Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 28 de noviembre de 2011

sábado, 19 de noviembre de 2011

Carta número 600

Siempre pienso que mi máquina de escribir no tiene tanto que decir. Que en realidad, sumando una cosa y otra, algo sale, nada demasiado importante ni elocuente, pero al fin, un respiro, el mío. Y he creído lo mismo durante mucho tiempo. Sin embargo. Aquí estoy yo, en los 600. Inimaginable, ¿verdad? Uno piensa, ¿de a dónde he sacado tanto? Las letras salen, en un torrente vertiginoso. No han sido llamadas y aún así, vienen y se quedan. Armando sus sentencias, volviendo el mundo un poco más loco, sacando poesías de bolsillos y basureros. Aquí estoy yo, en los 600. Todo es tan diferente, y al mismo tiempo, tan igual. Los vacíos con sus relámpagos de fuego, las maletas imposibles y cargadas, las cruces con sus clavos de fierro, las cosas rotas. El tiempo sigue corriendo, pero no los escenarios. Como avanzar en círculos, o talvez, nunca avanzar del todo. Aquí estoy yo, en los 600. Y por otro lado, no todo es desasosiego como antes. Empiezo a pedir. Comienzo a moldear con mis propias manos un sendero de sol en las mañanas y de luna llena por las noches. Con sus aventuras y trajines. He vuelto a maravillarme. Del aire, del mar, de simplemente estar en el universo. Comprendo sus curvas, acepto sus sorpresas, acepto aquello que no puedo cambiar. Salgo a caminar. Descalza. Sin ataduras. Con la mente y los ojos bien abiertos. Abrazo lo positivo. Construyo mi propio hogar, aún cuando sea, sólo yo. Aquí estoy yo, en los 600. Después de las metamorfosis, de pintarme unas alas que todavía no me he atrevido del todo a probar.  He aprendido a soltar. Creo que eso ha sido una de las cosas más importantes. Aprender a dejar lo que nos duele, lo que nos incomoda, ponerlo sobre la mesa y entregarlo. Y también, he entendido, finalmente, que no se puede vivir de fantasías, por mucho que nos gusten, que nos queden cómodas y sean bonitas. A veces, es necesario tener los pies en la tierra y aterrizar a la realidad. Escuchar nuestro cuerpo, lo que nos quiere decir, pues en más de una instancia está en completo acierto. Hacer caso a nuestros sentidos. Hacer caso, a nosotros mismos. Aquí estoy yo, en los 600. Con muchas metas en mi cabeza. Con tantas cosas que me gustaría lograr en este camino de volvernos adultos. Siento que el mundo conspira a mi favor, y que tengo todo al alcance de una sonrisa. Sólo me queda, tomarlas y saltar. Hacerlas parte de mi. Es mi momento, hoy y mañana. No hay nada que esperar, y al contrario, salir a buscarlo todo. Apropiarme del camino. Aquí estoy yo, en los 600. Con la única cosa que me ha dolido perder. Abandonar ese pedacito de existencia que ponía mi vida en ciento ochenta grados. Que me hacía sentir tan bien. Ahora, llego a casa todos los días, todavía con tu perfume en mi piel. Pero luego pienso, es súper fácil caer en un sueño y querer quedarse con él. Lo cual, no está bien. De qué nos sirve tejer tantas ilusiones que no son aplicables a la vida real. En algún momento, es importante detenerse y parar. Aquí estoy yo, en los 600. Sigo deudora conmigo misma, en tantos aspectos. Me falta ayudarme un poco más y recuperar esa fe algo perdida. Me falta volver a confiar en la bondad de las personas. Y creer en que el amor todo lo puede. Que con mis manos, puedo hacer la diferencia. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Wild And beautiful

Everyday, at some point, you come to my thoughts, with the taste of the wild and dark, or with the amazing and beautiful lips you have.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Yellow meadow

