Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 27 de mayo de 2013

Day 1

S: I just... I just woke up one day and I knew.

T: Knew what?

S: ...What I was never sure of with you.

This is a story of boy meets girl, but you should know upfront, this is not a love story.
(500 days of Summer)

Y aquí viene... el efecto de-mayo-a-agosto. Porque cuando estás en una relación, ves solteros felices. Cuando estás soltero, ves parejas felices. Y cuando no te propones nada, aparece. La persona que te quiere cuando tú no estás disponible. O el sujeto interesante que no te lo pareció en ese momento. O el amigo que te tiene ganas desde hace algún tiempo cuando tú no te das cuenta. Todo eso pasa. Luego cae la lluvia, desde los primeros chubascos hasta los aguaceros que se llevan todas las hojas secas. Y entonces, un día, cuando sigues sin proponértelo, algo nuevo aparece. Las calles están despejadas, el aire es menos denso, y el sol ilumina lo suficiente como para abrir los ojos y dejarlo entrar.

sábado, 25 de mayo de 2013

One Hundred Times Deeper (II)

Capítulo II

- ¡Hola nena! Sube rápido que estoy parando el tráfico.

Con sus tacones mojados hasta los tobillos, Alexis lanzó las carpetas al piso y se sentó a toda velocidad en el asiento delantero del Chevrolet Sail color gris plata de su novio. Tenía la calefacción encendida, por lo que no se demoró nada en colocar sus pies en la rendija del aire acondicionado y así secar sus medias. Luego, dio media vuelta y se quedó mirando fijamente por el espejo trasero del coche hasta que la voz de Borja le devolvió al planeta tierra.

- ¿Qué pasa? ¿Qué miras?

- Hace un rato, ¿viste un Mercedes negro allí atrás? -respondió.

- ¿Cuál mercedes? -preguntó Borja con cara de interrogación.

- El que estaba allá, al costado de la calzada. Tenía vidrios polarizados. Me pareció por un momento... que...

- ¿Qué cosa? -le interrumpió.

- No, nada. No importa -contestó Alexis.

- ¿Segura?

- Sí. Oye, cuéntame cómo estuvo la reunión con tu jefe.

Distracción. Esa era su arma secreta para evadir conversaciones. Las personas no suelen darse cuenta de que cuando les preguntas algo referido a sus vidas, se les olvida lo que estaban hablando antes y entonces, dejan el tema de lado.

¡Bien por mí!

- Bastante agitada. Entró una causa nueva en el bufete y se ve difícil. Una señora presentó una demanda contra su marido para sacarlo de la casa y proteger a sus hijos, pero después de veintisiete años de matrimonio donde no existían antecedentes de denuncias o maltrato. Es obvio que va a pedir la pensión de alimentos. Y la cuestión es, que el demandado presentó documentos legales de que está asistiendo a psicoterapia y un informe de una psicóloga que poco menos decía que el señor tenía problemas y que era un peligro si se le expulsaba del hogar. Y la jueza parece que cayó redonda en esta artimaña. 

La larga fila de automóviles a esa hora era insoportable. 

¿Cómo es posible que esta ciudad esté tan saturada? 

El limpia parabrisas del coche iba y venía, de izquierda a derecha barriendo la intensa lluvia del vidrio y una leve Florence + The Machine con su canción Dog days are over, sonaba en la radio. Sus dedos habían recuperado su calor normal y por alguna razón, algo le tenía un tanto inquieta.

- Después... -continuó Borja. 
No recordaba la última vez que había estado tan conversador. O quizás, eso sentía Alexis por estar con la cabeza en cualquier parte.

- Revisaron las causas de cada uno en conjunto y quedó la cagada. ¿Te acuerdas que te conté de Mike? El compañero nuevo que llegó hace 4 meses. Bueno, finalmente, tras todas las chorradas que hizo, el jefe lo encaró ante todos los compañeros. Fue muy humillante. Pero eso no es todo. De repente, Mike se levanta de la silla, le lanza las carpetas al jefe prácticamente a la cara y le grita: "Eres un jodido hijo de puta". Ya te podrás imaginar el rostro de todos. Para qué decir la de Raimundo. Cien por ciento incómodo porque estábamos todos callados mirándolos, como esperando por saber qué iba a pasar a continuación. La cosa es que Raimundo se levanta también, onda indignado y le dice: "Estás despedido". En eso, Mike toma sus cosas, avanza a la puerta y le responde: "Un carajo tu despido. Yo renuncio". Y se fue. Así nada más. Obvio que con tal escándalo la reunión no iba a seguir, por lo que cada uno se fue casi en puntillas a sus respectivas oficinas. De locos, ¿no crees?

