Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ainhoa

Ainhoa ve venir el fin de año sin tener claridad de nada. Sabe que desea que ocurran algunas cosas, y también, que odia profundamente otras que suceden en el momento presente. Y entonces vive presa de sus contradicciones, de sus tira y afloja, de una felicidad que parece inventada. De a ratos quiere liberarse de las expectativas de los demás, de esas típicas cosas que te dicen que tienes que lograr o tener, incluso, de la presión de estar contento y estable todo el tiempo. Y en otras oportunidades, vuelve a su sinsentido acostumbrado, a ese circo de mentira donde funciona como robot porque sentir y pensar es más doloroso que no estar. Los estados de consciencia le juegan malas pasadas a Ainhoa, o tal vez ella lo siente de esa forma. Pues, ¿de qué sirve la atención plena si no puedes salir de las prisiones? Las verdades terminan por atragantársele una a una, como un pedazo de filete crudo atorado en la garganta, y entonces, ¿de qué sirve mirar? ¿ver? ¿sentir? Ainhoa sabe que se aproxima el término a pasos cada vez más y más gigantes, sí, como un tsunami de emociones que derriba cientos de edificios, sí, los suyos. Los pilares, las ideas, los sueños, los valores, las expectativas, las ilusiones, para quedarse con ese mismo desierto pálido de desesperación que aparece cada año con las campanadas de las 00:01.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Antonia

Antonia no tiene ganas de levantarse. Día tras día vive el mismo guión de película, uno aburrido y lleno de remordimientos. Su irritación alcanza límites insospechados, y con sólo verlo a los ojos cree que podría aniquilarlo con la mirada. Sí, a su tonto novio de la facultad que no la entiende. Que le pregunta lo mismo trescientas veces al día. Y que luego, cuando llega de trabajar, se acuesta en su lado de la cama para quedarse dormido en un segundo. Ese que tiene todas esas putas manías que a ella le sacan tanto de quicio. Que es incapaz de mirar más allá, de darle el amor del modo que ella espera. Ese que no logra darse cuenta, de que probablemente Antonia está con depresión. Pues vociferar la gran parte del día contra el mundo y contra todos no es algo normal. Tampoco lo es, el no tener deseos ni ganas de nada. Ni pensar a cada segundo que sería más fácil abandonar todo y salir corriendo. Aunque lo más factible es que ni siquiera tenga energías para ello. Antonia mira su realidad y no sabe qué hacer con ella. Si pudiera, la rompería en centenares de pedacitos de papel y los tiraría con furia por la ventana. Quizás incluso se los comería, si con ello tuviera la certeza del fin. 

jueves, 1 de diciembre de 2016

Agustina

Agustina se adentra en la neblina como si fuese su propia confusión interna dibujada en la carretera. Se hace tarde y va en su coche camino a casa. La radio suena canción tras canción, pero ella sólo piensa en que no sabe si quiere cruzar la puerta. Tiene miedo. Tiene pena. Imagina lo que le espera después de una ley del hielo que pareció una eternidad. Quiere hablar y decirlo todo, pero a veces piensa que no tiene sentido, que no sabe cuál es el punto de comunicar si no es escuchada, si nada cambia. Y a pesar de todo eso, lleva varios días diciéndose a sí misma que ha sido una decisión, su decisión y que sin voluntad, de seguro todo podría irse a la basura de igual forma. Pero a la vez, el silencio ha interpretado cada una de sus dudas, tanto así, que tuvo una crisis de pánico antes de dormirse la noche anterior. Agustina creyó que moría. Y le paralizó sentir que el aire no era suficiente, que no era capaz de llenar sus pulmones como para salir de ese estado de asfixia.

martes, 29 de noviembre de 2016

Anastasia

Anastasia durmió en la pieza de servicio por primera vez. En sus tres breves años de matrimonio, nunca habían dormido separados. Casi como si hubiese sido una ley. Pero esta vez, no tenía ganas de seguir cumpliendo las reglas, ni de esforzarse ni de nada. Sólo quería estar tranquila. Pensar, o tal vez no, sencillamente hacer lo que se le diera la puta gana. Creyó que este era un logro para sí misma, hacer frente a sus ideas y dejarse llevar por ellas. Sin embargo, el cuarto le pareció frío y desolado, como si le faltara algo. Y se aguantó, las lágrimas que querían descender por sus mejillas. Se aguantó la rabia, la decepción, el desconcierto. Luego se dijo que era mejor cerrar el grifo de los sentimientos y se hundió en películas hasta que la venció el sueño. La conclusión; en este poco tiempo de estar casada, Anastasia nunca había pensado que no quería estarlo. Que tal vez esto había arruinado todo. Que quizás, lo suyo no era el amor ni las familias, ni pretender. Que por mucho que quisiera creer lo contrario, el estar jodida para toda la vida no se resolvía con anillos, departamentos nuevos o fantasías ridículas. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

Almendra

Almendra lleva media botella de tequila. Piensa que la única forma es celebrar, no sabe qué, pero algo, por último, que está viva. Durante la mañana tuvo sexo con su novio en el baño de la universidad. Y con ello, creyó que con un tinte de adrenalina las cosas mejorarían. Más no sintió absolutamente nada. Estuvo ahí, rígida y con la cabeza en cualquier lado mientras que él sólo tardó 10 segundos en irse y dar la tarea por hecha. Almendra en cambio se sintió vacía, como por enésima vez en el día. Escapó de clases y le escribió a su profesor de literatura. Él tenía novia, pero eso no era impedimento para Almendra. Tampoco para su profesor, quien la desnudó más rápido que sacarle el papel a un paquete de galletas. Almendra sintió un placer único, pensó; esto es. Con él, experimentaba la duración y las sensaciones de un hombre maduro. Un pequeño instante de éxtasis en medio de la nada. Sin embargo, cuando el profesor estuvo listo y la sacó del departamento diciéndole que la llamaría, Almendra volvió a sentirse vacía, asqueada de sí misma. Decepcionada del mundo. Incontrolable. Volátil. Y mientras caminaba a la reserva de agua por la que le gustaba mirar la ciudad, recibió el llamado de su mejor amigo. Un chico recién salido del hospital psiquiátrico. Almendra cambió de rumbo, compró el tequila y se sentó en lo oscuro, con la soledad de un cielo sin estrellas. Pensó, que era la primera vez que alguien le decía las cosas tal como son. Y eso dolió más que mil puñales directo al corazón. "Eres una puta loca, desierta y vacía"

