. ¿quién sigue? 

Alexis se sentió muy apenada. Cristóbal era un buen sujeto. Casi siempre se tomaban el café de la tarde juntos, conversaban acerca de sus pacientes y de sus planes a futuro. Y esta vez no le había puesto nada de atención. Aún así, Cristóbal le sonrió, con esa bondad tan típica en él. 

- Srta. Fuentes. Usted sigue -afirmó Ramiro. 

La mañana continuó con las presentaciones de los demás internos, incluida la suya. Y cuando daban las 12:00 en el reloj, habían terminado todos. 

¡Al fin, por Dios! ¡Qué eternidad!

Alexis salió de la sala acompañada de Cristóbal y Paula, otra de sus amigas dentro de la oficina, pero antes de cruzar el umbral, Ramiro se paró delante de ellos.

- Bien hecho Srta. Ríos. Y usted... -dijo, señalando a Alexis- más atención la próxima vez. 

Quizo morirse.


                                                               ****


Cuando se acabó la jornada, tomó sus cosas y se fue del Hospital. Todo el resto de la tarde, mientras atendía sus pacientes, no podía pensar en otra cosa que la mala impresión que había dado a los Jefes durante la mañana. 

¡Qué estúpida!

Afuera llovía a cántaros y con la rapidez con la que había salido de su casa, otra vez no tenía paraguas. Sin embargo, nada parecía importarle. Estaba tan deprimida. Siguió caminando lánguida, sintiendo el peso de su bolso, el macbook y sus carpetas, como nunca antes. La lluvia le caía sobre la cara, y para el momento en el que llegó al metro, no había parte de su cuerpo que no estuviera empapada.

Mientras bajaba las escaleras mecánicas, sintió una extraña sensación. Se dio la vuelta y unos cuantos escalones más atrás, venía un hombre con lentes oscuros, un traje muy caro y una expresión casi inmutable en su rostro. 

Siguió avanzando y podía sentir sus pisadas detrás de las suyas, firmes y decididas. Comenzó a caminar un poco más rápido, él también aceleró el paso. Entonces, alcanzó a entrar al vagón antes de que el pitillo sonara y las puertas se cerraran. El hombre quedó detrás del cristal mirándole fijamente.

¿Qué demonios fue eso?

Se sentó preocupada, no obstante, a los pocos minutos sus pensamientos volvieron al bochorno de la mañana. Veía correr las estaciones una tras otra, pero no se podía mover. Escuchó a la transportista informar "Ríos Rosas", el lugar donde Alexis debía bajar y se quedó paralizada, como si la voz hubiese estado muy alejada de su consciencia. Cuando por fin pudo sentir sus piernas, se hallaba frente a la puerta del departamento de su novio. Había caminado casi en piloto automático.

Tocó el timbre y Borja abrió. 

- Hola mi amor, ¡qué sorpresa! Justo acabo de llegar, un poco antes y... 

Alexis lo interrumpió abalanzándose sobre él con un beso. Podía sentir sus labios húmedos, su lengua jugando con la suya, su mano subiendo por la espalda.

- Estás toda mojada -le dijo Borja en tono de desaprobación.

- Tienes razón, tengo que quitármela -contestó mientras se mordía el labio.

Descendió lentamente la cremallera de su impermeable y lo apoyó sobre el sillón. Luego, desabotonó su sweater, la blusa, mientras Borja le miraba ardiendo de deseo.

Cuando estaba por desabrochar su sostén, Borja le cogió en sus brazos y le empujó con fuerza contra la pared. Bajo la falda, sus piernas podían rozarle los pantalones y sentir cómo comenzaba a excitarse.

- Te amo -le dijo Borja.

Los besos de Borja en su cuello eran lo mejor de su día. Sabía morderle la clavícula hasta volver locos todos sus sentidos. Incluso esa parte de ella que latía frenéticamente, y no era precisamente su corazón. Luego, Borja le apoyó sobre la mesa del comedor y subiendo con sus manos por las piernas de Alexis, le sacó las medias y besó cada uno de sus centímetros hasta llegar a ahí. 