Una pradera de amarillo. Agitándose en el viento, meciéndose en la música. Un único árbol a la redonda. De hojas verdes, luminosas. Tanto por contar, un sinfín de poesías talladas en su corteza. Y mas allá de todo, las nubes danzan en majestuosidad, flotando, circulando. Y los colores se funden en un cielo mágico. Todo resplandece. Brilla en naranjos y violetas. Se forman ciertas conexiones tenues, y una voz de sabiduría se encuentra con ella en la pradera. Una armonía indescriptible, el espacio dibujado en un cuadro de calma. Está allí un momento. Consciente. En atención plena. No hay nada que temer. No hay nada que aguardar. Sólo ser y estar. Asir el mundo con sus manos, en belleza, y sin preguntas. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Ready to give

Once, so little. Naive. Cheerful. Innocent. Dreaming with paradises. Thinking about growing up, with a hope that was useless. Once, a little princess. Butterflies in her nose. Thousands of flowers in her hands. Colors everywhere. Then, the horizon in silence. And a long stair to heaven. Stories flying. The hand, busy on some lines. Painting a sky with letters and poems. A woman's body. Not so little anymore. Landscapes filled up with absences. New experiences and a lot to understand. Everytime, at the edge of the road. Asking. Watching. Trying to be in calm. Once, a grown up woman. Duties. Responsibilties. And a lot to let behind. Learning to breath again. Now, she is riding her bike to the south and beyond. And her hands are ready to give everything. Stars. Lips. Rainbows. Smiles. Reality.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lo que más extraño

Tomarte de la mano sin decir nada.
Mirarnos a los ojos y sonreír.
Contarte de mi día y que tú me cuentes del tuyo.
Hacernos cosquillas.
Debatir, de casi todas las temáticas.
Y sacar conclusiones para que el mundo sea un lugar mejor.
Sentirme acogida y apoyada.
Recibirte en mis brazos sin preguntas.
Dormir a tu costado.
Y que seas la primera cosa que veo al despertar.
Encontrar consuelo y compañía.
Tomar jugo de naranja y comer pasta.
Descubrir el mundo juntos.
Compartir la energía de nuestro beso.
Abrazarte lo que dure una eternidad.
Y sentirnos mutuamente, en caramelo y algodón de azúcar.
Decir que verte es lo mejor de mi día.
Que digas que yo soy lo mejor de tu universo.
Que salga el sol y caminemos sin destino.
Y sentarnos en la playa a esperar que descanse el sol.
Y que al final, la noche se haga oscura y sólo seamos tú y yo.
Reírme de tus chistes, aunque no los entienda tanto.
Y que tú me hagas reír, siempre, por cualquier cosa.
Saber que cuento contigo para lo que sea.
Y que incluso atravesarías un aro de fuego por mi.
Bailar toda la noche.
Escaparnos y hacer locuras.
Que te vistas de verde agua.
Que me grites que soy lo más lindo.
Cumplir nuestras fantasías.
Viajar, conocer lugares y cosas nuevas.
Aprender de ti.
Soñar contigo.
Y que me soportes en mis días terribles.
Mientras yo protejo tus miedos.
Que seas mi refugio.
Y yo ser tu descanso.
Sentarnos juntos en el jardín, sin separarnos ni un segundo.
Confiarte mis sueños, decirte mis esperanzas.
Que me confíes tus metas, que me digas tus deseos.
Hablar de lo que seremos, de los planes que tenemos.
De nuestra casa, de nuestras ilusiones.
Que cuando estamos juntos, nada más importa.
Y ser dos, en un cuarto vacío.
Que me acaricies la oreja.
Sentir tu pelo entre mis dedos.
Anhelarte en demasía.
Que me mires y me digas que soy todo lo que quieres.
Mirarte y decirte, que eres todo lo que quiero.
Y entonces, que la magnolia abrigue nuestros cuerpos.
Y el futuro nos prometa.
No uno, ni dos, sino, por siempre.