Alicia

Alicia ve las vías en silencio. Es su lugar favorito para pensar y estirar las ideas, pero también, para gritarle al vacío las verdades que no puede nombrar. El sol de la tarde comienza a ocultarse. Las espigas se mueven con el viento. Sus pies cuelgan de ese banquillo de madera del que a veces le gustaría saltar y olvidarse de todo. Le caen un par de lágrimas sobre su jersey, y con ello se le corre el maquillaje negro de los ojos. Sin embargo, a estas alturas, ¿importa realmente? Porque cuando Alicia ama el silencio y al mismo tiempo lo odia, aparece más de alguna de las contradicciones básicas de su vida. Porque quiere amar y al mismo tiempo quiere irse. Porque quiere fundirse, explotar, y al mismo tiempo se ahoga, no puede respirar. Y allí, donde la habitación se hace un poquito más amplia o tal vez más oscura, se ha imaginado a sí misma acostada sobre las vías, con las luces cayéndole encima como un relámpago que la fulmina. Piensa cómo sería ese fragmento; en el que un impacto puede reducir los años en tan sólo segundos y descansar. Sólo descansar. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Juanita y María (10)

María la mira de lejos. Cuando eran amigas tenían tantas cosas en común. Tantos secretos. Tantas risas. O eso creía ella. Y ahora... podría decirse que la única similitud que tienen es la misma peca de la espalda.
Y bueno, esa última confesión que le hizo un día cuando estaba borracha. 
Juanita: Hola María, no sabía que tú también venías a esta Iglesia. 
María mira sus dos niñas de trenzas rubias. Mira su delgada figura, su espectacular marido. Piensa para sus adentros que parecen la familia perfecta de la revista Vivienda y Decoración. Arquea las cejas. Se pregunta por qué eso le da rabia. Por qué se le aprieta el pecho como si no pudiese respirar.
María: Hola Juanita. Vengo todos los domingos.
Juanita: ¿Y tu marido? ¿Cómo está?
María: No pudo venir. 
La familia de Juanita se adelanta y ellas se quedan a solas. María vuelve a sentir un poco de envidia, o tal vez, algo de soledad. Quizás, incluso las dos cosas juntas. 
Juanita: ¿Y te sientes mejor de la última vez?
María: ¿Qué cosa?
Juanita: ¡Ay María!... si sabes a qué me refiero.
María lo sabe perfecto pero es más fácil hacerse la idiota. Apelar a la única posibilidad de que esa noche haya quedado en el olvido.
Juanita: ¡Ya pues María! Dijiste que ibas a hacer tus maletas y que te irías lejos. Que estabas arrepentida. Que estabas muerta de pena, que te apagabas de a poco. Que estabas cansada, inquieta. Que no podías más.
María: No lo recuerdo.
Juanita: Te pregunté de qué querías escapar y me dijiste que de ilusiones tontas.
María si de algo sabe, es de ilusiones tontas. Ha pasado su vida entera esperando cosas que no ocurren, viviendo de amores terminales, pintando expectativas como estrellas, pero de esas que mueren más rápido que un pez sin oxígeno. 

lunes, 31 de octubre de 2016

Página 69

Tus dedos en mi pelo de esa forma. Sólo eso basta para desnudarme. Ese único momento es suficiente para dejar caer todas mis barreras y desatar lo indómito, lo oscuro, la parte de mí que desea con locura. Y luego desciendes, al hueso adorado de mi clavícula donde siento tu lengua dibujando su contorno y me fulmina, lentamente. Sólo eso basta para dividirme y hacer rendir cada una de mis razones. Y mientras tus labios continúan su camino por mi cuerpo, olvido hasta mi nombre pues de qué vale un nombre si tengo la presión de tus caderas contra mis debilidades. Sólo eso basta para entregarte cada una de mis curvas como un libro abierto en la página sesenta y nueve. Y entonces ahí, en ese grial oculto, pero a la vez tan tuyo, decides multiplicar mis angustias hasta gritarte que no te detengas. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Juanita y María (9)

Juanita: Era de esperar que en un lugar como este nos encontraríamos.
María: Casi un clisé.
Juanita: Sí, pero bonito, trae recuerdos.
María: Claro, de cuanto tú y yo éramos amigas.
Juanita: Bueno María, con la vida hemos tomado diferentes caminos.
María: Lo sé. Tú vas por ahí toda feliz en familia, y yo...
Juanita: Tú y tus acertijos María, si quieres decir algo sólo dilo y ya está.
María: Me refiero a que has avanzado. Me pone feliz.
Juanita: ¿Y tú?
María: Yo sigo donde siempre, admirando desde la ventana.
Juanita: ¿Cómo es eso?
María: Sí, en una espera que es cancerígena.
Juanita: ¡Ay María! (suspira). Por eso no me gusta hablar contigo, nunca te entiendo.
María: Vivo de un amor terminal Juanita.
María mira el cielo del Colegio, el campanario. El día está nublado, hace mucho frío. Más que ayer, más que hoy, más que mañana probablemente. El único corazón que muere es el suyo.