¡Oh mi Dios!

Su diosa interna sólo quería sentirlo dentro suyo.

Entonces, le bajó sus bragas y empezó girar su lengua hasta llegar a lo más profundo de Alexis, mientras ella hacía muecas de placer y sostenía el cabello de Borja entre sus manos.

- Estás tan mojada -susurró.

Alexis sólo podía pensar en la energía que recorría su cuerpo, desde la punta de sus pies hasta los pezones, que se habían puesto duros y excitados. 

- Y eres tan exquisita Alexis, me encantas.

Poco a poco, Alexis sintió que no aguantaba más. Sus piernas se movían sin control con la lengua entrando y saliendo, girando y subiendo, hasta que todo estalló en un grito aguerrido. 

- ¡Me voy a ir! -gritó Alexis. 

Las vibraciones tenían tal poder que el intenso orgasmo le hizo tiritar y retorcerse de placer.

¡Oh mi Dios! ¡Qué rico!

Después, Borja le volvió a tomar en sus brazos y la llevó a la pieza. Quitando su cinturón, bajó sus pantalones y antes de que Alexis pudiera pensar, sintió su duro miembro dentro de ella. Era la mejor sensación del mundo. 


                                                          ****


Le despertó el sonido de Levels, de Avicii a través de su iPhone. Se puso la camisa de Borja que estaba a los pies de la cama y corrió a buscar el móvil a su bolso. Eran las 20:00.

- Buenas tardes Srta. Alexis -reconoció la voz de Juanita, la secretaria del Hospital.

- Hola Juanita, ¿cómo estás?

- Bien, gracias. La llamaba para avisarle que mañana tiene un paciente nuevo a las 19:00. Y que Graciela no viene, cambió la hora para el próximo jueves, así que no empieza temprano. A las 15:00 tiene la primera hora con Martín. 

- Okay. Gracias Juanita, nos vemos -contestó Alexis cordialmente.

Entonces, sintió unos poderosos y cálidos brazos alrededor de su cintura.

- Hola tú -escuchó Alexis, con la tierna voz de Borja en su oído.

Alexis sonrió y le dio un beso. 

- Tengo que irme mi amor.

- No, quédate -le miró Borja con ojos de súplica.


(Continuará).

domingo, 8 de junio de 2014

Back to where I was...

Oh Lord, I'm back to where I was.

It's the rain? The winter? The cold speaking?

It's me or the outside?

Should I blame my fucking temper?

My twisted way of existing? My biochemical instability?

Why do I feel this way?

Like nothing else matters. Like if I were lost, doing missteps everywhere I go.

It must be the weather... It must.

Otherwise, I do not know how to fix this. This fucking circularity.

I cannot breathe.

I can't see further of the limits of my own body.

I'm going to burst in any minute.

domingo, 1 de junio de 2014

Pedir, rezar, amar...

El día que me escribiste la primera carta:

Pedirte que me tengas paciencia y que sepas que siempre quiero estar ahí por ti, que tengas la confianza de decirme todo lo que te pasa y que sea lo que sea que me digas, no lograrás espantarme. Todo al final servirá para que vivamos mejor los dos. 

Rezar para que todo salga bien, para que dios te proteja y no te aparte de mí, pero sobre todo, que las cosas resulten de la forma que te haga más feliz. 

Amarte ha sido lo mejor que me ha sucedido en mi vida, hoy siento que he conocido el amor y quiero que conozcas lo que hoy siento, esperando que sientas lo mismo que yo. ¿Qué es lo que siento? Felicidad!!, felicidad por cada momento que te puedo ver y unas ganas irresistibles de que esto no tenga nunca un final, que el tiempo nos haga un favor y no avance, para quedarnos mirándonos a los ojos diciéndote eternamente que te amo.