- ¿Ah? -señaló Alexis-. Ah... sí, qué loco. 
No le había escuchado ninguna palabra. 

- Ya estamos casi llegando a tu casa.

- ¿A la mía? Yo pensé que íbamos a la tuya -contestó.
Hace pucheros internamente.

- Bueno, no me cuesta nada cambiar de ruta -agregó Borja guiñándole el ojo. 

Alexis conocía esa mirada muy bien. Significaba travesuras y felicidad. 
Cada vez que querían estar juntos, preferían el departamento de su novio dado que Susana, su mejor amiga y compañera de piso, siempre tendía a interrumpir sus momentos de privacidad.


                                                        ****


- ¿Nena? -sintió una voz en su oído-. Te quedaste dormida. Son las 23:15.

El brazo de Borja bordeando su cintura emanaba un calor indescriptible, pero dulce. Cuando abrió los ojos, estaba apoyada sobre su hombro mientras él miraba la televisión a un volumen casi audible. Ambos estaban desnudos bajo las sábanas y su cabello olía profundamente bien, como una mezcla de recién cogido y a jabón.

- ¿Quieres pasar la noche aquí? -preguntó.

- Me encantaría amor, pero ya es muy tarde y tengo que trabajar en el caso que presentaré en la supervisión de mañana -respondió Alexis sin querer moverse de su costado.

- Bueno, como quieras. Me visto y te voy a dejar.

- No, no te preocupes -contestó al tiempo que tomaba su ropa y se la ponía. -Además, no creo que esto quiera enfriarse -señaló mientras acariciaba su miembro.
Borja hizo una mueca de placer.

- Si sigues... no voy a permitir que te vayas -dijo sonriendo juguetonamente.

-Bueno, bueno, me voy -respondió Alexis con una risita. Luego caminó al baño y recogió su despeinado cabello en una cola.

Luzco desastrosamente mal, pero bien cogida. Demasiado bien cogida.


                                                       ****


Cuando Alexis llegó al departamento que compartía con Susana, ella no estaba.

Pequeña traviesa zorra.

Susana era su mejor amiga desde la universidad. Se conocieron en primer año de psicología y se volvieron inseparables casi automáticamente. Inteligente, perpicaz, simpática y rubia, Susana era la chica codiciada por toda la facultad. Su único tema era que le costaba mantener relaciones estables, quizás, porque era un poco impulsiva y le gustaba en exceso sentir adrenalina. Hasta el momento, sus parejas parecían haberla aburrido rápidamente.

Una vez que dejó las llaves sobre el recibidor, Alexis caminó hacia la cocina, encendió la cafetera y se quedó a esperar que estuviera caliente.

Como mi novio.
Sonrió.

Al apagarse el interruptor, se sirvió una taza y fue a su habitación. Tomó su Macbook, se puso el pijama y se acostó en la cama con el setting preparado para la modalidad trabajo-hasta-tarde-mode-on. Después de abrir el programa, comenzó a teclear como si sus dedos estuvieran poseídos.

Datos de Identificación: Esperanza
Fecha de Nacimiento: 7 de Enero de 2005
Edad: 8 años
Curso: 3º Básico, Colegio Saint Marcus
Motivo de consulta: El colegio solicita a los padres la interconsulta, 
dado que observan a Esperanza con excesiva labilidad emocional, 
desajuste conductual...
----------------------------------------------------------------------


(Continuará).

miércoles, 15 de mayo de 2013

Inside (II)

Como gota de lluvia, bajando
lenta, suave
y traviesa hasta el centro,
lamiendo vibraciones,
adorando lo sinuoso en demasía, luego
seguir cayendo y cayendo
a la hendidura más secreta,
lo oscuro y suplicante
de la flor, entreabierta.

domingo, 12 de mayo de 2013

One Hundred Times Deeper

Capítulo I

Tercer día en su nuevo trabajo.

Quiero que sea fin de semana. Quiero que sea fin de semana. 

