Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 31 de diciembre de 2011

Te quiero Mamá

A los 7 años decimos: te amo mamá. 
A los 10 años decimos: te quiero mamá. 
A los 15 años decimos: no molestes mamá. 
A los 25 decimos: me voy de la casa mamá. 
A los 40 años decimos: No te vayas mamá. 
A los 55 años decimos: Daría lo que fuera por estar 5 minutos con mi mamá. 

Qué sabias estas palabras. Ejemplifican en su visión más acotada, la evolución de la vida, la demostración de nuestros afectos, y cómo vamos cambiando nuestras percepciones a medida que vamos creciendo. 

Una vez te escribí, que cuando nacemos, se nos recibe con dulzura, nos ofrecen un seno para descansar tranquilos, y la promesa de que todas nuestras necesidades serán satisfechas por una madre tierna y amable. Vemos en esos ojos, el minuto más cálido y la seguridad en cada sonrisa. Así debo haberme sentido yo, sin ninguna duda. No olvido la dedicación con la que nos cuidabas, las cosas entretenidas que aprendíamos, lo mucho que te esmeraste para que fuéramos felices. Esa es la primera razón por la que quiero agradecerte. Que me hayas traído al mundo, aún cuando éste fuera algo loco y difícil. 

Hoy, cuando el tiempo ha transcurrido y estamos todos aquí reunidos para celebrar tu cumpleaños número 60, quiero decirte que nunca me ha faltado amor, nunca me ha faltado un corazón que me reciba cuando estoy afligida. Siempre nos has puesto a nosotras, tus hijas, en primer lugar, y nos has cuidado y protegido. Esa es la segunda razón por la que quiero agradecerte. Aún cuando hemos pasado por momentos bajos, siempre te has mantenido fuerte, y nos has sostenido a todos los demás. Has hecho sacrificios tan inimaginables, renunciando a tantos aspectos de tu vida personal, por vernos realizadas y en bienestar. Nos has educado, nos has formado, nos has entregado consejo, ayuda, servicio y felicidad. En realidad, te admiro por la gran persona que eres, por tu temple, fortaleza y resiliencia. Agradezco cada uno de mis días, por todas las cosas buenas que nos has entregado y enseñado, pero por sobre todo, por estar aquí, por ser mi mamá. 

Hemos desarrollado una forma especial de querernos, a veces complicada, pero la mayor parte del tiempo, es profunda, cercana, humilde y acogedora. Y finalmente, sin importar la manera, ha sido y sigue siendo, el amor más grande de este mundo. 

De la mano vamos hacia el arco iris, y en la playa nos quedamos a descansar. Pues ahí todo es bello, todo tiene un aire tranquilizador, y el espíritu vuela libre, en paz. Te quiero mamá. Contra viento y marea. Con toda mi alma. ¡Feliz Cumpleaños!

viernes, 30 de diciembre de 2011

Últimos deseos

El año casi se acaba, con todos sus pormenores y vaivenes. Con las escaladas y declives. Quién pensaría que en un año pueden pasar tantas cosas, infinitas en número y razonamiento. La mayoría, sin atisbo de lógica, pero al fin, aprendizaje, cada una de ellas. Tantos deseos y proyectos que tenía, sueños que nacían en la cabeza y el corazón, creciendo de inocencia y fantasía,  para luego darme cuenta de que no todos se podían cumplir, aún cuando yo los persiguiera como volantín en la pradera. Simplemente, algunos se me iban a escapar, volando lejos. Ha sido complejo, asistir a la realidad con la consciencia. Poder aceptar, en tranquilidad, paciencia y con humildad. Volver a maravillarse. Y no autocompadecerse. Este año ha sido un viaje largo, en todos los sentidos. Un camino de intenso trabajo, profesional y personal, de autoconocimiento, de no conformarse con las cosas sólo porque las tenemos a la mano. Me ha tocado reescribir los guiones, a veces con dolor, y en otros momentos, con más calma. Y finalmente, no todo es como nos gustaría, esa es una verdad de la vida. Sin embargo, pronto viene otro año. Con papales en blanco para empezar a escribir de nuevo. Y a lo mejor, con algunas suertes por echar. Talvez, las probabilidades aumenten y tenga que pensar en otros sueños que salir a buscar. O talvez no. Quizás sea triste decir esto, pero no espero demasiado. Sólo quiero poder disfrutar de todo lo que esté por venir, y  que la gente que me rodea reciba bendiciones y vibras positivas. Lo que tenga que suceder, habrá de hacerlo. A mi, me tocará sonreír lo más alto que pueda y respirar lo más profundo que alcance. 