El árbol de la maternidad

Me siento en tus brazos, como la primera vez que me recibiste. Me sostenías con alegría. Con expectativas. Anhelando tantas cosas pendientes, creyendo que talvez, algo podría resolver. Maybe not. Y aún así, tus ojos se posaron en los míos. El tiempo se hizo infinito en una mirada, se detuvo, se hizo invisible. ¿Qué habremos pensado en ese entonces? Alguna especie de cautivación mutua, de reconocimiento, de aprendizaje de tus sonrisas. Comenzábamos a querernos tanto. Y hoy, han pasado los años, han transcurrido las historias. Qué aventuras y otros eventos más desafortunados. No obstante, seguimos en los brazos, yo en los tuyos y tú en los míos, como la primera vez que me recibiste. Sin soledad. Con afecto. Con esperanza. Un cariño que sólo es nuestro, único e irrepetible. Hemos desarrollado una manera especial de querernos, una que pese a todas las tormentas, sobrevive. Y crece, más fuerte. Pero que también, tiene tantas tareas y responsabilidades. Todavía tenemos puertas que derribar, y candados que romper, sin embargo, el árbol ha madurado, tan alto, que sólo podemos esperar buenas cosas de él. Tenemos que darnos cuenta de los frutos, y aprender a utilizarnos a nuestro favor. Tenemos que trabajar intensamente, para que la luz que nos rodea y que sólo nosotros podemos ver, no decaiga, no se apague. El árbol necesita riego y cuidado. Requiere encontrar algún punto de entendimiento, de convergencia. Y ese algo que haga florecer todas sus bendiciones. Al final, sólo quiero que sepas, que si tú saltas, yo salto. Te quiero.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Que decida la aurora

Un hada esperaba sonriente. La estela de plata, el amanecer del cisne. Se sentaba frente al lago mirando la eternidad de las magnolias, la suavidad de su rocío. Un sorbo de recuerdos. Un toque de ansias. El debate entre ser y hacer lo correcto. ¿Quién ha de ganar? Es difícil la pregunta, pero no más que aceptar la encrucijada y enfrentarse a ella. Sube una tempestad desde sus dedos y a través de su traje de brillantes. Apoderándose de todo, de cada fragancia del bosque. Le dibuja una odisea. Y entonces, estalla la energía, endulzando su rostro, tiñendo sus labios de rojo. Abraza la luna. La observa desde lejos con diminutas estrellas en danza. Sigue esperando, sonriente. Que se decida la aurora. Que avance el porcentaje necesario, y así, no tener nada a qué resistirse. No tener pretexto ni excusa. Sólo el vuelo, gentil, amable, al tacto y con alevosía. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

Sunny day

Sunny day. De esos donde todo florece. Incluso las letras, en maceteros de arcilla pintada. O talvez, con mayor razón, las poesías. Sale tinta de los dedos como navío en oleaje. La música agrega el sepia. La forma de las nubes, el sabor y las texturas. Echo de menos esa mezcla de caramelo y algodón de azúcar. Esa que conocía tan bien. Y ahora, sentada en el jardín, siento ese olor que adoro, el pasto recién cortado. Había olvidado lo que era sentarse a mirar el sol y soltar el puño, dejarlo libre. Andar sin zapatos, y sentir la humedad bajo mis dedos. Esa sensación sin nombre, de just being. Estar en un lugar con cuerpo y mente. Centrado. En serenidad. Sin ningún pensamiento. Había olvidado lo que era correr en el pasto. O quizás, no me había dado el tiempo para volver a disfrutarlo. En su humilde sencillez y belleza. Correr con la sonrisa en el rostro, en el hígado. Bailar y dejar cualquier peso innecesario. Sentir el aire seduciendo a la única flor que siempre he sido. El cielo en calma, las palpitaciones pacíficas. Si tengo que soltar, aprenderé a hacerlo. 

jueves, 10 de noviembre de 2011

Awake

Awake. I'm ready to put my glasses, cross the fence, feel the grass under my feets, and to start walking all over, without shoes, with the mind in blank. The sun rises behind my shoulder. I can feel it. The heat rising, filling every corner of my body. Like dancing in the rain, with happiness, feeling every single drop of water as part of your skin. Awake. I can see new colors. And put them in my palette, to paint an entire new universe. I forgot how I used to feel with the brush in my hand. The energy. The joy. The melancholia. And now, taking my steps in slow motion, everything is so different, surprisingly beautiful. Trees are more green, the waves have a special perfume. Love has a new meaning. Even the streets are organized in a way that gives me a lighter atmosphere. Awake. To the adventures of life. To the greatest things that I'm wishing for. To the things that will come. Everything that it is in the road, is the road. All that I've lived, that I'm living and will live. Everything and everyone is the road. So, walk and drive. Be.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Sense & sensibility

