A los 10 años decimos: te quiero mamá.
A los 15 años decimos: no molestes mamá.
A los 25 decimos: me voy de la casa mamá.
A los 40 años decimos: No te vayas mamá.
A los 55 años decimos: Daría lo que fuera por estar 5 minutos con mi mamá.
Qué sabias estas palabras. Ejemplifican en su visión más acotada, la evolución de la vida, la demostración de nuestros afectos, y cómo vamos cambiando nuestras percepciones a medida que vamos creciendo.
Una vez te escribí, que cuando nacemos, se nos recibe con dulzura, nos ofrecen un seno para descansar tranquilos, y la promesa de que todas nuestras necesidades serán satisfechas por una madre tierna y amable. Vemos en esos ojos, el minuto más cálido y la seguridad en cada sonrisa. Así debo haberme sentido yo, sin ninguna duda. No olvido la dedicación con la que nos cuidabas, las cosas entretenidas que aprendíamos, lo mucho que te esmeraste para que fuéramos felices. Esa es la primera razón por la que quiero agradecerte. Que me hayas traído al mundo, aún cuando éste fuera algo loco y difícil.
Hoy, cuando el tiempo ha transcurrido y estamos todos aquí reunidos para celebrar tu cumpleaños número 60, quiero decirte que nunca me ha faltado amor, nunca me ha faltado un corazón que me reciba cuando estoy afligida. Siempre nos has puesto a nosotras, tus hijas, en primer lugar, y nos has cuidado y protegido. Esa es la segunda razón por la que quiero agradecerte. Aún cuando hemos pasado por momentos bajos, siempre te has mantenido fuerte, y nos has sostenido a todos los demás. Has hecho sacrificios tan inimaginables, renunciando a tantos aspectos de tu vida personal, por vernos realizadas y en bienestar. Nos has educado, nos has formado, nos has entregado consejo, ayuda, servicio y felicidad. En realidad, te admiro por la gran persona que eres, por tu temple, fortaleza y resiliencia. Agradezco cada uno de mis días, por todas las cosas buenas que nos has entregado y enseñado, pero por sobre todo, por estar aquí, por ser mi mamá.
Hemos desarrollado una forma especial de querernos, a veces complicada, pero la mayor parte del tiempo, es profunda, cercana, humilde y acogedora. Y finalmente, sin importar la manera, ha sido y sigue siendo, el amor más grande de este mundo.
De la mano vamos hacia el arco iris, y en la playa nos quedamos a descansar. Pues ahí todo es bello, todo tiene un aire tranquilizador, y el espíritu vuela libre, en paz. Te quiero mamá. Contra viento y marea. Con toda mi alma. ¡Feliz Cumpleaños!






