martes, 27 de diciembre de 2011

Rosas blancas

Me acordé de ti con tanta pena. Lo difícil que fue ver cómo te ibas poco a poco, día tras día, sin tener que decirlo con el rostro, ni mostrarnos demasiado apenados o con miedo. El tratar de animarte, sin que sonara demasiado falso, ni intentando llenar un vacío con expectativas irreales. El tener que tomarte de la mano sin contarte nuestro dolor, sino que, comiéndonos la tristeza para soltarla luego, en algún otro lugar. El tener que mostrar una sonrisa, aún cuando a veces falleciéramos por dentro. Qué difícil fue acompañarte, en un camino en el que nadie podía ir contigo, nadie podía seguirte. Pero qué tarea más ardua debe haber sido para ti, atravesar una batalla tan dura cuando estabas tan cansada, no decir que estabas asustada para no preocuparnos, mirarnos con la misma sonrisa para hacernos sentir mejor. Tomarnos de la mano con ternura para que no tuviéramos congoja. Qué difícil fue tener que despedirnos, de la vida, del cariño, de tenerte aquí con nosotros, del almuerzo todos los sábados, de los veranos en Con Cón. De tantos minutos. De tantas cosas. 

domingo, 25 de diciembre de 2011

Mi familia

Adoro la gran familia que tengo, llena de tradiciones, de magia, con su globo de deseos y esperanza subiendo al cielo. Las ganas de estar reunidos, el abrazo, la alegría. La inmensa dedicación y esfuerzo que cada uno coloca para lograr que la navidad sea una noche colmada de ilusiones, y no sólo un día más. Para cocinar algo rico y que estemos todos juntos compartiendo la belleza de la vida, la bendición de hacer familia. Adoro la fantasía que se despliega en la sonrisa de los sobrinos chicos, no pudiendo creer al viejo pascuero que viene montado en la camioneta desde la calle, a dejarles los regalos. La locura de bajar los obsequios y empezar a entregar amor. Adoro saber, que después de todo el tiempo que ha transcurrido, de nuevas personas que comienzan a participar, y otras, que ya nos han dejado, que la familia siempre está ahí, para poder acoger palabras de tristeza y recuerdo, y también, para disfrutar el amor y la compañía. Que como mi familia, estoy segura de que no hay ninguna. 

sábado, 24 de diciembre de 2011

Al descubierto

Una poesía libre, al descubierto. Sin tapujos ni ataduras. Sostenida en una caricia sin límite de tiempo. En el fuego, fundiéndose en el aire. Alimentándose del cáliz, saboreando el mar en su osadía. Sube, se convierte, grita tu nombre, se vuelve sobre su espalda para mirar el sol destellando paraísos como azucenas. Se levanta sobre sí misma, se rodea en la estrella de la mañana para luego soltarlo todo. Lo libera. Observa distinto. Más amplio. En convergencia. Se expande la luz. Abraza la existencia. Cierra los ojos. Suelta el lápiz, los cabellos. Acepta y construye. Finalmente, descansa la poesía en un sueño, o en el sueño de un sueño, libre, al descubierto. 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Retenido

Tantos momentos sin compartir, desperdiciados. Que hoy son tan diferentes, como si faltara un ingrediente, o el leitmotiv. Un pedazo de recuerdo, una cubeta de sonrisas. La cercanía, el relato, las alegrías, decírtelo todo. Y hoy, ya no tengo a quién participar. Se produce un vacío después de cada hermosa vivencia. Y por un segundo, te imagino. Luego, pienso que la realidad se ha vuelto demasiado distinta en un fragmento diminuto de tiempo, retenido. Tantos momentos sin compartir, desperdiciados. Tantas ilusiones que ayer significaban algo; una promesa (in)destructible.  