Sol de invierno (3)

Take a look at my body
Look at my hands
There's so much here
That I don't understand
(My Skin - Natalie Merchant)

¿Será así? ¿Será que eso necesitamos para saber que estamos vivos? ¿El vacío? ¿El dolor?

I've been treated so wrong
I've been treated so long
As if I becoming untouchable
I'm a slow dying flower
Frost killing hour
The sweet turning sour
and untouchable

La primavera llega y no dentro de mí. Esta vez no. Escucho los quejidos, la oscuridad vociferando en los rincones, la soledad diciéndome que me ha ganado. ¿Y a qué costo? Ha pasado una noche larga, larga de estar sin ti, sin ninguno de esos sentimientos tan tuyos, tan míos, tan nuestros. Me he quedado con el puto sol de invierno y sus miles de kilómetros. He mirado el reloj como si acaso éste tuviera todas las respuestas. Y luego, me he quedado sentada ahí toda la tarde, con el mismo frío congelándome las ideas, los momentos. Más de quince horas en slow motion, donde nada tiene sentido, excepto, la puta melancolía de extrañar, de imaginar cómo éramos antes de. Sí, porque desde que somos todo ha cambiado. Todo se ha esfumado. Como si lo previo hubiese sido, el preámbulo de una noche de verano, un idilio y nada más. De a ratos siento que la distancia está normalizada, y que tú y yo somos una mala película de ficción, sí, de esas de bajo presupuesto y sin subtítulos. La espera ha sido larga, y mi cabeza se ha azotado contra la pared cientos de veces preguntándose por qué ya no me quieres, por qué ya no me deseas, por qué sólo hay océanos de más y más silencio.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Happiness

Life it's a journey not a race. The biggest mistake people make is to think that happiness is the goal. Happiness it's on the search, in every step, laugh, grow and sadness of the journey. So, slow down, pay attention, enjoy the present and the people, embrace happiness.

miércoles, 31 de agosto de 2016

La última cita

Un café de Santiago. Miércoles. 7:30 de la tarde. Mira por la ventana y unas gotas comienzan a caer. El vidrio se empaña con su respiración y con el humo del té caliente. Ha pasado media hora, como también media vida y nada cambia. Le llama por teléfono y no responde. Su vestido bonito en este momento le parece ridículo. No sabe para qué se esfuerza. 8:30 de la tarde. Llueve torrencial, con las mismas ganas que sus ojos en silencio. El té ya está frío y no fue capaz ni de probar un sorbo. Se pregunta para qué lo intenta si no recibe lo mismo. Le llama por teléfono y no contesta. Él le escribe un mensaje y le dice que no ha podido irse. Otra vez. 9:15 de la noche. Él le escribe otro mensaje y le dice que va en camino. Ella siente que ya no vale la pena esperar. Ha esperado demasiado. Le ha pedido que la quiera... como si acaso realmente tuviera que ser una cosa que se pide. Paga la cuenta; el único té sobre la mesa que ni siquiera pudo disfrutar. Se coloca el abrigo y la bufanda, y una lágrima cae río abajo por su mejilla. Cruza la calle y se sube al coche. Llueve muy fuerte. Un tipo se pasa el semáforo en rojo, no alcanza a frenar. El ruido quiebra la noche y la abandona.

jueves, 25 de agosto de 2016

One Hundred Times Deeper (V)

Capítulo V

Al abrir la puerta, mi imagen mental distaba muchísimo de la realidad; cabellos oscuros, tez morena, de altura prominente y cuerpo fornido, como si su tórax hubiese soltado recién las pesas del gimnasio. Sus ojos escondidos tras unas gafas de sol de color negro, una camiseta ajustada bajo la chaqueta de cuero, jeans azabache y zapatos perfectamente lustrados. De su cuello colgaba una cruz de plata y en el bolsillo de la chaqueta se alcanzaba a asomar una caja de cigarrillos. Marlboro Lights. Su rostro más bien inexpresivo, declaraba una cicatriz en el pómulo izquierdo y un arete de oro en ambas orejas. A partir de sus facciones se podía inferir que aquel hombre rondaba los cuarenta y ocho, quizás un poco menos.

Un tanto excéntrico, ¿no?
De seguro tiene complejo de rockero frustrado.

Le extendí la mano y me presenté. 
- Buenas tardes, soy Alexis Wembritte. ¿Usted es Colin?

El hombre miró mi palma abierta y no me devolvió el saludo. Luego, con una sonrisa que me pareció fingida se sacó las gafas y se mantuvo de pie junto a la ventana de la oficina. Yo no sabía cómo reaccionar, ni qué interpretar de su mudez. Tan sólo me quedé ahí parada, sin moverme. Lo primero que pensé fue que tal vez tendría dificultades para establecer vínculos y que entrar en confianza sería un camino largo con él, sin embargo, su estilo Bon Jovi del 2000 no coincidía para nada con su performance. Entonces, mi cabeza siguió procesando sus ideas y recalculó un posible TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Quizás, el temor a la suciedad o algo así le impedía establecer contacto físico conmigo y con el espacio de la oficina. Más, nuevamente, las cosas no me cerraban por completo.

¿Qué lo traerá por acá? 
No logro descifrarlo. 
Hay algo en su mirada que...

De pronto, la puerta se abrió nuevamente y una voz fuerte y varonil, decidida pero cálida al mismo tiempo, se oyó desde el umbral.

- Antonio, no lo volveré a repetir. Nadie me dice que no. Ahora no puedo hablar, te llamo más tarde. Envíame los correos que te pedí, los revisaré apenas pueda.

