Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 29 de diciembre de 2008

Sinvergüenza

¿Cómo alguien puede equivocarse tanto? Me sorprende el poco tacto que puede tener, y la simpleza con la que intenta observar las cosas, como si todo sucediese por estímulos externos, y no por las propias manos que obran en una relación. ¿Seremos acaso las mujeres demasiado difíciles de entender? Porque de no ser así, no podría comprender la facilidad con la que haces oídos sordos de lo que uno intenta explicarte, o lo sinvergüenza que eres a la hora de dar excusas que te salven de tus pecados. Qué poca capacidad de introspección, y que carencia inmensa de inteligencia emocional. Suena feo, pero hoy sí recibes el premio al más tarado del mundo, de todos los hombres sobre la faz de la tierra. Y ojala toda esta estupidez pudiese darme risa para dar vuelta la página sin remordimientos, pero no, en vez de eso me da pena, y me hiere en lo profundo. Si querías alegrarme el día, y ser un apoyo con todo lo que estoy viviendo, te juro que lo lograste a la perfección. Excepto porque siempre acabo llorando, y tú como si nada hubiese pasado.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Las palabras


¿Qué son las palabras si no conducen a nada? ¿Si sólo son el preámbulo a un trago amargo o a un tinto añejo que más que vino es vinagre? Nunca he entendido ese propósito ambiguo que tienen de confundirlo todo, de generar expectativas o de crear embrollos en lugares donde no hacía falta. Curiosa creación son las palabras. Sin ellas no existiría comunicación, no habría aquel consenso en el cual nos hemos puesto de acuerdo para nombrar las cosas de un mundo que antes no sabía de etiquetas ni de categorías. Siempre ha habido lenguaje, eso es innegable, pero el lenguaje surge, a su vez, de una clave común entre las personas. Y sin embargo, esas claves a veces se hacen difíciles de entender porque cada vez se elaboran más nombres para una misma cosa. Ya nada es exacto. Como algunos suelen decir, las cosas "dependen del contexto" o del "cómo se dicen". Si hay algo que permanece estable, son los números y las leyes físicas, pero en cuanto a los sentimientos y las emociones, todo es relativo. Y lo peor es que no son en sí las palabras las que ponen en conflicto a naciones o a núcleos sociales más pequeños como son las familias o las parejas. Esa sería la excusa perfecta. Pero por el contrario, somos nosotros -los humanos- los que mal interpretamos, los que sacamos conclusiones apresuradas, los que generalizamos y los que nos equivocamos. Y entonces el lenguaje se hace tan vulnerable, incluso estúpido y torpe, porque aquello que debería servir para hacernos entender, sólo nos conduce a mutismos y a peleas tontas. 

domingo, 21 de diciembre de 2008

Absurdo total


¿Qué absurdo suena todo no? Así me parece a mi cuando piensas sin lógica y crees que todo el mundo está exagerando y que tú eres el poseedor de la cordura. ¡Qué lástima! Sería mucho más fácil si tuvieras un poquito más de inteligencia emocional para comprender lo que el resto siente. Y sin embargo, siempre ese egoísmo ahí, a flor de piel, que te impulsa a desechar cualquier otro sentimiento distinto al tuyo, cualquier otra opinión, cualquier otra visión que pueda estar sustentada en algo llamado corazón. ¡Qué frialdad! Y con qué poca sabiduría enfrentas situaciones que te colman la paciencia, que afectan el centro de tu estima y ego. Simplemente es mejor cortar y punto, ¿no? Te taimas, y te comportas como un niño chiquito en plena pataleta. ¿Seré masoquista? Al menos una trayectoria larga tengo en mi vida de meterme con los inadecuados, con los rebeldes, con aquellos que están llenos de problemas y necesitan ser salvados. Es casi un arquetipo junguiano. Y en tu caso, no sé qué polo negativo me sedujo contra mi voluntad, pero sí que logras desesperarme, sí que logras que yo quiera decir adiós a todo para volar lo más lejos posible. ¿No es ya un absurdo total?

sábado, 20 de diciembre de 2008

Coquetos y sobrios

No juguemos a hacernos los deshinibidos, los que estamos fuera de control, porque no es cierto. Aquellos tiempos fogosos ya pasaron, aquellos momentos en los que nuestros ojos eran los evidentes ya acabaron años atrás. Y no sé por qué insistes, con tus copas de más, en querer desearme con los labios y el cuerpo, si hubo una época para eso y ninguno de los dos aprovechó la ocasión. No me mires otra vez con esos ojos llenos de malicia, ni me sonrías con esa boca tímida y coqueta a la vez. Ya sé qué tiene para decirme y yo no lo quiero escuchar. Guardo compostura, yo tengo otros caminos avanzados ya. No me toques la piel, como solías hacerlo, ni intentes abrazarme secretamente, porque conozco todos tus trucos, me sé tus planes de conquista no sólo al derecho sino también por el revés. Y nada de eso hace efecto, sólo me pone nerviosa echarlo todo a perder. No me digas esas cosas brutales de cómo me quieres en tu cuerpo, ni tampoco lo que desearía tu piel hacer. No juguemos a los deshinibidos, por suerte yo estoy sobria para saber cuándo detener.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Mensaje de amor