miércoles, 21 de diciembre de 2011

martes, 20 de diciembre de 2011

Navidad

Queda tan poco para navidad. Uno escucha en la televisión o a veces directamente de las personas, el concepto de "recuperemos el verdadero espíritu de la navidad", lo cual, desde mi experiencia, es un objetivo lindo y trascendente. Poder ayudar a otros, hacer feliz a alguien por al menos una noche. Adquiere un valor que es impagable con tarjetas de crédito. Y que a uno lo reconforta por dentro. Saber y sentir que se ha hecho algo por un mundo mejor. Por ver a alguien sonreír. Tan más bonita sería la navidad si la gente no se volviera loca comprando cosas en sus ansias de tener más por tener, y en vez de eso, dedicara un segundo de su tiempo, a cumplir el humilde deseo de otra persona. Todo sería tan distinto si nos ayudáramos más. Sin embargo, al final del día, incluso yo caigo en las listas de compras navideñas y en toda esa locura gringa que convierte la festividad en un sin sentido. Qué ganas de que también hubieran movimientos mundiales en contra de esto. 

lunes, 19 de diciembre de 2011

En el diván (6)

Desde la oficina, las nubes parecen motas de algodón. Todo está en silencio. Excepto, por la leve conversación de los árboles. Todo parece un cuadro, si no fuera por el diminuto movimiento casi imperceptible a los ojos; la rotación y traslación de la tierra. Pero todo eso es irrelevante porque, el tema aquí en cuestión no son los paisajes, sino los interiores. El Diván. 

Hoy quisiera decir puntualmente, que creo que las aristas más difíciles de hacer terapia hasta la actualidad, son sin duda, dos cosas específicas. En primer lugar, y la más obvia... las contratransferencias. Aspecto del cual me he referido en tantas ocasiones y que es, tan odioso en el momento, pero tan divertido de analizar después. A veces uno ve representada su vida o las historias, en lo que trae el paciente, y entonces, se hace complicado desligarse de eso para no aconsejar como si te lo estuvieras diciendo a ti mismo. Este es casi uno de los únicos conceptos que me gusta de Freud. Hay tanto que aprender del rol del terapeuta y hasta dónde él también entra en sesión.

En segundo lugar, saber cómo dirigir a una persona por "buen camino", cuando la globalidad del escenario funciona erróneamente. Quisieras hacer intervenciones en todos, cuando no siempre se puede o las condiciones no lo permiten. O sencillamente, no todos quieren participar de eso. El caso es que, uno siente en esas oportunidades, que es bien difícil intentar generar cambios en la persona, si no realizas modificaciones más amplias a su entorno. 

Sin embargo, hace pocos minutos me di cuenta de que no es tan imposible. Vas uniendo cabos sueltos muy desde abajo, casi sin que nadie se percate, y de repente, las cosas comienzan a mejorar por sí solas. Todo empieza a fluir, con liviandad en el aire, con sentido en las acciones. Y las personas lo agradecen. Hay que ser estratégico. Casi un artífice. Y después del trabajo realizado, me siento tan feliz cuando la gente me sonríe. Cuando me dicen que venir les ha ayudado. Me voy a mi casa pensando: hoy hicimos posible el cambio.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Cadáver exquisito 11

- Blanca pálida, tu rostro, la mañana.-
= Con motivo, sin intención.=
- En la justa medida, para mi pesar.-
= Es que no pudimos cantar.=
- Siempre quise.-
= El cielo en su infinito, tus manos.=
- Sintiendo el arcoíris incendiar el centro.-
= Cabalgando en una duda, vertiginoso.=
- Percibiendo el beso en una gota de silencio.-
= Pero no resultó, el viaje, la luna, ni su manto.=
- En la justa medida, para mi pesar.-
= ¿La calidez o la carencia?.=
- No beber la copa con menos timidez y más osadía.-
= Sin el milagro de la voz, en la ventana.=
- Trayendo las poesías, en mi esperanza.-
= Las cosas cambian en el transcurso, algo se pierde.=
- En la justa medida, para mi pesar.-
= Con motivo, sin premeditación.=
- Bajo la soledad de mi sentimiento.-
= Encima de mi universo, en agonía.=
- La rosa, doliente.-
= Contra la voluntad, clarificada.=
- Más cierta que nunca-
= La pérdida, sobre el color.=
- Mi deseo y emoción, en una delgada línea roja.-

