
En una estela de mar palpitante, ahí donde las líneas del cielo y el océano se hacían invisibles, un sol incandescente daba vida al amor, a la magia, a la amistad. Y mientras los cuentos de hadas se hacían realidad con el canto de las gaviotas, una mujer, pequeña y a la vez mayor, se preguntaba por su destino en el mundo. Ya no era niña, not anymore. Había crecido tanto, entre experiencias nuevas y unos cuantos dolores guardados. Y sin embargo, muy en el fondo seguía siendo la misma de siempre. Enamoradiza, ingenua, aventurera, solitaria, risueña. Seguía estando su retrato en la espuma del mar. Y con cada rayo ardiente, un aroma a frutas, mezclado con sal y chanel. Tantos recuerdos, tanto aún por recorrer. Anhelaba un viaje, algo nuevo con qué soñar. Algo ahí que le dijera que todo estaría bien. Un horizonte de colores sólo para ella. Sólo para estar en paz. In grace. Alguna gota de lluvia que la hiciera sonreír otra vez.