Su perfume inundaba todo el lugar. Mi especialidad de seguro no eran las esencias, pero este era sin duda un muy buen aroma. Equilibrado. Eléctrico. Imaginé una botella curva, de envase negro, como el Armani Code Special Blend. Sí, un olor magnéticamente atractivo.

- Gracias Hassan -dijo al hombre que esperaba en la ventana. Puedes retirarte.

- Sí señor -le respondió.

Entonces me miró a mí y mi rostro se ruborizó en menos de un segundo.

- Buenas tardes, soy Colin Hard.

Su nombre ahora sí que concordaba con la figura que me había imaginado.

Qué guapo es.

Mi mano temblorosa sostuvo la suya y sentí un choque de electricidad contra sus dedos.

El Sr. Hard me observaba detenidamente. Podía darme cuenta de cómo sus ojos hacían un examen mental de mí, de los pies a la cabeza, como si pudiese obtener una radiografía con mi nombre. Vestía un elegante traje azul marino que claramente era hecho a medida, un pañuelo en el bolsillo de la chaqueta y una corbata de seda bellísima. Sus zapatos de cuero café lucían muy finos y costosos, e iban a juego con un hermoso cinturón. Tenía cabello castaño y un flequillo rebelde le caía sobre la frente. Su sonrisa era perfecta y seductora, la barbilla angulosa y afeitada con precisión, sus ojos eran grandes y de tono verdoso, extremadamente profundos. Tanto así, que me daba miedo sostener la mirada hacia él por demasiado tiempo. 

Deslicé un mechón de pelo detrás de mi oreja para disimular la ansiedad, aunque no sé si con eficacia. 

- Soy Alexis, Psicóloga del Hospital. Tome asiento Sr. Hard -dije, con el corazón a mil por hora.

Creí que iba a desmayarme. De seguro, no tendría más de treinta y seis años.

Era la primera vez en mi vida que tenía un hombre adulto, apuesto y sofisticado sentado en mi oficina. El más atractivo que había visto jamás. 



                                                                        ****


Durante el viaje a casa, desperté con el mensaje del metro que nombraba la estación en la que debía bajarme. Recién ahí me di cuenta de que, a pesar de haber abierto el libro de Kate Morton, El Jardín Olvidado, no había leído ninguna página. Mi cabeza andaba en cualquier parte. No, en cualquiera no. En Colin. Algo extraño me provocaba su mirada, como si pudiera traspasarme y dejar mi cuerpo completamente al descubierto. 

Caminé al departamento y cuando llegué, Susana estaba besándose con un sujeto en la puerta. 

Quién será su nueva víctima...

- ¡Ay!, hola Ali... este es ... un amigo -me dijo colorada de la vergüenza.

- Pedro -agregó él-. Llámame más tarde bonita. 

Yo sólo suspiré. Susana traía nada más que una sudadera blanca y el pelo todo desordenado. Era obvio que habían cogido de lo lindo. 

- ¿Qué tal tu día Ali? ¿Quieres un café? Voy a hacerme uno -me dijo.

- ¡Ali!, te estoy hablando -añadió.

Para variar yo seguía en un universo paralelo.

- ¡Perdón! ¿Qué me estabas diciendo? -respondí.

- Que si querías un café porque yo voy a hacerme uno.

- Claro, gracias.

- Y entonces, ¿cómo te fue? -me preguntó Susana.

- Ocurrió algo de lo más extraño. Tuve un paciente nuevo, y creo que algo me pasó...

- ¿Cómo algo? 

- Sí, no sabría cómo describírtelo. Le pregunté en qué podía ayudarle, al igual que a cada uno de mis pacientes, y él sólo me respondió con la misma pregunta; ¿En qué crees que podrías ayudarme, Srta. Wembritte?. 

- Y, ¿qué le dijiste?

- No sé, fue todo muy loco. Hubo más silencios que palabras, y sentí que todo el tiempo me estudiaba. De a ratos esbozaba una sonrisa y se le formaba un hoyuelo en el rostro que era totalmente sexy. Tenía sus dedos en los labios, con actitud misteriosa e investigativa. Me contó que trabajaba en una empresa de valores, que hacía caridad y que tenía intenciones de viajar a Barcelona pronto. Y al final, cuando adivinó mi confusión, obtuvo de encima del escritorio una de mis tarjetas de visita, la guardó en su chaqueta y me dijo que esperaba que yo pudiera ayudarlo, pero realmente no pude saber en qué. Luego estrechó mi mano y se fue, con una ola de misterio detrás de sus talones.

-¡Ay, amiga! Te gustó, ¡¿no es verdad?!

Mientras pensaba en cómo formular una respuesta a esa pregunta, sonó mi celular. El tono de Sweet Disposition, acusaba una llamada de Borja. 

- ¡Salvada por la campana amiga! Pero no te vas a librar de mí -rió Susana.

- Hola nena -saludó Borja-. ¿Cómo estás? ¿Cómo te fue con tus pacientes?

- Bien cariño, todo en orden por aquí. ¿Y tu audiencia? -pregunté desviando la tensión.

- Larga y aburrida. Aunque ni te imaginas el poco profesionalismo de la psicóloga que está representando a la otra parte. Está claramente sesgada y comprada por el padre. Presentó un informe donde habla maravillas de él y pestes de la madre, lo cual es un error total. Por suerte la perito a cargo no se lo creyó, y está investigando sobre los tratamientos terapéuticos previos del niño para verificar información. La familia está echa un caos eso sí. Mi cliente con unos niveles de angustia por los cielos y el padre da su imagen de figura modelo cual pavo real, cuando todos sabemos que no lo es. 