Una botella de vidrio viajaba en aguas tranquilas, y su cinta dorada flameaba con cada oleaje al ponerse el sol en un mar no descubierto. Y dentro de la botella había un mensaje sin destinatario, un pequeño papel, un pergamino quemado en los costados. Y cada noche, al subir la marea, la botella avanzaba unas leguas más lejos desde donde había partido. No había propósito específico para aquel cristal, sino nada más que encontrar un sueño, seguir huellas mágicas, pues el universo y el cosmos se habían unido en el infinito para que el mensaje llegase a unas únicas manos, a unas líneas suaves y unos labios secretos. Y esas manos y esos labios contenían una historia en sus ojos, ojos que a su vez deseaban descansar en un abrazo nuevo, en una fuente de energía que lo hiciera despertar otra vez al amor. Y desde un faro blanco con puertas y persianas azules, una ventana dejaba entrever una luminosidad plateada y diminuta, con olor a sal y a sirenas. Y aquel brillo dibujaba estrellas y caracolas en su habitación, las que bailaban de una pared a otra al compás de una música dulce y graciosa. Acoplada a la noche, la muchacha le sonreía a la luna mientras un poema lejano sonaba en sus oídos. Y desde una costa de arena blanca y espuma rugiente, un muchacho cantaba una canción de amor con una botella en sus manos. Y repetía las frases de un verso que conservado en el cristal, llamaba en silencio a las hadas y a la ilusión. Un barco y una brújula era todo lo que tenía, y sin embargo, nada más necesitaba para emprender aquel viaje de amor. Con su flauta le cantaba a los delfines mientras su pequeña barcaza se abría tímida en el ancho horizonte, y en el faro una muchacha caía dormida en los brazos de la luna, esperando en la torre, un corazón que la quisiese despertar.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Bóveda celeste

Una noche de luna y un paisaje sin colores evidentes. Todo era nuevo, todo estaba ahí en blanco para descubrir y dibujar. No importaban las líneas, ni los destellos, no había ninguna cosa escrita que impidiera palpar las propias huellas en trazos de arena, o soles pensantes. Ni siquiera había olores, ni figuras, sólo había un puñado de plastilina listo para ser utilizado, para ser manipulado en unas únicas manos de sueños constantes. Y entonces la luna ilumina una playa y unas mariposas, y se pueden oír sus pequeños aleteos como una armónica música de violines. Y el mar es silencioso porque no es mar, es un mundo tranquilo, una esfera gigante de sentimientos guardados en un baúl que pocos han de conocer. Y las estrellas se convierten en polvo brillante, y eso también sirve para decorar, y con lentejuelas pinto mi cielo, y en lianas de seda me quedo a descansar después de tantos viajes sin razón. Así ha quedado el universo. En suspenso hasta que la bóveda celeste esté lista para volar.

martes, 16 de diciembre de 2008

Al reverso de un cuaderno


Antes, escribir era un ímpetu contenido. Algo en lo que siempre podía depositar sensaciones, pensamientos y sentimientos. Podía colocar lo que yo quisiera sin límites. Las servilletas o el papel dejaban a la tinta escapar sueños e ilusiones, y una que otra caricatura repetida en mi disco duro del arte callejero. Escribir era casi un hábito, una costumbre que aparecía con el primer té de la mañana, para no acabar nunca, pues ni en aquellas horas en las que el cuerpo duerme, mi cabeza dejaba de maquinar. Cómo olvidar esas noches en las que se hacía necesario encender la luz y garabatear todo en cualquier papel, para al día siguiente no olvidar las buenas cosas que se me habían ocurrido. Parece ser verdad entonces, que a algunas personas, el cerebro les funciona mucho mejor durante la noche. En fin, escribir era algo muy propio de mi. Un poco de caldo de mi propia melancolía, de mis insatisfacciones, de mi vida cotidiana, y de ciertos mundillos paralelos. Era pasear por las calles, observando en silencio, y sentir que cada cuadra tenía algo que decir. Y sin embargo, hoy escribir está un poco más renegado. No sé por qué. Siento que sigo teniendo emociones o la necesidad de describir cosas, pero es como si me faltaran las palabras exactas para ponerlo por escrito. O quizás soy más feliz y tengo menos contenido para descargar. No sé, es extraño. Antes no concebía mi existencia sin una frasecita por aquí, o unos pensamientos por allá, o ciertos poemas al reverso de un cuaderno. Ahora es casi como si no tuviese nada que contar. Millones de páginas en blanco, y un lápiz sólo esperando, esperando tranquilo y paciente. 

