
Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. De esos que duran. De esos que son eternos. De esos que logran sobreponerse a todo y resolver cualquier dificultad. De esos que al parecer, ya no existen, y si existen, sólo están en mundos mágicos o en el imaginario de Disney. Era sin duda, una historia de ficción, pero también, tenía algo de realidad. Un poco bastante. Todos son personajes, creados, inventados, recopilados, como sea. Y si bien son sólo personajes, meros actores, todos tienen algo de mi. Algo de mi realidad. De esa torcida. De esa solitaria. De esa mágica, triste, apasionada, enamorada e ingenua, forma de vivir. ¿Qué es realidad y qué es ficción? ¿Hasta dónde llega la tinta del lápiz y hasta dónde es realmente vivir? Hoy y ayer y hace más de un año, escribí una historia. Dice mucho de mi, dice mucho de lo que no he vivido aún. Dice más de lo que podría soportar. Y hoy, por sobre todo me pregunto, si seguirá siendo, una historia de amor.




