Alma podría recitar poemas de memoria o leer novelas completas en una sola noche. Podría resolver ecuaciones químicas, reconocer las banderas de los países e incluso dar cátedra de reglas ortográficas, pero cuando se trata del amor, ni siquiera Alma tiene todas las respuestas. No hay sólo blancos o negros. No hay cosas simples, aunque a veces parezca que lo son. Es como la ley del multiverso; existen demasiados universos con naturaleza propia, que suceden como realidades alternativas a cada momento, con hipótesis diferentes, con historias que dependen de fragmentos de segundo, de personas, de decisiones, de miradas y de besos que se dan o no se dan. Alma dijo sí con sorpresa y alegría, como si tanta emoción no pudiera contenerse dentro de una misma piel. En el otro universo, Alma muere de miedo de que enamorarse lo cambie todo, o más bien dicho, le aterra que sus soledades puedan recrearse y repetirse.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
lunes, 8 de julio de 2019
miércoles, 3 de julio de 2019
Ámbar
Ámbar no sabía que reír tanto podía producir dolor físico. Y esa taza de café compartida a las tres de la madrugada mientras afuera la lluvia estallaba fuerte contra el pavimento le parecía surreal, como sacada de una película de amor adolescente. ¿Casualidad? ¿Destino? Ámbar pensó que cuando menos planificas suceden cosas así; como un guante lanzado a la nieve que alguien encuentra, o como dos ojos que se conocen de toda la vida pero se ven por primera vez. Las manos le tiemblan inseguras, pero el resto de su cuerpo electrizado tiene las certezas. Se dice, "quizás esto es". Y una música de James Bay le recorre por las piernas; "Put your hands on my body just like you think you know me, want your heart beating on me, don´t leave me hot and lonely, I don´t usually give in to peer pressure, but I'll give in to yours", como diciéndole que está bien aflojar. Ámbar le entrega su número con una sonrisa, y entonces, la promesa de una eternidad queda sellada en una servilleta de papel.
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