domingo, 14 de diciembre de 2008

La melancolía


¿Por qué será siempre la melancolía? ¿Ese vicio barato el que motiva el puño, el lápiz y la tinta? Todas las veces hay un impulso feroz, y descontrolable. Es cuando tengo una especie de rabia, un volcán a punto de estallar, que los versos comienzan a aflorar y las melodías aguerridas cantan por sí solas. Es como una energía visceral, que partiendo de un sentimiento negativo o de alguna herida, termina por expulsarse en una catarsis casi freudiana. Y si lo pienso, algún grado de neuroticismo oculto debe haber en esto, algo que me impida controlar las emociones al punto de tener que escribirlas de una vez, para poder vomitarlas y descargarlas. Ir perdiendo los afectos de a poco, como se dice. Algo raro es sin duda, porque es como una furia que me quema dentro, y que no puedo detener. A veces me arrepiento de ella, porque la furia llega más rápido a mis labios y a mi voz, de lo que mi cabeza puede pensar. Y eso me ha traído más que alguna desventaja de vez en cuando. En cambio otras veces, el fénix se defiende solo, y protege sus intereses, o los míos. No es que tenga un alter-ego, sólo refería que, en ocasiones, la furia actúa con justa razón para evitar perjuicios a la propia persona. En fin, todo esto partió, por la dichosa melancolía, y aparece, aún cuando no se le haya invitado. ¡Qué falta de decoro!

viernes, 12 de diciembre de 2008

Let the judges frown

Dejemos que los jueces juzguen el amor como ha de ser. Dejemos que decidan, que den pruebas fehacientes de cómo las cosas debiesen funcionar, pues si bien en el derecho del amor no existen códigos estrictos, ni leyes absolutistas, cierto pergamino básico que nació con la primera pareja de la humanidad, Adán y Eva, explica cánones sociales, otorga ciertas pautas y ciertos compromisos que, no entregando seguridad total, promete cierto nivel de agrado y de éxito. Hoy dejemos que los jueces decidan si lo que tenemos es válido, si es que nuestro amor es fútil, o por el contrario, una rosa que ha de ser cuidada con sacrificio y respeto. Porque no sé si llevar nuestros alegatos día por medio, nos conduce a nada legal, mucho menos sano, para ninguno de los dos. ¿Existe algún resquicio que nos saque de este barco que se hunde? ¿Algún artículo no descubierto? ¿Alguna sentencia no probada? Porque lo que nos une a veces parece destruirnos, y entonces el contrato comienza a quemarse por sí solo. Se deshacen sus letras y sus pequeños pie de página de a poco, tal cual se desgasta lo que siento, y probablemente, lo que tú sientes también. No queda ninguna escritura verdadera, ni ningún argumento que no haya sido usado ya. Así que, vayamos a la Corte, que los jueces decidan, que los jueces lloren por mi.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Caretas

Cómo pasa el tiempo con sus altos y bajos. Con sus ganancias y sus tropiezos. Con expectativas y fracasos, y a veces alegrías y otras llanto. He tenido dos días completamente solitarios donde las nubes me han hecho pensar tantas cosas. Y entonces el estado de ánimo ha fluctuado por los más diversos polos extraños. Y mientras pensaba se me apretaba el estómago, y parecía que en cualquier minuto iba a vomitar. Hoy desperté, por tercer día, con esa misma sensación, y con las ganas de no querer levantarme. Sin embargo, cuando sonó la alarma, algo hubo que me dio un poco de fuerza. Y corrí bicicleta abajo por las calles, y uno a uno fueron despareciendo los miedos, la rabia, la pena, y todo eso que tenía guardado en mis ojos y en mis manos ya gastadas. Sentí la libertad. Sonreí. Pero justo ahí, con las nubes otra vez, comenzó a sonar en mis oídos "Lo Echamos a Suertes" de Ella Baila Sola. De las 1800 canciones que tengo en el ipod tenía que salir esa. Mal Mal. Todo volvió a mi cabeza, los pensamientos y sobre todo la rabia. Siento dentro que es la peor decisión que podrías haber tomado. Esta tontera en la que estamos es simplemente ridícula. Porque para mí, a cada día que pasa, junto más rabia hacia ti. Te das importancia, y piensas que puedes disponer de mis emociones, sentimientos, y de mi tiempo a tu antojo. Yo no soy tu muñeca de felpa, ni la vecina de al lado. Ojala algún día comprendas eso. Por ahora lo único que puedo decirte es que a veces me sorprende ver lo poco que te conozco, y esa personalidad sorpresa con la que de repente apareces, como si tuvieras dos caras distintas. No sé qué buscas lograr, porque en realidad no haces más que empujarme un poco más lejos. Y entonces me da risa, porque pareciera verse calcado en ti, un chiste para mujeres: el prototipo de hombre que se hace el loco, como si nada hubiera pasado, y cuando intentas decirle cómo te sientes, él dice que exageras. En fin, lo único que queda en mi cabeza en este día es dicha estrofa de la canción: "será que la rutina ha sido más más fuerte, se han ido la ilusión y las ganas de verte, pero me cuesta tanto decirlo a la cara, aguanto un poco más o lo echamos a suertes".