Razón y Emoción. Las dos son necesarias. Las dos son indispensables, ¿verdad? Pero, ¿una más que la otra? ¿Las dos en la medida justa? ¿Cuál es esa cantidad? Creo que mi vida tiene más de razón que de emoción. No sé, si eso será bueno o malo, ambas tienen sus ventajas y desventajas. No obstante, es la forma en la que he aprendido/desaprendido a vivir. Se me enseñó que tuviera cuidado con el mundo y las personas, a que habían cosas que era mejor evitar y resguardar. Se me mostraron las opciones, o más bien, lo que se debía hacer, a través de la razón. Y aquello de lo cual yo tenía que zafarme a toda costa, a través de la razón. Si la experiencia les había enseñado a ellos, por qué a mi no, pensaban. Creyeron que mostrándome el dolor, podían protegerme de él, pero no siempre fue así. Creyeron que me equivocaría menos y que tomaría decisiones más inteligentes de la vida, de las personas, del amor. Que recogiendo sus experiencias, yo no cometería los mismos errores. Y lo entiendo. Cuando te ha tocado duro o has pasado por cosas que no hubieras deseado para ti mismo, quieres con toda tu energía, que los demás no tengan que sufrir por eso. Quieres evitar, que tus seres queridos terminen repitiendo las mismas historias fatales. Aprecio el gesto. De verdad. Valoro la intención de cuidarme. Pero por otro lado pienso, que con tantas cosas que evitar y tantas situaciones de las cuales hay que defenderse, ¿dónde empieza realmente mi camino? Porque talvez, lo que para ustedes era adecuado o correcto, puede no serlo para mi. Y eso que vivieron, no tiene por qué ser lo mismo en mi situación. Esta es la desventaja de la razón. A veces creo que pongo demasiadas barreras. Que me anticipo a las cosas a la defensiva. Y por lo tanto, aquí es donde entra en juego la cuota de emoción que me falta. Esa que me diga que tengo que lanzarme al universo a encontrar mis propias respuestas, mis propias experiencias, dolores y alegrías. Esa emoción que me permita derribar corazas, tener menos artillería, construir más puentes y escuchar un poco más a mi corazón. Esa que me diga que está bien confiar en un otro, aún cuando a veces puedan defraudarme. Que está bien, creer en el amor. Que lo que a ustedes les pasó, no tiene por qué sucederme a mi. Pues si quiero reír, reiré, si me voy a equivocar, que sea porque yo lo decidí (y no porque me dijeron que no lo hiciera), si quiero llorar, lloraré sin esconderme de mis sentimientos. Tengo demasiada razón en mi vida. Me hace falta un poco más de emoción. Es sólo que... tengo miedo, y ya no sé cómo encontrarla.

martes, 8 de noviembre de 2011

Desconectar los audífonos (2)

Algunos años atrás, me dijo una persona, que cuando las cosas no son como esperamos, o estamos en condiciones que no son precisamente las que nos gustarían, y de las cuales no podemos zafarnos con facilidad, que la solución más rápida es simplemente, aprender a desconectar los audífonos. En ese entonces, me pareció muy burda la respuesta, casi ridícula. Pensé, para eso, mejor no le hubiese preguntado. Hoy, cuando ha pasado mucho tiempo desde aquella fecha, y ningún cambio en los escenarios, he pensado nuevamente en lo que me dijo. Ya no me parece tan insólita. Al contrario, creo que tiene su cuota de conocimiento y sabiduría. Eso que para mi se oía tan absurdo, ha comenzado a tener significado de a poco. Sólo puedo decir, que la tarea no es nada sencilla. Requiere tener realmente la calma necesaria y la capacidad de lo que yo llamo el minuto inteligente (ese segundo antes de decir o hacer algo, y pensar bien antes de meter las patas). Sólo con esos ingredientes, se puede lograr desconectar los audífonos. Insisto, es muy difícil. La mayoría de las veces no me ha resultado. Pero no por eso, no lo sigo intentando. Desconectar los audífonos abre otra realidad cuando no tenemos otra posibilidad. Si se practica bien y en forma constante, ayuda. Es la elección que tiene el alma y el consciente, entre participar de la batalla, o resguardarse de ella. A veces tiene sentido luchar, pero en otras, el inteligente es aquel que sabe protegerse de lo inevitable. Aquel que sabe brindar al corazón, cariño, amor, serenidad y auto cuidado.

