Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

jueves, 28 de febrero de 2013

Ojos tristes

Corren los coches fuera de la ciudad. El sol hace su humilde descenso a través de las cortinas de mi cuarto. Una suave brisa baila con mi cabello, acaricia mis mejillas. Y la luminosidad me inunda, mientras miro las calles, los edificios, la arboleda. Mis ojos se tiñen de color miel con la luz del comienzo del atardecer. Y afuera hay tanto ruido, tantas bocinas. Más no en mí. Ahí donde yo estoy, junto a la ventana, sólo hay silencio, hay preguntas, hay inconsistencia y soledad aguerrida. Comprendo el cambio, empiezo a sentir lo que sabía que sentiría. Creía que estaba preparada para esos sentimientos, y parece que no lo estoy. Supongo que en realidad, nunca se puede estar demasiado preparado para nada. Ni para la pérdida, ni para el dolor, ni para sentirse solo. 
Aparecen unas cuantas nubes, y aún así el cielo brilla de un celeste intenso. Las sombras empiezan a formarse al costado de los edificios con la bajada del sol, con el aumento de la brisa. Todo parece tan quieto, tan inmóvil desde aquí arriba, desde mi balcón. Y mientras suspiro, fotografío cada instante en mi memoria, cada cosa con su emoción, con lo que siento aquí y ahora. Nadie puede arrebatármelo, ni restarle importancia. Nadie puede verlo ni sentirlo de la misma forma que yo. Nadie puede decirme qué está mal o qué está bien. Nadie puede hacerme sentir mejor diciéndome que todo pasará.
Se hace tarde, después de unas cuántas horas frente a la ventana.
Después de suspirar, de querer regresar. 
Ya es, demasiado tarde.

martes, 26 de febrero de 2013

Una historia de amor (2)

Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. 
Un amor que parecía sacado de un libro de Jane Austin. Un amor que era imperecedero. Que nada ni nadie lo podía tocar o afectar, ni siquiera el tiempo, ni el crudo invierno.
Era sin duda, una historia de ficción, pero también, tenía algo de realidad. Cada personaje compartía mis miedos, mis esperanzas, mis ilusiones, mis amores, mis tormentas y asperezas. Y si bien era sólo una historia, tenía tantas cuotas de mí realidad. De esa torcida. De esa estacional. De esa solitaria. De esa mágica, triste, apasionada, vulnerable, enamorada e ingenua, forma de vivir.
Era una historia que de a ratos se escribía con sangre, la mía.
Hoy y ayer escribí una historia. Y a medida que las épocas pasan, ya nada me parece tan obvio, ni tan evidente, infinito e intocable. Supongo que la cotidianeidad terminó por alcanzarme. Supongo que comprendí que la vida no es como los libros, aún cuando quisiéramos postergar esa fantasía un poquito más, sólo el tiempo suficiente para capturar un amor en una botella y que así no muera jamás.
Hoy y ayer, y hace más de dos años, escribí una historia. Dice mucho de mí, de lo que alguna vez quise, de lo que nunca conseguí. Dice mucho de mi fragilidad, habla de todo lo que he perdido en este viaje de crecer y madurar. Dice acerca de lo que no he vivido aún, de los cambios, los ciclos. Dice más de lo que podría soportar.
Y hoy, por sobre todo, tengo claro, que ya no es una historia de amor.
Nunca pudo serlo en realidad.

domingo, 24 de febrero de 2013

Another goodbye to our list

Nos hemos dicho cosas terribles. Nos hemos mirado a la cara. Nos hemos despedido tantas veces ya, y sin embargo, aquí me siento, como si me estuviera despidiendo otra vez. 
This twisted, toxic thing between us is definitely not love. 
And we have hurt each other quite enough, quite deeply. 
At least, you did hurt me. 

jueves, 14 de febrero de 2013

V'day

Creo que podría tan solo morir de amor y desamor.

Rather than anything else, give me truth

La búsqueda de la verdad. ¿Es siquiera posible? No sé si seré sólo yo, o si a alguien más le ha pasado, pero parte de existir, de ser, tiene que ver con buscar la propia autenticidad. Reconocerse a uno mismo en medio de los demás. Encontrar aquello que da sentido. Sentir que se vive en el mundo de acuerdo a aquella fuerza primaria que nos rige, cualquiera sea ella. Descubrir el lugar en el cosmos. ¿Cuál es mi verdad? Pareciera que se nos ha enseñado mal qué es lo que importa. Se nos inculcan necesidades, de todo tipo y siempre hay alguien listo para venderte lo que necesitas. Como si la vida consistiera en adquirir y acumular; autos, profesiones, casas, computadores, familias, hijos, etc. Con su ritmo propio y acostumbrado. Como un paquete pre-sellado, recién salido de fábrica. Y cuanto más uno quisiera ir en dirección opuesta, terminas cayendo igual en el sistema. ¿Cómo sería vivir más conectados con la naturaleza, con el lado salvaje, con el sí mismo? Tener el valor suficiente para someter a prueba lo típico, lo común, la cantidad de basura que se nos vende para ser "felices". Desafiar más a menudo las presunciones, lo que ya está escrito, lo que debiera hacerse. ¿Cuál es mi verdad? ¿Soy acaso la única que se lo pregunta? A veces me es difícil tener claro a dónde voy ir a parar. Tengo metas, sí, tengo sueños también, pero cuando los piensas a fondo, sólo es más de lo mismo. Más de lo que te han dicho que debieras lograr, tener, alcanzar. Quisiera imaginar cómo sería despojarse de todo y sólo partir. Sin ningún destino en particular, sin ninguna tecnología ni razón. Uno mismo y una mochila. Sólo buscar la verdad, siquiera existe alguna. Cómo sería perderse en la naturaleza, inundarse de ella. 