Se lo recita a sí misma varias veces, pensando que quizás logre hacer que el día viernes se adelante un poco. Frunce el ceño. Al ver su rostro en el vidrio de la oficina se percata de que está bastante cansada por las líneas violetas debajo de sus ojos, y el cabello ya no se ve tan hermosamente peinado como en la mañana, cuando se esforzó por dejarlo amarrado en una cola.

Quiero que sean las seis. Quiero que sean las seis. 

Mira el reloj MontBlanc de acero y diamantes que le regaló su novio para el día de la titulación y se dibuja una sonrisa boba en su cara. Al pobre le debe haber costado el sueldo de un año. O quizás más. Le dijo que era demasiado, pero no le permitió devolvérselo. Vuelve a mirar el reloj, ahora con plena concentración. Son las 16:30. Después de todo, no falta tanto para salir del trabajo. 

Ha pasado un mes desde que consiguió la entrevista en el Hospital Psiquiátrico.
Cuando llegó a la reunión a las 8:15, una amable señora rondando sus cincuenta, de pelo rojizo y uniforme color lila, le hizo pasar a una sala de estar y le señaló que se sentara en un viejo y roído sillón de tela. Se acomodó sobre los cojines y sacó el iPhone de su cartera. Su novio le había dejado un mensaje de buena suerte. Hace click en la pantalla y luego de teclear el código de acceso, entra al WhatsApp sin problemas.


[Espero que tengas un lindo día y que te vaya muy bien en la entrevista.
Eres la mejor, así que estoy seguro que conseguirás el trabajo.
Llámame apenas salgas.
Un beso. Te amo.]
-------------------------------------------------------------------

Se sonroja.
Tengo mucha suerte de que sea mi novio.

Aprieta la tecla para escribir y le envía un mensaje de vuelta. Mira la hora en el móvil. Son las 8:27. Levanta la vista hacia la secretaria y la ve a través de sus lentes con el rostro atento a la computadora, sin embargo, esta parece no advertir que ella le está echando el ojo. Le impresiona la velocidad con la que digita en el teclado y al mismo tiempo, se pregunta si la entrevista comenzará pronto. Está comenzando a ponerse nerviosa y las manos le sudan. Para distraer la típica ansiedad que le viene con estas situaciones, opta por observar la sala en la que está; está pintada de un gris claro, el suelo alfombrado en un tono azul marino y no recibe demasiada luz, dado que sólo consta de una pequeña ventana. En la pared lateral hay varias fotografías (de lo que deduce serán los directores que han ostentado ese cargo a lo largo de la historia), y al costado de ellas una estantería de libros cubierta por correderas de vidrio. Finalmente, puede ver algunos maceteros con plantas y tres puertas. Una de ellas está abierta y desde ahí es que puede ver a la secretaria, y las otras dos están cerradas. Cuando se le acaba el paisaje, vuelve a su móvil. 8:48.

Qué más puedo esperar del sistema público, todo funciona como la mierda. 

Entra a su casilla de correos y contesta algunos que recibió ayer. Después decide revisar un rato su Facebook, aunque como es tan temprano, no parece haber nada entretenido. Justo cuando depositaba su iPhone devuelta en la bolsa, oye unos tacones al interior de una de las oficinas y luego la puerta se abre.

Por favor que me toque a mí.

- ¿Srta. Wembritte? -preguntó una mujer esbelta de un 1,70, cabellos rubios y ojos azules. Probablemente tendría alrededor de cuarenta y dos años.

- Yo soy -señaló ella. Aunque tampoco hubiese podido ser nadie más, dado que se encontraba sola en esa habitación.

- Pase adelante -agregó la mujer con un delicado gesto de su mano. Para ser tan alta y esbelta, su vestuario no le ayudaba a sacar partido a su cuerpo. No, definitivamente no. Traía una chaqueta de lino negro bastante ancha y una falda color burdeo hasta más abajo de las rodillas, lo que en conjunto no dejaba entrever ninguna de sus curvas.

Caminó rápidamente hasta la oficina y se volvió a sentar donde la mujer le indicó.

- Gracias -agregó.

- Alexis, ¿verdad? -preguntó la mujer. Ella asintió.

-Mi nombre es Estefanía, soy psiquiatra y la persona encargada de la incorporación de nuevo personal al staff. Revisé tu currículum y me gustaría que pudieras partir contándome un poco más de ti -añadió.

