Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 30 de octubre de 2018

The science of happiness

La Ciencia de la Felicidad
Tal Ben-Shahar

1. Darse permiso para ser humanos. La felicidad no significa que no experimentarás emociones dolorosas, pues éstas son parte de la naturaleza humana. Sentir afectos negativos (pena, rabia, tristeza, frustración, etc.) está bien, cuando nos esforzamos por hacer que no existen, ocurre lo contrario, se mantienen y solidifican. Hay que darse permiso para ser humano, para ser reales. Cuando aceptamos esas emociones, permitimos que fluyan, que pasen, desaparezcan y recuperemos nuestra paz. 
2. Sólo existe un sistema emocional. Todas las emociones están comandadas por el mismo sistema emocional, por lo que si bloqueamos los afectos dolorosos, también estamos bloqueando aquellas que permiten el goce y el placer. Cuando permitimos que la infelicidad entre en nuestras vidas, también nos abrimos a la felicidad.
3. No se trata de resignación. Darse permiso para ser humanos no significa "echarse a ver televisión tres días seguidos sin pararse de la cama si estoy deprimido", sino que debe ser una aceptación activa. Esto significa aceptar las emociones que tengo (todas ellas), y decidir el curso apropiado de acción para sobrellevarlas, para darles sentido. No se trata de resignación, sino de escoger el mejor curso de acción. La valentía no es la ausencia de miedo, sino de actuar a pesar de él. Lo mismo ocurre con las emociones dolorosas.
4. El estrés en sí, no es el problema. Cada día, las investigaciones y los titulares de la prensa señalan que el estrés es la pandemia del mundo globalizado, que afecta a todas las naciones y que sus índices se elevan más y más, porque la gente debe hacer miles de tareas en poco tiempo, deben ser "malabaristas". Sin embargo, el estrés en sí, no es el problema. El estrés también es una respuesta natural del organismo, nos hace fuertes, resilientes y felices. El problema es el tiempo de recuperación, tanto a nivel físico como psicológico. Hay que recargar combustible, pero las organizaciones (y las mismas personas) no están dando tiempo para recuperarse. Es como andar en un auto que tiene increíble motor, chasís de lujo, pero que va con los neumáticos desinflados. No se puede. La respuesta de relajación entrega recuperación.
5. La recuperación es una inversión. Las personas piensan que para ser felices tienen que conseguir grandes cosas; éxitos, logros, dinero. Cuando en realidad, se trata de las pequeñas cosas. Lo mismo se necesita para recuperarse. Cada dos horas, de 10 a 15 minutos para tomar una pausa, un café, almorzar sin estar paralelamente trabajando. 3 a 4 veces al día, respire conscientemente. Escriba antes de dormir, listas de lo que debe hacer, así da el mensaje a su cerebro de que puede descansar porque el futuro se encargará de realizar lo que falta. Duerma. Trace objetivos a largo plazo, eso ayuda a mirar el presente, a disfrutar del trayecto hacia el objetivo. Pues, llegar a un determinado punto, sólo conlleva un bienestar que es temporal, la gente de desilusiona de que a pesar de que tienen lo que querían no son felices. Deje fluir las metas y no piense que la felicidad está sólo en alcanzar el objetivo, sino en todo el aprendizaje y ganancia del recorrido. Haga ejercicio regularmente. Muévase regularmente. Las organizaciones tienen que pensar que otorgar tiempo de recuperación es una inversión, pues eso mejora la creatividad de las personas, la producción, él éxito y por ende, lleva a la felicidad de las personas, baja la rotación laboral. Se necesita que las personas tengan rituales conscientes, repetir pequeñas acciones hacia la felicidad. Sea el cambio que quiere ver. 
6. De las relaciones sociales. La tecnología digital y las redes sociales imponen una ola de "perfeccionismo emocional". Nos hacen pensar que lo normal es que todo sea genial, que todos viven felices en un "happily ever after", a excepción de uno. Y esa presión sobre la gente produce mucha infelicidad. Nadie pone su lado B en Facebook, por lo que al final es una ilusión. Además, está demostrado que cuantas más horas pasan las personas en las redes sociales, más solos se sienten. Más infelices están siendo los jóvenes porque no tienen relaciones sociales emocionalmente significativas. Todo es virtual y nada es real. Necesitamos "desconectarnos" para volver a conectarnos con las personas. Las interacciones sociales que involucran dar/recibir cara a cara es una de las mejores maneras de promover la felicidad. 
