Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 16 de abril de 2019

Del soldado y los molinos de viento

Han pasado años desde el destierro, como si el viento hubiese soplado todas las arenas para dejar el campo despejado. Sin embargo, no es cierto. Hay cosas que el viento no ha podido despejar. Hay cosas que las arenas no han podido remover. Hay cosas que el tiempo no ha podido aclarar. Y aún cuando ya no se está en el medioevo, una parte del soldado sigue sintiendo que hay batallas que ganar o castillos que defender. Se siente como el Quijote confundiendo molinos de viento con enemigos. Pero, ¿por qué? Quizás, una parte lastimada de él ha quedado con problemas de confianza para siempre. La traición es algo difícil de olvidar. El abandono es un daño tan primario, tan profundo. Y entonces, tal vez, el soldado cree que la armadura es lo único que lo puede proteger. Pero, ¿de qué? Hoy, el soldado tiene un puñado de niños con rizos dorados, una mujer maravillosa, una tierra fértil que es suya, un trabajo que ya nada tiene que ver con lanzas y cascos, y aún así, una parte de él continúa sintiéndose soldado, como si no pudiese quitarse el escudo de la espalda, como si todavía no pudiese bajar la guardia. Pero, ¿por qué? ¿A qué le tiene miedo? El soldado se siente a veces vulnerable y pequeño como un niño. Tiene tanta necesidad de que alguien le haga cariño en la nuca hasta que se duerma. De que alguien le asegure que las cosas estarán bien. De que aquello que ama no se irá a ningún sitio. Y al mismo tiempo, otra parte de él se siente incompleto, insatisfecho, como si tuviese un hueco gigante dentro del pecho que no pudiese llenar con nada. Y ese ruido, el silbido de lo vacío le incomoda, le inquieta, lo desajusta de vez en cuando. ¿Qué le falta? El soldado pasa los dedos por las espigas de su campo y no encuentra el sentido, no halla las respuestas, no sabe cómo quitarse el traje que de a ratos pareciera más bien esclavizarlo en vez de engrandecer.