Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 28 de mayo de 2014

Pensamientos políticos

Durante estas semanas, la esfera política me tiene en medio de las reflexiones; la reforma tributaria, la reforma de educación, la despenalización del aborto, etc.

Y precisamente a este último quiero referirme en esta ocasión.

Cuando empiezas a meterte en el tema, leyendo comentarios "pro vida" y a favor del aborto, creo que es difícil llegar a una simple conclusión. 

Sin embargo, pienso ¿cuándo sí y cuándo no? Tenemos realmente el poder, como seres humanos, para decidir y definir lo que sí es vida y lo que no? ¿Lo que debe o ha de nacer y lo que no? ¿En qué circunstancias y cuáles no?

Al leer experiencias de mamás que han sido víctimas de violaciones, siempre siento que debe ser muy complejo enamorarse de esa guagua, cuando en realidad, al pensar en ella lo único que haces es re vivir una y otra vez una situación traumática y dolorosa.
Y cuando los defensores de la vida reclaman por los derechos de esos niños o niñas, pienso, ¿cuál será la calidad de vida de esos pequeños? Merecen venir al mundo, ser odiados por sus mamás, poco queridos o incluso dados en adopción?

Claramente no, y me da mucha pena. 

Después, pienso también... ¿es nuestro deber determinar cuál será esa calidad de vida? 

Porque pareciera que el ser humano es cada vez menos tolerante a recibir la dificultad, pareciera que quiere todo fácil, todo simple, como cuando se habla de evitar que nazcan niños con síndrome de Down o cualquier otra discapacidad. Y teniendo una hermana con una discapacidad, cada vez creo con mayor convicción, que la amo como nunca. Y que no imagino nuestra vida sin ella (aún cuando hayamos pasado y sigamos pasando por muchas dificultades y vaivenes en el camino de entenderla). Cada vez más, me doy cuenta, de que ellos también son necesarios, que vienen aportar una forma de ver el mundo distinta a la que tenemos "los demás", que saben amar y comprender las cosas de otra manera.

Entonces, les digo a los pro aborto, ¿somos nosotros los encargados de hacer "selección natural", de promover una "buena" evolución? ¿Qué sociedad es la que finalmente queremos formar? 

Porque pareciera que estamos dando el mensaje de que podemos evitar la muerte, evitar las enfermedades, decidir qué ha de nacer y qué no, como si fuéramos los dueños del mundo y peor aún, de la vida y la muerte. 

Es un poder demasiado grande, a mí parecer. 

Un poder que en la sociedad en la que vivimos, que no sabe auto gobernarse, que no sabe distinguir lo correcto de lo incorrecto, que no sabe ponerse límites, que sólo demanda derechos y no cumple deberes, que espera que todo caiga del cielo y se lo entreguen gratuitamente sin ningún esfuerzo... puede ser muy mal utilizado.

No sé, finalmente, ¿qué hace que una posición o postura de opinión sea más válida que la otra?

¿Las mayorías políticas?

¿Las evidencias científicas?

¿Los índices estadísticos?

viernes, 9 de mayo de 2014

Historia de amor (4)

Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. Un amor que yo creía imperecedero e intocable. Un amor que me esforcé por creer que sería infinito y que podría superar cualquier cosa.

Pero en realidad, esa historia de amor no perduró.

Y después seguí caminando, como una película en cámara lenta. 

Llegó el verano. Y de cierta manera mi energía se renovó, pues hasta entonces pensaba que ya nunca volvería a sentirme como fuego que se quema, ni que se puede ser codo a codo con alguien, casi consumido por amor. Ya nada me parecía tan intocable ni tan mágico, ni menos infinito. Dudé incluso, de si alguna vez sería capaz de reescribir acerca del amor. 

Pasó el otoño y el invierno, y a cada árbol caído sentía morir mis propias hojas, piel marcada de historias que iba abandonando al lado del camino. Un viaje que sólo hablaba de pérdidas, de soledad, de batallas hacia la independencia y la reafirmación. 

Entonces continuó corriendo la primavera, el verano otra vez, el otoño y el invierno... como un ciclo de vida inalterable.

Y lo mismo pensé de mí, ya que durante mucho tiempo me sentí igual de estancada que un viejo pozo, sin saber qué quería ni a dónde debía ir. La melancolía del invierno vino de la mano con aquellas dudas acostumbradas, con los deseos de marchar con mi mochila y nada más, los intentos de escapar (probablemente de mí misma). Pero lo superé. No fui. No caí a la tentación del viaje del errante.

Esperé. Y a la siguiente primavera, ésta trajo consigo una posibilidad que ahora la pienso como cósmica, reencontrarnos, un año después.

Florecí.

Hoy y ayer escribí una historia. He recorrido tantas cosas que me sorprendo de mí misma. Hoy valoro cada una de esas estaciones, con sus altos y bajos, pues han sido parte de la evolución y del crecimiento, de la formación de mi ser. Aún así, mi historia de hoy es distinta, es más fuerte, es otra historia de amor. Una nueva, una que vuelvo a sentir como gigantesca dentro de mí, titánica. Como "The One".

Quizás, la historia siga hablando de mi vulnerabilidad, de las cosas que me dan miedo compartir, de mi espíritu indomable, de mis deseos y temores. Pero así y todo, hoy siento que no estoy sola en esta vorágine. Siento que amo, que puedo volver a explotar y renacer contigo.

Que la espera fue descubrirte, y sólo maravillarme.
Que la espera fue aprendizaje, para luego darte mis manos abiertas.
Que la espera fue mirarte y entonces, saberlo.

Seré breve

El amor no tiene que ser perfecto,
tiene que ser contigo...

viernes, 2 de mayo de 2014

Amanecer

Despierto temprano. El día está nublado, pero no adentro de la pieza. Adentro hay besos color pastel, un tinte a sepia, tenue y tranquilo. Sonrío y me estiro hasta tocar el cielo. Abro las cortinas y me sorprendo... la quietud y la paz que viene de afuera me invade. No se oyen autos, no se oye la ciudad, no se oye el tiempo. Todo es tan verde, rodeado de hojas otoñales, de flores con gotas de lluvia, de un suspiro abrazado a mi cintura.
Vuelvo a sonreír. Soy tan feliz. Respiro aire fresco fuera de la oficina, siento tu calidez a mi costado. Y después de eso, no hay nada más que podría querer. Contigo me ilumino, contigo amo, contigo siento y vivo como nunca antes. Descubro la alegría y me siento parte de la naturaleza, como si de a poco hubieras tomado mis piezas en tus manos para componerme de nuevo y así sacar lo mejor de mí. Y entonces te miro y pienso, ojalá esta sensación nunca se acabe porque cada parte de mí ya te pertenece.