Domingo

Un domingo de esos donde te planteas el propósito y destino de muchas cosas. Descubres que para ciertos aspectos, el tiempo es invariable, casi inmóvil. Y que aún cuando uno desee en demasía que caminen y naveguen, no se puede. Están escritos en milenios, no en segundos, ni minutos. Hay que saber aceptar y entender con humildad, que ciertas cosas simplemente no están bajo nuestro gobierno. Ni apuro, ni voluntad. Sólo suceden. Y no siempre hacia al objetivo que queríamos. A veces se dibujan otros caminos alternativos, que si luego aprendes a mirar bien, algo bueno traen, talvez, incluso mejor de lo que esperábamos. Y de repente, todo vuelve a tener sentido, uno que al comienzo parecía ilógico y absurdo, y que, después de las vivencias, adquiere un nuevo significado. Creo que lo he dicho hartas veces, pero en los momentos actuales me llena de paz saber que todo lo que hay, es el camino, por lo tanto, sólo hay que vivir, aunque a veces no tengamos tan claro el curso, el destino o los motivos. Lo que tenga que suceder, sucederá. Cada cosa tendrá a su tiempo, un sentido.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Paleta de colores

Tantas emociones que no caben en una única paleta de colores. El mundo viene pintado en acuarela, con sus tonalidades, degradé y demases. Experimentas el frío y el calor, e incluso, ambos al mismo tiempo. Y a veces, sin darte cuenta, piensas en celeste, caminas en verde, y sientes algo en una mezcla de gris y rojo. Como si ninguno de aquellos puntos del cuerpo estuvieran interconectados, y cada uno llevara su propia locura dentro. Me gusta imaginar el universo y sus desvaríos en colores. Se me hace cercano. Como parte de aquello que mis ojos pueden apreciar y modificar. O talvez, repintar. Cada segundo es un cambio. Cada cambio es un color nuevo y por ende, una emoción distinta. Me gusta pensar que con sólo traer un color a mi consciencia y a mi corazón, puedo escribir líneas tan diferentes de un mismo paisaje. Y que a veces, es necesario rotar los colores, para no sentirnos demasiado embargados por uno solo. Últimamente he tratado de jugar con los matices, no siempre me resulta.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Salir corriendo

Toda la vida me la he pasado con una sola idea; la de salir corriendo. Del mundo, de aquella. De una cosa o de otra. Me di cuenta de eso hace muy poco. De mis ensoñaciones un tanto ridículas, y de una variedad de verbalizaciones al respecto. Me parece todo muy tonto ahora. La mayor parte del tiempo, paso los días pensando en correr, de donde estoy, de donde siempre he estado. Salir. Como sea. Con ilusiones de papel y fantasías algo ingenuas. Luego, algo sucede. Las estaciones transcurren. Aparece una diminuta porción de calma. Tiendo a sentirme bien. Y de tanto en tanto, la cotidianidad saca a relucir las celdas, sí, las muy bien conocidas y arraigadas, esas de las cuales he querido escaparme y salir corriendo. Justo cuando creo que se han ido, que los barrotes ya no existen, despierto a la verdad del universo, a lo tangible. Entonces, cada parte de mi cuerpo se aterra una vez más ante la realidad manifiesta. Comienzo a trazar los planes de escape, alisto la mochila. Luego, algo sucede nuevamente. Y sin darme cuenta, continúo caminando a paso lento, como si nunca hubiese armado nada. El sol y sus aventuras producen esa ilusión óptica, no obstante, las ilusiones no duran para siempre. El volcán vuelve a estallar. Y yo, siento la misma sensación y necesidad de querer huir de todo. ¿Por qué no podré pensar que la vida sí tiene algo más para ofrecerme?

Tan leve, no me sirve

La esperanza tan dulce 
tan pulida tan triste 
la promesa tan leve no me sirve 
tan débil tan humilde 
no me sirve 
tanta rabia 
no me sirve tan fría 
la osadía
(Mario Benedetti)

La promesa tan leve no me sirve. Esa que se susurra entre líneas, llena de interpretaciones, sujeta a las condiciones de la promoción. No, esa promesa no me sirve, ni lo leve, ni lo falto de coraje, ni lo débil. Los tiempos de hoy están llenos de aguaceros, no me sirve fría la osadía, la incomodidad perfecta ni el silencio otorgado con tamaña indiferencia, el cuarto vacío, no me sirve. Por el contrario, no busco, ni aguardo, lo que deba suceder, ha de hacerlo, con paraguas o sin él. Las batallas se definen, en el tajo de la magnolia, en el estrellado del cielo. No tengo escudos ni armaduras, el cuerpo dispuesto a la aceptación de todo lo que traiga el camino, la esperanza tan dulce o las desventuras del ciego. Lo recibo y entrego todo. Cualquier cosa, menos la promesa tan leve, esa no me sirve.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Arena de vidrio