To feel strong

"When you forgive, you love. And when you love, God’s light shines upon you". 
(Jon Krakauer - Into the Wild).

miércoles, 13 de febrero de 2013

Reserva del '99

Una de esas noches donde miro la pantalla. Sólo veo correr los segundos, esperando algo, algún sentimiento que desborde y quiera salir en vez de quedarse atragantado. Está ahí, lo puedo sentir, pero finalmente, sólo puedo tipear más de lo mismo, más de la misma basura de siempre. A veces no las puedo detener, sólo vienen, sin razón apartente. Me refiero a las lágrimas. Esos aterradores pedazos de melancolía e incertidumbre. Traen consigo su lista de preguntas, su baúl de recuerdos y aquella fina reserva de soledad embotellada en 1999. Tiene un exquisito gusto, delicado, tan amargo y doloroso. Como cada parte de mi alma de tanto en tanto. Que sube y baja. Que se asienta y se desbarata. Que no logra encontrar un centímetro de paz. No, ni siquiera uno. Luego vuelvo a pensar, aquello que suele cruzarme por lo menos una vez al año; algunas cosas sencillamente no debieran existir, y entonces, ¿cuál es el puto subtexto que no he podido leer? ¿Siquiera hay alguno? Miro por la ventana. La ciudad está tan tranquila, tan dormida. Y yo, simplemente no las puedo detener. 

lunes, 11 de febrero de 2013

Fucked up

Todavía sigue todo muy jodido para mí.
O talvez, yo soy la jodida y nunca pueda dejar de estarlo.

Narrativas y realidades

Se me enseñó, durante la mayor parte de lo que fue mi vida universitaria, que el ser humano construye realidades, y que la manera en que significamos los eventos determina, por lo tanto, dicha construcción. Siempre creí que esa aseveración tenía tanta lógica, me parecía casi obvia. Y a pesar de "comprarme" tal discurso por completo, nunca era demasiado fácil pensarlo lo suficiente como para llevarlo a la práctica con consciencia, detenimiento y convicción. Al contrario, creo que con frecuencia caía en ver los lados oscuros, en culpabilizar a otros por ciertas cosas, y en ver la realidad como algo que ocurría sobre mí (muchas veces incluso en mí contra), ajeno a mi voluntad y a mi poder de decisión. Y bueno, talvez sí, talvez no. El punto es, que no seríamos nosotros sin nuestras narrativas. Pero, ¿qué sucede cuando nuestras propias historias son las que nos hacen daño? ¿Debemos cambiarlas? ¿Debemos cambiar a los demás? ¿Debemos mirar lo positivo como se nos suele decir? ¿Encontrarle el famoso "para qué"? Quizás, ¿todas juntas o ninguna? A veces, se vive sobreviviendo a tales historias y no realmente amando lo que se hace, quien se es, para dónde se va. Si pudiera pensar en alguna respuesta, creo que sí. En parte construimos narrativas, pero también las personas y las relaciones que establecemos con ellas nos contruyen. No sólo los hechos, las situaciones, los eventos desafortunados, sino además, las interacciones y sus respectivos modos de funcionar. Cuando digo esto, pienso entonces, que efectivamente frente a ciertas experiencias corresponde a nosotros mirar lo positivo y modificar las narrativas. Esto implica ajustar expectativas, reordenar prioridades, bajar defensas, construir muros cuando sea necesario, y dar lo que a uno le nazca sin importar cómo las otras personas lo retribuyan. Entender que algunas relaciones pueden no ser tan recíprocas y que sólo es hora de "cortarlas", modificarlas o reordenarlas, cuando a uno le molesten. Puede ser necesario tener que construir una nueva realidad, o una nueva forma de relación, o ninguna. Ahora, frente a otras experiencias, quizás lo anterior no será posible. Buscar el puto significado talvez no ayude. Al revés, contamine. Por lo que, en vez de eso, una sugerencia mejor sea no tratar de comprender lo que no se puede y llegar a algún punto de aceptación que no conduzca a la rabia ni a la mera sobrevivencia, sino a una especie de paz con uno mismo. Lo sé, parece un consejo otra vez tan obvio, sin embargo, puedo dar fe de que yo todavía no lo logro. Aún así, me queda la ilusión de creer que, a pesar de ser difícil, éste sea un camino posible de conseguir.