- Bueno, como dice mi currículum soy psicóloga junguiana con especialización en el área infanto juvenil. Me caracterizo por ser una persona proactiva, muy responsable, con alta motivación de aprendizaje y desarrollo profesional. Uno de mis mayores intereses es poder participar de un equipo de excelencia como el de este Hospital, especialmente porque hasta el momento sólo he trabajado en instituciones de orden privado, y me encantaría poder colaborar a la salud mental pública.

- Cuéntame qué funciones has desempeñado en tus anteriores trabajos y en el que estás actualmente -señaló Estefanía.

45 minutos después, Alexis estaba fuera de la oficina con la sensación de que le había ido relativamente bien en la entrevista. Su poca experiencia en el ámbito público podía jugarle un tanto en contra, pero si miraban sus otras cualidades, podía ser que el trabajo le resultara.


                                                             ****


- ¿Me comunico con la Srta. Alexis Wembritte? -sonó la voz por el auricular del teléfono.

- Sí, habla con ella -contestó.

- Mire, la llamo de parte de la Dra. Estefanía Rusell por el cargo de psicólogo al Hospital. Queríamos comentarle que usted fue seleccionada para el puesto, por lo que deberá venir al Hospital el día miércoles a las 10:00 para comenzar con los trámites de ingreso.

¡Sí! ¡Quedé!. ¡Quedé!.

- Ningún problema. A esa hora estaré. Muchas gracias -respondió Alexis saltando y bailando de la felicidad.

Después de dos semanas de no recibir noticias del Hospital, Alexis creyó que le habían dado el trabajo a otra persona, pero con este llamado no puede ni alcanzar a describir lo inmensamente contenta que está.

Cuando el día miércoles llegó, a las 9:50 esperaba ansiosamente en la misma sala de paredes grises y alfombra azul marino, para que la secretaria le entregara el papeleo que había que llenar y firmar. Luego, tuvo que esperar alrededor de dos semanas más para que empezara concretamente con su horario de trabajo.


                                                            ****


Quiero que sean las seis. Quiero que sean las seis. 

Se volvió a repetir para que el segundero de su reloj avanzara más rápido. Pero no había caso. Siendo las 16:52, su último paciente del día no tardaría en llegar. Mientras tanto, miró por la ventana de su oficina y reparó en que la fría mañana del 5 de Diciembre ya no era sólo helada, además había comenzado a llover.

¡Maldición!, no traje paraguas.

Frente al desastre que se avecinaba, se le ocurrió la solución perfecta. Cogió su iPhone, apretó el número 1 de sus favoritos y la llamada se marcó inmediatamente.

- ¡Hola amor! ¿Cómo estás? -preguntó Alexis.

- Hola nena, algo ocupado pero bien, ¿y tú?

- Yo bien, muy cansada. Y está lloviendo, ¿te diste cuenta? -le contestó con extrema amabilidad en su voz.

- ¿Eso es un quieres que te pase a buscar? -preguntó su novio riéndose.

Hasta en eso me conoce.

- ¡Por favor!! Salí sin paraguas del departamento.

- Vale. A las 18:30 paso por ti -respondió-. Pero me vas a tener que pagar con muchos besos.

Qué pedazo de novio que tengo. 

-¡¡Gracias amor!! Te daré todo lo que quieras.

- ¿Todo?

- Todo -agregó Alexis con tono burlón.

- Te lo cobraré.

Mi novio es lo máximo.

Cuando conoció a Borja, Alexis estaba en el cumpleaños de un amigo del Universidad. Le pidió a su amiga Susana que le acompañara porque ella sabía que la pesada de Cristina (su eterna rival de la facultad) también estaba invitada, y en el último tiempo, esta sólo se había dedicado a hacerle la vida imposible.

Cuando llegaron a la casa de Víctor, el festejado, inmediatamente se dirigió a su grupo de amigos y se le olvidó que Cristina estaba con sus tropa de meangirls mirándole. Alexis sacó su botella de Vodka, puso hielo en el vaso y luego mezcló la bebida con jugo de naranja. Ama el Vodka. Susana, que estaba de chofer designada, sólo se conformó con el jugo. Comieron, rieron, bailaron, y la noche se hizo cada vez más oscura sin darse cuenta de lo rápido que pasaba el tiempo. Luego, sonó el timbre y ahí fue. 1,80, cabellos morenos, ojos grandes, oscuros y masculinos. Una boca seductora. Un cuerpo que podría haber hecho vibrar a cualquier cadera femenina. Alexis lo miró disimuladamente, como si sólo con la vista fuera posible comérselo de los pies a la cabeza.

