Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 7 de junio de 2017

Pequeño corazoncito: 11 weeks

11 semanas. Qué rápido transcurre el tiempo y a la vez, tan lento. Rápido, cuando piensas que al comienzo sólo eran dos rayitas de vida en una prueba y ahora, una personita que crece más y más a cada segundo. Lento, cuando lo único que deseas es darle un nombre, imaginarlo(a), investirlo(a) de todas esas proyecciones y fantasías, de esos sentidos y significados que tanto hablaban mis clases de psicología en la universidad. Y a veces, esas mismas lecturas, aprendizajes, contenidos, me hacen pensar en todo lo que quiero ser y lo que no quiero ser para él (ella). Surgen con más fuerza que nunca, algunos viejos temores encerrados en el baúl de los recuerdos, patrones que uno quisiera evitar replicar a toda costa, dinámicas que hacen daño y que como mamá, entregarías todo el dinero del mundo para poder protegerlo(a) de eso que tú no pudiste sobrellevar. Quisiera que mi pequeño corazoncito tuviera la certeza de que es suficiente, de que todo y tal cual es, basta, que no se necesita más o algo diferente. Que el amor no se pone a prueba cada vez que cometes un error o que no cumples las expectativas del otro, sino que con más amor se buscan soluciones en conjunto. Quisiera que se sienta cobijado, contenido, escuchado, aceptado, confiado y seguro. Quisiera que no exista  híper crítica, ese odioso mal de los seres humanos que destruye la autoestima como quien empuja una torre de naipes. Quisiera que no venga al mundo a llenar cosas que a otros les falta, o a sentir de manera inconsciente y de a ratos explícita, que de él (ella) dependen ciertos equilibrios o bienestares. No quisiera que hubiesen síntomas, y menos aún, que esos síntomas fueran funcionales a un sistema defectuoso. Por el contrario, quisiera que pudiera crecer en un ambiente de alegría, de sueños, de tolerancia, curiosidad por el mundo, amor por el aprendizaje, amor por el prójimo y a sí mismo, de humildad, honestidad, respeto por la diversidad, de cariño por su familia y cultivo de sus amistades, de protección del medio ambiente, de auto cuidado y sensación de valía. Quisiera que confíe en sí mismo(a), que sea consecuente con lo que cree, que no siga tantos prejuicios, que sea aventurero(a) para conquistar sus ideales, que sea querido(a) y amado(a) por quien es, que siempre tenga deseos de crecer y desarrollarse, que siga su corazón y no tantas reglas de lo que hay que ser o tener. Que sea libre, pero con responsabilidad para no dañar a otros en su viaje de auto descubrimiento. Quisiera que sea, lo que él (ella) decida para su felicidad y entonces, pueda sentirse lo suficientemente satisfecho(a), pleno(a) y lleno(a) de paz como para que su venida al mundo haya significado tantas alegrías, disfrutes, tropiezos y aprendizajes como para mí de seguro será esperarlo en la guatita, verlo nacer y crecer. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Pequeño corazoncito

Era un día sábado, y dos rayitas tenían la verdad absoluta sobre la vida, literalmente. Sorpresa, miedo, júbilo, todo mezclado en la juguera como un enorme batido de frutas. Y al final, el día en que lo(la) ves en la pantalla sólo puedes morir de amor, porque sabes que un pequeño corazoncito empieza a existir, a inundarte de alegría desde lo más adentro que se podría estar. Ya no eres una, sino dos. Con todo lo dulce que significa imaginar, sentir, esperar y querer hasta el infinito y más allá, pero también, con todo lo amargo de los primeros meses, el malestar, las dudas, los temores. Hace unas semanas comencé a escribirte en un cuaderno, como si con ello pudiera hablar contigo y decirte lo mucho que te amo. Pienso que algún día, puedes querer leer tu historia, lo bonito que es que dos personas tengan tanto amor el uno por el otro que deseen sembrar un pedacito de ese amor y crear algo maravilloso; tú. Así nos sentimos tu papá y yo. Este regalo tan mágico es algo indescriptible, algo inmenso, como si de ahora en adelante ocupara cada uno de mis espacios; la mente, los sueños, el cuerpo y el alma. En unas semanas más volveremos a encontrarte en la pantalla, y me parecerás la obra más hermosa y magnífica que ha visto el universo. Muero de ganas de saber quién eres, y entonces poder dejar de llamarte "mi pequeño corazoncito" para pasar a darte un nombre que represente todo lo que más quiero en este mundo. Por el momento, sólo puedo decirte que el anhelo de esperarte, de conocerte y mirarte a los ojitos, es superior a cualquier cosa que haya sentido antes, así que sigue creciendo, feliz, en el agua calentita, en ese lugar que ahora es tan tuyo como mío. 

sábado, 15 de abril de 2017

Alexandra

Alexandra está en medio de una multitud. No sabe cómo llegó allí, sólo que la gente avanza, corre, camina y ella es una foto en Time-Lapse. Sus pies la arrastraron fuera del metro, unas diez estaciones lejos de casa, como si no hubiese otro destino posible. Los segundos detenidos como una eternidad, y sus zapatos congelados en el pavimento, sin poder moverse, tan glaciales como sus propios sentimientos. Y allí, en medio de la nada, Alexandra puede escuchar miles de voces. Los arrebatos, lo oscuro, las inquietudes, los deseos, las frustraciones, la muerte súbita de cada uno de esos míseros viajeros que pasan a su costado sin fijarse en ella. ¡Qué quieren!, grita Alexandra. Pero sabe que esa no es la pregunta, y que allí tampoco están las respuestas. La tarde se vuelve oscura, las horas transcurren como una música molesta en los oídos. ¿Qué hace allí? ¿A dónde quiere ir? Alexandra está en medio de una multitud y al mismo tiempo en un silencio de cautiverio. Se le hace un nudo en la garganta, quiere gritar y las palabras no se asoman a su boca, como si tuviera cinta adhesiva en los labios. Alexandra está en medio de una multitud, y sin embargo, el vacío de siempre se acumula como botones en sus bolsillos.