Toda la conversación de Borja era un momento más en blanco de mi día. Como esa escena de Snoopy en que la profesora le habla a Charlie Brown y él sólo oye sonidos sin ningún contenido. 

- ¿Tú crees que se pueda? -añadió Borja.

- ¿Qué cosa?

- Hacer lo que te pregunté nena... -comentó un tanto irritado-. No me estás escuchando, ¿verdad?

- Discúlpame, me perdí en la última parte -respondí avergonzada para salir del paso.

- Bueno, no te preocupes. Te llamaba porque te echo de menos. Mucho. Y me preguntaba si querrías comer conmigo... dormir juntos hoy...

Silencio, infinito silencio.

- Nena, ¿estás ahí? -agregó.

Por un momento tuve muchas ganas de decirle que sí, y hacer el amor con él toda la noche. Sin embargo, de mi boca sólo pudieron salir dos palabras.

- No, cariño.

- ¿Cómo no? -preguntó sorprendido.

- Me refiero a que hoy no puedo. 



(Continuará).

martes, 23 de agosto de 2016

Sol de invierno (2)

"Cae la lluvia cae y no perdona,
te imagino ahora, solo como yo.
Tal vez, me debo acostumbrar
a hablar con el silencio, la oscuridad".
(Más de la mitad - Camila Gallardo)

¿Será así? ¿Será que eso necesitamos para saber que estamos vivos? ¿El sufrimiento? ¿El dolor?

Tengo tu mentira atragantada,
Y una noche larga, desafiándome.

De a ratos pienso que la distancia está normalizada, y que poco a poco voy olvidando lo que era una sonrisa tuya, como un café con malicia durante una conversación hasta al amanecer. Se van diluyendo las caricias, y ese beso en la clavícula que sólo me pertenecía a mí. Me he quedado con el puto sol de invierno y sus miles de kilómetros, entre mis manos y las tuyas. Quiero que me quieras, como una guirnalda de luces de navidad que nunca muere. Quiero dejar de pedírtelo y que vuelvas a mirarme más adentro (o más al fondo) de mi cuerpo, deseando cada una de nuestras complicidades multiplicadas por sí mismas. Y sin embargo, me espera otra noche larga, larga de observar pasar las horas, de que estás y no te tengo, de que no me ves. Toda la noche oscura, larga y la nieve hasta atragantarme.

lunes, 22 de agosto de 2016

Te pido que me quieras

Te pido que me quieras,
como se quiere a un mar desbocado en pleno en invierno,
como se quiere a un relámpago cayendo en medio de la lluvia,
como se quiere a los caballos salvajes que corren libres por la pradera,
así te pido que me ames,
sin descanso ni a mitades
sino que con todo el universo estallando en mil pedazos.

Te pido que me quieras,
con cada porción de oscuridad que talla mi sílex,
con cada centímetro de impredictibilidad,
con cada fragilidad que rodea las partes de mi cuerpo,
así te pido que me ames,
sin tregua ni condiciones,
sino que con todo el universo lanzándose al vacío.

Te pido que me quieras,
que me des la siesta de verano bajo el sol,
y al mismo tiempo el huracán que arrasa mis sentidos,
que me des la mano para caminar juntos,
y al mismo tiempo el desenfreno que pide por tu nombre,
así te pido que me quieras,
sin porcentajes ni censuras,
sino que con todo el universo renaciendo como un fénix.

viernes, 19 de agosto de 2016

Explosión


"Mi forma de tocarte te hará caer al suelo y en el suelo yo estaré esperándote".
(Pablo Fidalgo Lareo)

Si algo he podido descubrir en el último tiempo, es que a veces, esa luna llena, grande y amarilla, como la que pude ver ayer, justo antes de que amaneciera en mi camino al trabajo, esa esfera infinita, sabe mucho más de mí que yo misma. Por las noches la veo escrutarme desde el rabillo del ojo, como diciéndome que conoce mi impaciencia, la furia, lo salvaje y lo intranquilo. Que puede palpar cada una de ellas y traspasarme. ¡Qué descaro! Y al mismo tiempo, es justo eso lo que hace que de cuando en cuando me de miedo su híper vigilancia, y esa actitud engreída cuando me mira, como diciéndome "te lo dije". ¿Qué me dijiste? ¿Qué la vida no se trata de frases tontas y cursilerías? Bah, si eso ya lo sabía yo. Muy a mi pesar, claro. Pues ojalá cada momento estuviera compuesto de lírica. Ojalá cada sentimiento de melancolía fuese acompañado de una melodía de Amélie tocada en piano. Ojalá cada sensación de esperanza y valentía la redondeara un violín de Concerning Hobbits. Ojalá cada día hubiese un Pablo Fidalgo, Mario Benedetti, Julio Cortázar, etc, susurrándote al oído y haciéndote sentir que hasta el amor en sí mismo puede ser imperecedero. Que sólo basta una caricia para llevarte al cielo. Que sólo basta el romance para llenar la vida de poesía. Claro, absolutamente cursi, ¿verdad? Más, aquellos que vivimos de lo elevado, de lo intenso, de la pulsión rugiente, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo vivimos sin sentir que morimos a cada segundo? Que al morir entregamos todo y volvemos a renacer. Que no se puede amar sin caerse al vacío. Que no se puede vivir si no es con todos los sentidos y alientos en una hermosa explosión. Algo de misterio debe haber, algo de magia. Si no, no entendería por qué eso indómito, eso oscuro, es atractivo. No entendería por qué, mis propios dedos no pueden parar de agitarse y de anhelar algo que no existe. 

domingo, 7 de febrero de 2016

One Hundred Times Deeper (IV)

Capítulo IV

Estiró su brazo hacia la almohada de Borja y estaba vacía. 
Claro, eran las 10 de la mañana y de seguro su guapísimo novio ya se encontraría en la oficina. Entonces, se retorció un poco más dentro de las sábanas cual gato de circo, contornéandose y peleando con sus propias ganas de no levantarse. 