Después de cuatro vodkas y medio, el llamado de la naturaleza se hizo presente, así que se encaminó al baño dejando a Susana con el resto del grupo. La puerta del tocador parecía estar cerrada, no obstante, nadie respondía a los golpecitos que le daba a la madera. Así que, sin pensarlo demasiado, tomó la manilla, la giró, y la puerta se abrió con Borja arreglándose el pelo en el espejo y mirándole un tanto enojado.

- ¡Oye! Está ocupado -gritó.

- ¡Perdón!, toqué la puerta y nadie respondía.

- No importa, de todas maneras iba saliendo, es todo tuyo -respondió.

Seguramente, con la influencia de los tragos, y su corazón palpitando al mil por ciento, se acercó de prisa hasta que quedaron cuerpo a cuerpo contra la pared y entonces Alexis le plantó un beso sin pensarlo. Borja se quedó perplejo por un breve momento y luego no se resistió.

Al apartar los labios de los suyos, Alexis se dio cuenta de la estupidez que había cometido y sonrojándose hasta los tobillos echó a correr lo más rápido que pudo.

¡Pero qué demoni....!


                                                           ****


A las 18:12 cogió su cartera y las carpetas, se puso la chaqueta y se despidió del equipo del Hospital.

- Adiós Mónica, nos vemos mañana -dijo Alexis a su mejor amiga del trabajo en el momento en que le daba un abrazo apretado-. ¿Te parece si salimos el viernes a tomarnos algo?

- ¡Me encantaría! Qué buena idea has tenido. Además, me debes una apuesta de Mojitos.

-¡Verdad! -contestó sonriendo-. Con mayor razón entonces hay que salir -le gritó mientras se alejaba del hall principal.

Una vez afuera, Alexis bajó las escaleras hasta la calle y se cubrió la cabeza con sus carpetas para no mojarse.

Odio mi cabello cuando queda indomable por la lluvia. 

Acomodó la cartera y caminó hasta el paradero de buses en el que solía esperar a su novio.

Durante un breve instante, mientras avanzaba por la calzada de granito, sintió que alguien le miraba.


                                                              ****


(Continuará).

sábado, 11 de mayo de 2013

Marrying someone else

Segunda vez. 
Ya casi pareciera una señal.
Me subo al metro, me coloco mis audífonos y empieza a sonar "Girl on Fire" de Alicia Keys.
La música siempre me ayuda a evadirme de la situación -atiborradodegentehastanorespirar- Y del "diminuto" pánico que eso me provoca.
Las puertas se cierran y los vagones corren por el túnel con la luz de los rieles que va quedándose detrás. Las estaciones avanzan. La música también.
Voy distraída, con los libros que cargo bajo el brazo, y canto en voz alta "Kryptonite" de 3 Doors Down sin darme cuenta de que hay más personas a mi alrededor, con mis dedos golpeando rítmicamente mis piernas como si fuera una batería.
De repente levanto la vista al cristal de las puertas y dejo de respirar por un segundo.
Suena la alarma.
Las puertas se cierran. 
Tú estás del otro lado, con tu flequillo despeinado.
Siento que esbozo una pequeña sonrisa.
Tú me miras sin expresión.
Luego el tren se va.
Entonces, suelto el aire contenido y lo recuerdo... te vas a casar con otra.

jueves, 9 de mayo de 2013

Yo te pido: Encargo (II)

No me des tregua, no me perdones nunca. 
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. 
¡No me dejes dormir, no me des paz! 
Entonces ganaré mi reino, 
naceré lentamente. 
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; 
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas. 
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, 
lo que nadie te pide: las espinas hasta el hueso.
Arráncame esta cara infame, oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

(Julio Cortázar - Encargo)

Yo te pido la cáscara y la sombra,
la quietud y la tormenta, en la locura
te pido lo que nadie te pide: mirar la pieza oscura, sus cien tonos
y aprender a querer la espina, la médula, mi miedo.
¡No me dejes dormir, desármame!
Y oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.