Sílex de un sueño

Una gota de plata en el mar. Ancho. Eterno. Luna creciente. El infinito dibujado en dedos finitos. En labios de rosa. Serpenteando una estela violeta en el horizonte. Tallando el sílex de un sueño. Una costa maravillada de la vida, ese amor enamorado del amor. Y uno que otro cometa sobrevolando el espacio de los segundos, dirigiendo la orquesta de los momentos. Sube una vela, pidiendo un deseo. Cierra los ojos y descansa. Se queda una flor suspendida en la tierra. La brisa acaricia cada grano de arena en su luminosidad, se hace el silencio en armonía, se vuelve melodía perfecta. Una conversación de líneas rugientes, el festín de los colores en el amplio océano. ¿Cuál es la frase idónea? ¿El canto correcto? ¿La tonalidad deseada? Cierta mitad dedica un faro de luz a los caminos, la otra, pide lo sencillo, aclama lo valiente, entrega el tallo y los pistilos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

En el diván (5)

¿Se puede ser así de feliz en el trabajo? Creo que durante mucho tiempo, más bien, en mis años escolares, pensé que la etapa laboral sería otro tedio. Horarios que cumplir, vivir la rutina. Y, ¿quién quiere eso? Nadie. Además, veías a tus papás sin tiempo para nada, corriendo todo el día, chatos de responsabilidades, cansados y durmiendo cero. Hace poco leí también un estudio, que decía que muchos jóvenes no hacían nada al salir de la universidad, pues miraban la realidad de sus papás (trabajar hasta el cansancio para ganar poco y vivir nada) como una oferta bien poco prometedora. Y en parte, tienen razón. Sin embargo, ahora que ya llevo sus meses desempeñando mis funciones profesionales, no puedo estar más contenta. He comenzado a usar mis propios materiales. He diseñado mis propios cursos y talleres. He disfrutado cada hora de terapia, algunas más que otras. Pero al final, lo más importante es que siento que aprendo tanto en el camino, de la vida, de las personas, de las situaciones difíciles. Me ha pasado algo súper loco, pero veo a mis pacientes, también como maestros. Personas que con sus historias pueden enseñarme un poco más cómo vivir, y de repente, cuando uno piensa que está en los peores momentos, hay alguien que necesita mucho más. Ya no sólo es alegría en el reconocimiento y en el sentimiento de gratitud, sino, cuando ayudas al otro a descubrir su propia valía y cuando ellos te tienden una mano (invisible), que te llega al corazón en tus peores días. Por eso me gusta la terapia. Es una relación colaborativa, de mutua entrega. No sólo el paciente crece, madura y evoluciona, sino que también el terapeuta, tanto en su profesión, como en su individualidad. Me encanta lo que hago. 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Pertenecer al mar

No hay alegría más profunda que ir por la carretera y avistar el mar. Dejar Santiago y su cotidianeidad para pasar al sol, el descanso y el olor a sal. Ir adentrándose en los bosques, con el aroma de los eucaliptos, el color de la madera y la serenidad de sus costas. Siento que pertenezco al mar. No sabría explicar por qué, pero hay algo en el mar que me produce una sensación de infinita paz. Es como si mi alma entera se incendiara en dicha y alegría. Creo que talvez, en algún sentido me recuerda a ti. Y a esa etapa en la que yo me sentía feliz. Nunca podré olvidar, cuando con ternura y emoción nos cantabas “Vamos a la playa, oh oh ohhh”. Pareciera que fue hace tanto tiempo atrás. Sin embargo, con cada ola aventurera y rugiente, me siento en esa época nuevamente. Te echo tanto de menos. Todos los días que veo el mar. Me conecta con tu sonrisa, con ese abrazo que no te di. No pude despedirme como me hubiese gustado, acompañándote en nuestra casa de piedra, tomándote de la mano para que supieras que todo estaría bien. No pude. Pero bueno, no siempre está en nuestras manos. Y aún así, los lindos recuerdos permanecen intocables y perennes. Con todo el amor que sentíamos por el mar y con cada puesta de sol que ilumina y engrandece. Te quiero, por siempre.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Disfrute y goce