¡No puedo ser tan floja!

Y con ese pensamiento se rindió a la cruda realidad. Se sacó la camiseta que Borja le había prestado para dormir en su casa y caminó a la ducha. Todavía podía sentir su aroma en ella; el perfume azul de Hugo Boss

Se estremeció. 

De sólo pensar en su olor se le vino a la mente sus besos de chocolate haciéndole palidecer de placer. Sus manos tocando sus pechos, su lengua vibrando por la piel. El sudor de sus cuerpos acoplándose como una sola gota de frenesí. 

Abrió la llave de agua caliente y la dejó deslizarse sobre ella. Mientras cada gota pintaba su lienzo quizo apoyar sus manos allá abajo, en ese universo de sensaciones. Quizo sucumbir a la tentación de un nuevo orgasmo con el rostro de Borja adorando sus caderas.

Agua helada, helada como hielo. Eso es lo que necesito.

Y resoplando después de aquel injusto castigo de su Superyó, decidió que vestirse rápido e ir a su departamento era la mejor decisión del día. 

Una vez allí, cogió la tenida de deporte y caminó al gimnasio. Con certeza, una media hora de elíptica más sus clásicos ejercicios de musculatura no le vendrían nada de mal para desviar las pasiones. Y con el iPod sintonizado en Glory Box de Portishead, amarró los cordones de sus zapatillas favoritas y comenzó a correr en la elíptica como si estuviera en una maratón. 

Para ser bella hay que ver estrellas.

Luego, regresó al departamento para almorzar y se encontró con Susana subiendo el ascensor. 

- Vaya hora para aparecer... -le dijo Susana con tono de reproche.

Fue ahí cuando recordó que habían quedado para salir.
¡Qué idiota!

- ¡Ay lo siento! -le respondió Alexis muerta de vergüenza. 

- Bueno, bueno, ya está. Si fue por un polvo te lo perdono.

Alexis no pude más que sonreír.

- El mejor. 

- Cuéntamelo todo. ¡Te lo exijo! -le reclamó.

Susana tenía una cualidad que a su juicio era envidiable; la de pasar de un chico a otro sin hacerse malos rollos ni caldos de cabeza. Desde la universidad, Alexis creía que podía recordarle unos siete novios por lo bajo, novios a los que siempre les pillaba algún pero y de los cuales no se demoraba ni un segundo en despachar para pasar al siguiente. Siempre divertida, osada, un tanto excéntrica y algo loca, iba de bar casi todas las noches de los viernes, y cada vez aparecía con un sujeto nuevo en la cama. Realmente, Alexis la admiraba, pues ella, con sus lecciones y costumbres, le parecía impensado traerse un desconocido a casa, y menos ponérselo tan fácil, ahí en bandejilla de plata. No, su rollo era estresarse, tomarse su tiempo y hacerlos sufrir. 

Si quiere celeste, que le cueste.

Una cosa tan sagrada no puede entregarse así no más. O al menos eso siempre le había dicho su Superyó.


                                                                        ****


Alrededor de las 14:15 llegó al hospital. Iba con sus audífonos escuchando una de sus canciones favoritas del momento; Electric love de Børns, y con la vista totalmente perdida en unas nubes grises que tenían cara de traer un aguacero. 

Si seré desastre, ¿por qué nunca traigo paraguas?

Avanzó a paso rápido por el hall de entrada hasta llegar a la recepción, y entonces vio de nuevo a la mosca muerta de Lorena, haciéndose la linda con el jefe. 

¡Qué zorra!

En ese momento, el Dr. Fernández dejó de atender a Lorena y depositó esa mirada suya, inquisitiva y profunda en Alexis. Muy nerviosa, giró la cabeza para adelante y continuó caminando hacia el box de atención como si fuera invisible para él.

Dejó su MacBook en el escritorio, acomodó sus carpetas y se puso el delantal del área de Psicología. En eso, unos golpecitos en la puerta le sorprendieron en sus labores.

- ¿Puedo pasar?

La cara de Ramiro se asomó desde una esquina, con sus cabellos medios despeinados y ese fruto de adán anguloso en su cuello.

- Por supuesto Doctor. Adelante -señaló Alexis temerosa.

- Dime Ramiro, Alexis. Sabes que no me gusta que me traten de Dr. Es demasiado formal, más aún cuando estamos entre colegas.

No supo qué contestar, pero de seguro debe haberse ruborizado desde los pies a la cabeza. Era la primera vez que Ramiro le llamaba por su nombre. 

- Me fijé que estabas un tanto distraída en la reunión de ayer, y por lo mismo, quería conversar contigo acerca de tus prioridades. Como sabrás, este es un Hospital de gran tradición y excelencia, y nos gusta que las personas que trabajan aquí tengan su cien por ciento puesto sobre la mesa. Que estén dispuestas a entregarlo todo, ¿me doy a entender? - le dijo con una seriedad en su mirada que Alexis no supo muy bien cómo descifrar.

- Claro Doct... Ramiro. Y quiero asegurarle que mi cabeza está totalmente puesta en este trabajo.

- Bien, así me gusta -agregó-. No te molesto más. Hasta luego.

Cuando Ramiro abandonó su oficina, se quedó con un mar de confusión. No sabía si sentirse absolutamente fatal por aquel llamado de atención a su mal desempeño, o si algo más había querido decirle entre líneas.

Y justo cuando su mente divagaba en preocupación, sonó el pitido del WhatsApp.