lunes, 6 de mayo de 2013

Sundown

Cuando el sol empieza a irse, siempre me baja un poco la nostalgia, más aún si estoy en la oficina. Es una sensación extraña. Algo me pasa que no sé bien cómo describir. Es una especie de ruido interno. Pero no es que tenga hambre (Ja!). Es un ruido distinto. Sólo en estas condiciones lo comienzo a escuchar. Antes, es como si no estuviera. Qué complejo de explicar... una mezcla de melancolía entre cierto falto de aire y encierro corporal. Y cuando suena y se agita, a veces sólo puedo calmar el desasosiego cuando saco fotografías de mi vista, o cuando tomo los lápices que son para los pacientes, y dibujo, o cuando vengo a mis servilletas de papel y escribo algo, no importa si tiene sentido o no. Es como una descarga mediante la producción creativa, el poner afuera, el volcar algo. El sol sigue cayendo. Muy detrás de las montañas. Muy a lo profundo de la tierra. Y entonces mi tarde se hace oscura. Deviene el frío. La oficina se vuelve silenciosa, y talvez es ese mismo silencio, el que se me hace difícil de tolerar.

domingo, 5 de mayo de 2013

My little universe

Mucho ha cambiado en este universo de pequeñas cosas.
Ya no soy la salvadora. Entendí, que la tierra sigue girando.
Que cada cosa tiene su propio curso y ritmo.
Que algunas situaciones no se pueden forzar.
Que a veces se trata de mover y de transformar, y otras sólo de aceptar.
Que no todo resulta como uno quisiera, y que eso está bien también.
Que la vida probablemente me tenga muchos desafíos todavía, y hay que seguir.
Que siempre es bueno buscar, maravillarse, caminar, lanzarse.
Y que mirar positivo siempre será mejor que ocultarse bajo las sábanas.
El invierno se acerca y si yo no me preocupo de generar, nadie lo hará por mí.

Una historia de amor (3)

Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. Un amor que yo creía imperecedero e intocable. Un amor que me esforcé por creer que sería infinito y que podría superar cualquier cosa.
Y esta mañana, cuando me desperté, leí aquella historia con todas sus cartas y vaivenes, y decidí que no voy a mirarla más. Tal amor no pudo ser. Pues era nada más que el amor enamorado de sí mismo, de una idea, de un concepto, no de la persona del personaje.
Sin embargo, también hay que reconocer, que nadie llega porque sí a nuestras historias, y que cada uno de los que transitan por nuestro camino, tienen un rol vital en la etapa de vida en la que nos encontramos. Dejan una importante huella, aún cuando no puedan quedarse a ver el final. La verdad, es que yo aprendí muchas cosas, me enseñaron y ayudaron en otras varias. Me sentí acompañada en un momento que era opaco y me movilizó a querer tener iniciativa en un trayecto que parecía tan difícil. Hoy, si me preguntan, no me arrepiento de nada. En ese entonces, sí creí que era una historia de amor casi sacada de una leyenda. Y como tal, entregué y lo di todo hasta mi último respiro, sin dudas, sin cuestionar, sin tener ninguna certeza de que mi gran historia de amor fuese a perdurar. Y bueno, no lo hizo. 
Lo que sí he podido comenzar a comprender, es que las historias reflejan nuestras necesidades presentes. La mía puso en escena, mis miedos y tormentas. Mostró mi realidad con toda su crudeza. Esa torcida. Esa estacional. Esa solitaria. Esa triste, indomable, apasionada, frágil, enamorada e ingenua, forma de vivir. Y si bien he avanzado en muchos aspectos, todavía hay un pequeño pedacito de cada una de esas características de las cuales me es complicado desligarme, pero también, ¿tengo que hacerlo?
Hoy y ayer escribí una historia. Y a medida que el tiempo sigue corriendo, ya nada me parece tan intocable ni tan mágico. A veces pienso que no volveré a sentirme como fuego que se quema, ni que se puede ser codo a codo con alguien, casi consumido por amor. La verdad, ya ni siquiera tengo muy claro si es correcto querer esperar o sentir eso, o incluso si es lo que yo quiero. No sé qué busco.
Hoy y ayer, y hace más de tres años, escribí una historia. Dice mucho de mí, de lo que alguna vez quise, de lo que nunca conseguí. Dice mucho de mis deseos, de mi vulnerabilidad, habla de todo lo que he perdido en este viaje de nueva soledad, de independencia. Y hoy, más que cualquier otra cosa, me pregunto si habrá alguna otra historia de amor.