7. Del amor y la amistad. Cuando buscamos relaciones de amistad, a largo plazo lo que queremos es alguien que sea real, no una persona que nos consienta en todo o que esté de acuerdo en todo con nosotros, sino alguien que nos desafíe, nos presiones, nos ayude a alcanzar la verdad, a ser mejores personas, a tener más éxito, a ser más felices. Lo mismo ocurre en las relaciones de pareja. A veces es necesario el enemigo, pues el conflicto eleva la relación, y a las personas como individuos. El matrimonio debiese ser una máquina de crecimiento, y la forma de crecer es a través del conflicto, del desacuerdo, de tener un enemigo que sea hermoso. La relación tiene que ser hermosa (de pasarlo bien juntos, la alegría, el goce), pero también necesita del enemigo para llegar a la felicidad. 
8. Volver a apreciar. Registre diariamente 3 o 4 cosas por las que se sienta agradecido, es fundamental para mejorar el sistema inmune, para desarrollar generosidad y amabilidad hacia otros, y finalmente impacta en la felicidad personal. Generalmente, las personas tendemos a dar por sentado lo que tenemos. Sin embargo, la palabra apreciar significa dar gracias, pero al mismo tiempo, aumentar el valor. Es decir, en la medida que volvemos a apreciar, aumentamos la cantidad de cosas positivas que nos suceden. Y eso nos vuelve más optimistas también, exitosos. 
9. De la educación emocional y los padres. Hoy en día, los Colegios y los padres no están enseñando bien a sus hijos a superar los fracasos, a manejar la frustración, a relacionarse efectivamente con los pares. Sólo se da énfasis en lo cognitivo, el rendimiento, las notas, lo que se cree/piensa que es el éxito, y han perdido de vista que el trabajo emocional tiene un impacto directo en el aprendizaje, y no al revés. Cuando los padres dicen que quieren que sus hijos sean felices, primero tienen que comprender qué es la felicidad. Y eso es partir por comprender que no se trata sólo de emociones placenteras. También es acerca del sentido. Y algo que de sentido, generalmente conlleva trabajo duro, dedicación y sacrificio. La felicidad no es sonreír todo el tiempo, o que no exista tensión. Tampoco existen los padres perfectos, sino sólo los "suficientemente buenos", y esos son aquellos que buscan el equilibrio entre lo demasiado fácil y lo demasiado difícil, es decir, por un lado dejar que los niños lidien con dificultades y al mismo tiempo no exponerlos a situaciones donde no puedan lidiar (por su madurez y desarrollo) y se desmoronen. Es una delgada línea, que hace que el niño se desarrolle, pero al mismo tiempo que tenga apoyo para crecer. Cuando les ponemos las cosas demasiado fáciles, no les ayudamos a largo plazo, no los hacemos fuertes ni resilientes. Por eso que ser padres no puede ser sólo atender las necesidades inmediatas del niño (ejemplo, comprarle todo lo que quiera), sino, dejarlo enfrentar dificultades (la frustración de no tener todo lo que quiere en ese mismo instante). El amor incondicional no significa darles todo lo que quieran cuando ellos lo quieran, sino que aceptar sus emociones incondicionalmente, pero con límites muy claros a su comportamiento. No debemos hacer por los niños lo que pueden hacer ellos mismos. Debemos dejar que les cueste, que lidien, no resolvérselo porque estamos apurados o sin tiempo, o porque podemos hacerlo mejor. Enseñar y dar espacio al aprendizaje. Debemos darles permiso para ser humanos, dar legitimidad a sus emociones, pero al mismo tiempo, mostrarles con firmeza lo que está permitido y no permitido hacer con esas emociones. Y finalmente, debemos predicar con el ejemplo, mostrarles a los niños las experiencias del día a día donde los adultos también fracasan y sufren, pues eso es modelo de resiliencia. Los niños no necesitan padres perfectos, necesitan padres humanos, que también lo pasan mal, que les duelen las cosas, que se equivocan.