[Que te vaya increíble con tus pacientes. 
Eres la psicóloga más hermosa del mundo.
Sí, porque eres mía. 
Y yo, el hombre más afortunado de ser tu novio.
Besos guapa :)]
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Borja siempre decía justo lo que necesitaba oír, en el momento exacto.
Mi novio es lo más guay del planeta.

Alexis era perfectamente consciente de que algunas veces cada uno podía estar en lo suyo, o que tal vez no siempre perseguían los mismos objetivos. Incluso, que en ciertos momentos era fácil discutir con él por sus bajas aspiraciones para sí mismo. También, Alexis sabía que algunas veces hacían el amor y que él se quedaba tumbado lleno de satisfacción mientras que ella... pero cuando esas ideas le rondaban, casi siempre prefería distraerse pensando que es su novio, y que le quiere. 
Es dulce, se preocupa por mí, es...

Suena el timbre del teléfono.
Eso quiere decir que ha llegado su paciente de las 15:00. Martín. 

Martín es un chico de catorce años. De pelo moreno y ojos verdes. Tiene un pierceng en los labios, una extensión en su oreja derecha y rabia...¡vamos que a por borbollones! Su padre se ha ido de casa hace seis meses, cambiando a su madre por una modelo 0 kilómetros de veintitrés, con tetas de silicona, que conoció en la clase de spinning. Y, hostias que esto lo tiene todo jodido. Su madre no hace más que llorar por los pasillos dando lástima, lo que lo encabrona aún más, y sus compañeros de clase lo han metido en el mundo de la marihuana, situación por la que lo ha derivado su profesora. Le han pillado fumando en los baños del insti.

Hoy es su octava sesión.

- Hola Martín, ¿cómo estás? -le saluda Alexis.

- Pues de maravilla, ¿no te jode? -le responde con su sarcasmo tan adorable y acostumbrado. 

El tiempo de consulta se le pasa como un partido de fútbol en empate, lento y sin demasiada emoción. Más le tiene entusiasmada conocer a su paciente nuevo, para el cual obviamente ya tiene impresa y en blanco la ficha de atención en su debida carpeta verde. Ese es el color de la papelería que utiliza el Hospital.

Alexis se siente idiotamente orgullosa de sí misma.

Cada vez que llega un paciente nuevo, generalmente son los psicólogos del Hospital los que hacen las derivaciones al resto del equipo. Alexis supone que evalúan quién es mejor para cada caso, y tomando en cuenta las especializaciones de cada uno y las confianzas depositadas, eligen a quién dárselo. Cuando la secretaria le llamó para avisarle de este nuevo paciente, no daba crédito a lo que le decía porque creyó que después de su bochornosa performance, los jefes no querrían verle ni de coña. 
No obstante, este paciente había solicitado una hora con ella directamente a la secretaria. Es decir, no había habido ninguna derivación interna. Y lo más raro era que hoy, cuando Alexis había revisado la agenda para ver de quién se trataba, no aparecía ningún dato de él, excepto su nombre.

Colin Hard. 


(Continuará). 

Take me, naked and yours

Cuando siento tu lengua voraz entre los pistilos de mi flor, y esa llama me inunda desde mis neuronas hasta el último cosquilleo de mis caderas, ahí, justo en ese universo, encuentro tu amor subiendo y descendiendo como una melodía frenética pero firme y sólida, con sabor a miel. Cuando siento tus labios ganándole la guerra a mi clavícula, y tus piernas apoderarse de mi nombre, justo ahí, todo lo mío es tuyo, sin reservas. Lo entrego sin preguntas, inclusive, cada uno de mis suspiros y cada uno de mis gritos por tu cuerpo. En ese momento exacto, sólo sé llamarte en mil idiomas para una sola cosa: que me tomes y hagas tuyo cada uno de mis temblorosos centímetros, sí, hasta que mi boca suelte sus amarras  y no resista decirte, que te adora en demasía.

jueves, 4 de febrero de 2016

Running (2)

Hoy volví a correr hasta consumirme. Me puse las zapatillas, mi tenida deportiva y los audífonos, mientras Unsteady de X-Ambassadors comenzaba lentamente a escucharse en mis oídos, en mi cabeza. Es otro día nublado en la playa. Nublado como mis sentimientos. Nublado como mi soledad. Nublado como mi tristeza. Sujeto mi pelo en un moño y me pongo a correr. Quiero correr hasta que no quede nada dentro. Hasta que mi rodilla no pueda más. Hasta que mi cuerpo esté adolorido, y eso duela más que lo que me pesa en lo profundo. ¿Cómo llegué hasta aquí?, me digo. Es difícil precisar en qué minuto se fue todo tan a la cresta; el romance de película, el compañerismo, las ilusiones, las alegrías. Porque ahora me voy a dormir con lágrimas en los ojos y una almohada vacía, y eso lastima hasta el alma. ¿Quién arrastró a quién?, repito la pregunta en mi mente. Suena mucho más fuerte en mi cabeza que cuando lo dije. Suena fuerte porque no es lo que imaginaba. No pensé que llegaríamos a este punto. A estos silencios tan abundantes como hormigas. Y entonces mis oídos se quedan inundados con Breakeven de The Script. Porque sientes que estás vivo pero apenas, que casi no respiras. Estoy cansada, me digo. Pero sigo corriendo sin parar. Hasta consumirme. What am I supposed to do when the best part of me was always you? What am I supposed to say when I'm all choked up and you're ok? Sigo y sigo corriendo, pero ningún centímetro de mi cuerpo duele más que esto. Y entonces, decido parar. De nada vale continuar si este puto fuego no se apaga. 

martes, 2 de febrero de 2016

Sol de invierno

It's better to feel pain,
than nothing at all...
(Stubborn Love - The Lumineers)

¿Será así? ¿Será que eso necesitamos para saber que estamos vivos? ¿El sufrimiento? ¿El dolor?

