Hace unos días, pensé que pronto estaría de vuelta en mis servilletas de papel de siempre. En esas donde me gusta tejer ilusión desde el alma. Pensé que escribiría un libro de nuevo, ese que hablaría de una espera hermosa, de las cartas que te dedicaría por nueve meses. Y sin embargo, la vida me tenía preparada otra cosa. Qué curioso hablar de -vida- cuando en realidad, al final esto tiene que ver más con la muerte. Ha sido triste, ha sido duro. Durante un mes estuviste dentro mío, como el mejor de los sueños. Te buscamos tanto. Te queríamos tanto. Y no alcanzamos ni siquiera a hacernos la idea de ti, a imaginarte, porque te fuiste demasiado rápido. Con cada gota de sangre te alejas más y más, y ese sueño se irá diluyendo hasta que no quede nada. Ha sido triste, ha sido duro. La noche fue larga, con mucho llanto. Nos repiten a cada segundo "Dios por algo hace las cosas", "sólo Dios entiende la naturaleza de sus designios", no obstante, nos está costando bastante reconciliarnos con esa idea en este momento. El mundo ya tiene suficiente sufrimiento, como para agregarle una cuota más. Qué injusto ilusionarse, para que te la roben de las manos antes de que la puedas abrazar. Ha sido triste, ha sido duro. Te perdimos y no alcanzamos ni a pestañear.