El disfrute y el goce aparecen cuando nosotros mismos comenzamos a mirar los eventos y el mundo, con una sonrisa en la cara. Cuando podemos apreciar los pequeños detalles que nos hacen desear levantarnos todas las mañanas. Cuando cambiamos el enfoque, la aproximación. Cuando decidimos conscientemente que el mundo está a nuestro favor, y no, que es un lugar inseguro o amenazante. Sí, habrán problemas. Sí, habrán momentos tristes y dificultades. Pero uno decide cómo mirar esos momentos y qué hacer con ellos. El disfrute y el goce aparecen cuando podemos asumir esos dolores como parte de nuestro pasado, presente y futuro. Como aprendizaje potencial. Como una semilla en formación del temple de nuestro espíritu. Esa fortaleza y resiliencia que es necesario cultivar. El disfrute y el goce se fomentan en los aires nuevos que respiramos, en los sabores nuevos que probamos, y en todo aquello que nos pueda maravillar como si fuese la primera vez. En ese sentimiento de unidad, de calidez, de holismo. De poder reír, sin freno, amar, sin límites, soñar, con infinitos, creer, en las personas, vivir, hasta la última gota. El disfrute y el goce aparecen cuando abandonamos los miedos y les permitimos entrar a nuestra casa. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Tranquilidad

Es tranquilizador sentir que uno está en lo correcto. Que has elegido o decidido algo pensando que lo hiciste bien, por un objetivo mayor o por un beneficio, talvez, no al corto plazo. Cuando uno se siente conforme con lo que ha optado, aparece una diminuta luz en el alma. Un sentimiento de tranquilidad. De que de ahora en adelante, todo será para mejor. Así me siento. Con la esperanza de que los cambios, si bien producen desajustes y resistencias en un primer momento, también son una oportunidad para organizar la propia vida de acuerdo a los sueños de cada uno. Es ese momento donde hay que parar, preguntarse si se está en la senda correcta, y seguir o volver pasos atrás para empezar de nuevo. Es como detenerse a mirar la brújula e izar la velas a donde el corazón nos dicte. Requiere fortaleza. Requiere introspección. Requiere la valentía de no seguir una ruta trazada por otros, o sólo porque está dibujada en el mapa. Porque es el camino fácil. "A veces, las mejores decisiones son las más difíciles de tomar y las más dolorosas". Quiero mirarlo de esa manera. Como un desafío. Como el detente que necesitaba para re-orientar los pasos de mi vida. Quiero pensar que aquello que nos duele también tiene un sentido como decía Frankl, y que las cosas sí ocurren para enseñarnos algo. Quiero mirar los días con una fe renovada. Quiero aprender de las caídas y de las levantadas. Siento que puedo. Siento que soy. Siento una tranquilidad interior.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Libertad y aprendizaje

Hoy me siento libre. Sin ataduras. Esa sensación de no tener nada más atascado. Lo dije todo. Volqué todo mi interior, y escupí fuego y agua. Canté. Sangré. Dije todo lo que sentía, a veces en verborrea y a otras, más tranquila. Reí y lloré. Saqué todas esas cadenas que me apretaban desde hace tanto tiempo. Ahora, si me preguntan si estoy feliz... tendría que decir, que no sé. Es un período intenso. Una etapa extraña. Siento algo como liviandad de alma, pero no precisamente felicidad. Me siento dueña de mí misma. Eso es algo difícil de lograr, y sin embargo, creo que en parte lo he alcanzado. Sentir que ya no todo me sucede, sino que también yo hago/dejo de hacer cosas hacia algún camino en particular. Que voy tomando las cuerdas en vez de dejárselas a otras personas, que voy nadando, no hacia cualquier costa, sino a la playa que yo siempre he querido llegar. Que he estado soltando mochilas de mi hombro y dejando personas en el sendero. No todos pueden acompañarme. No todos estaban destinados a hacerlo. A veces, hay que saber soltar, dejar ir. Aceptar como maestros a todo el que haya pasado por nuestra puerta, capturar ese aprendizaje, y salir a caminar de nuevo.