So pay attention now,
I'm standing on your porch screaming out.

De a ratos pienso que es difícil, que no logras ver dentro de mí, que no me oyes, que no me ves. Y los días pasan, uno detrás de otro como el puto sol de invierno, ese que te planta la ilusión de calor para luego dejarte a merced del frío de la noche. Una estrella fugaz, pero al fin y al cabo un engaño. Y entonces te quedas con más de lo mismo. Más y más de la misma miseria, más y más de los mismos "fingires", más y más de verte a la cara y no tener nada para decirte. Nada que pueda hacernos salir de esta boca de lobo, de esta puta distancia y sus miles de kilómetros.

jueves, 28 de enero de 2016

De sentirse miserable y más...

Cuando las cosas no salen como habías pensado, cuando todo lo que te dijeron que debías tener o alcanzar para ser feliz no es suficiente, se me viene una palabra a la cabeza: (sentirse) miserable. Porque te esfuerzas y no resulta, porque le pones ganas y ni una pizca de emoción te provoca, porque quieres irte lejos y que todo se acabe, porque vas quedándote solo con todo lo que sientes, porque quieres llorar a gritos y en vez de eso entregas sonrisas flameantes, porque empiezas a mentirle a todo el mundo cuando lo que en realidad sientes, es profundamente miserable. Sí, como una gran boca de lobo, oscura y solitaria. Una que viene para tragarte completo sin que ni siquiera alcances a pestañear. O tal vez incluso deseando caer de una buena vez, para así pasar el trago amargo más rápido, o qué se yo. Sí, el peor afecto del mundo es sentir que finges. Cuando finges que estás a gusto y no lo estás, cuando finges que estás feliz y no lo estás, cuando finges para tener contentos a otros, cuando finges para que los demás no se sientan mal o para no herirlos. Se convierte en un gran saco de "fingires" que parecieran no tener fondo ni término, pero que sin duda consumen por dentro, segundo tras segundo. Hoy llego a casa de una fiesta y siento que engañé a todo el mundo, que de a ratos intenté engañarme a mí misma también. No me resultó. Y me voy a dormir con el pecho apretado, apretado de todo lo que siento en silencio, de mi miseria (que probablemente comparada con la de un niño sin madre y hambriento en África, es un juego de críos, pero así y todo es mí miseria). Me voy a dormir con la sensación de que esto no era para lo que yo me apunté. 

sábado, 23 de enero de 2016

Thank you for leaving

A ti. Gracias por dejarme ir.

Gracias por permitir que cada uno pudiera encontrar el amor de su vida, seguir adelante, conseguir sus sueños, buscar la felicidad. Sé que no fue fácil. Sé que durante mucho tiempo estabas ahí, a la espera de retomar lo nuestro, a la espera de una señal favorable, una que no llegaba y que nunca llegó.

Lo siento mucho, pero pienso que estamos mejor así. 

Soy de la creencia de que al mundo venimos solos y nos vamos solos. Y en este transitar por la vida, nuestro camino se junta con personas que son especiales por diferentes razones, por determinados momentos, circunstancias o necesidades. Incluso, porque el cosmos así lo ha querido. De esta forma, aparecen y conocemos amigos que dejan una huella tan profunda en nosotros que se quedan para siempre en nuestra senda y vamos creciendo codo a codo con ellos, y otros, que sólo lo serán por un período de tiempo. Nos acompañamos brevemente durante un viaje, durante la universidad o mientras éramos parte de la misma liga de fútbol, etc, pero luego, cada uno sigue con lo suyo. Lo mismo ocurre con los amores supongo. Hay amores que pasan a serlo todo, que lo abarcan todo de manera tan maravillosa e imperecedera, que es imposible no continuar de la mano con esa persona, queriendo explotar y consumirse con ella por el resto de la vida. Y también hay otros amores que llegarán para irse. Eso no significa que sean menos importantes, sino que los caminos no debían estar juntos. Y punto.

Eso nos ocurrió a nosotros. 

No puedo decir que me arrepiento de lo que vivimos, sería injusto. Pero sí, ahora que uno mira las cosas con distancia, creo que tú fuiste una persona que necesitaba en un momento, y desde ahí ayudaste a formar características de mí, decisiones que tomé, elecciones que hice, pero nada más. Éramos en extremo incompatibles. Éramos demasiado diferentes para que un amor así pudiese perdurar. Miro con tristeza algunas cosas que no pude comprender antes, cosas que debí soltar y no lo hice. Cosas que debí decir y no lo hice. Cosas que debí mirar y no lo hice. Me da vergüenza hasta dónde tuvimos que llegar y cómo de cierta forma permití que te enamoraras tanto de mí como para quedar tan atropellado en el camino. Por eso, te pido perdón.

Hoy, doy gracias también, por dejarte ir. Sé que así no nos hacemos daño. Sé que así, hay más cosas buenas que esperar de la vida. Hoy sé que todo fue para mejor. Sé que de alguna manera el universo tiene a alguien especial pensado para ti.

Lo sé porque yo encontré a la mía.

Y porque el mundo se pintó de todos colores a partir de ese día. Hoy construyo familia, planto amor todos los días, siento que existo, que brillo, que floto y florezco. Un sentimiento así debe existir para todos los mortales de esta tierra. Estoy segura.

viernes, 8 de enero de 2016

Let's can't sleep together (2)

Porque cada vez que me miras y te leo, que me acoplo a tu sonrisa, que jugamos bajo las estrellas, que creamos la mejor de las películas, que sólo hablamos incluso en los silencios, hacemos el amor.