Un respiro extraño en un cuerpo distinto. Como sentir que todo corre afuera de la ventana mientras tu cuarto yace detenido en el tiempo, dormido, sin ser descubierto. Las persianas están cerradas. No hay frío ni calor, no hay nada. Sólo un sueño desaventurero en un frasco de arena de mar. Cada reliquia capturada en un vidrio que hierve al fuego deslizante. Que va tomando forma en un trueno. Y luego, la lluvia imperceptible, sobre la herida, encima del viento, dentro de la coraza de hielo. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Para amar

Quiero ser una mujer para amar
Un universo para descubrir
La estrella en los ojos de alguien
Y ese beso sostenido en la mejilla.

Quiero ser una mujer para amar
La caricia infinita
El abrazo detenido en el tiempo
Y ese viaje sin destino ni término.

Quiero ser una mujer para amar
Cuando sale el sol, y también en la tormenta
Con mis fortalezas y mis caídas
Y mis ilusiones pegadas a la frente.

Quiero ser una mujer para amar
Y volver a amar con locura
En todos sus colores
Con cada parte de mi figura.

Quiero ser una mujer para amar
Todos los segundos
Todos los días
Cada respiro de mi vida.

jueves, 8 de diciembre de 2011

The finale

Debí suponerlo. Sí, muy en lo profundo de mi yo lo sabía. Siempre. Cómo serían las cosas, y qué no sucedería jamás. ¿Por qué no me escuché un poco más? El instinto pocas veces suele equivocarse, y ahí estaba yo, cayendo como una tonta. Para variar. Queriendo creer en lo imposible. Alimentándome de la fantasía, otra vez. ¿En qué minuto dejé de estar consciente? Yo lo sabía, desde el principio. Lo que sí, lo que no. Las limitaciones, las posibilidades. No sé de qué podría quejarme, salvo, de mi propia estupidez. Que ironía. Tanto que me desgasto en hablar para los demás, y no consigo nada en mi propia puerta. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál fue el sentido? ¿El punto de todo esto? Yo debí suponer, el comienzo, la mitad y su final. 

martes, 6 de diciembre de 2011

Médula (3)

Tired of being... hasta la médula.

Keep it simple

En este minuto de mi vida, quiero desesperadamente, la salida fácil. No más complicaciones ni dramas. Respirar fuera de este metro cuadrado y sentir que me lleno de energía renovada. Que no estoy encerrada en las cuatro paredes de siempre. Que puedo alcanzar algo más y no conformarme con lo que tengo sólo porque está disponible y a mi haber. Que mis oídos escuchen por primera vez, unas palabras distintas, sinceras, traducidas en un vuelo ligero, con armonía. Quiero que alguien me tome de la mano, la apriete bien fuerte, me mire a los ojos y con una sonrisa simple me diga, "vámonos ahora, escapémonos juntos sin importar a dónde. Mi geografía eres tú". O algo así. No quiero más locura en esta insanidad en la que vivo. Ni sentir que esta será mi celda hasta el final de mis días. Necesito cambiar. Tener perspectiva. Volver a lo sencillo. Dejar de protegerme. Necesito encontrar el cómo para no sentir, cada vez que veo donde estoy, que tengo que huir de todo, y de todos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Vida de ciudad

La vida de ciudad, ese trajín de los adultos donde el tiempo corre a la velocidad del segundo y nunca nada es suficiente. Siempre se podría haber hecho más y no dejes nada para mañana. Grandes expectativas, altas exigencias y bajo contacto humano. Y mientras miro por la ventana de la oficina, las paredes de blanco, el viento que sopla, los árboles que susurran, veo gente pasar, al trote, con sus trajes laborales o sus atuendos de verano. El año ya casi se acaba, y sin ninguna medalla. Al contrario, muchas heridas de guerra. Se me pasó todo en un abrir y cerrar de ojos. Las cosas que me han sucedido este año, buenas y malas, pareciera que sólo hubiesen ocurrido ayer. El tiempo vuela, en frente de nuestras narices, y todo cambia tan rápido y a veces, no tanto. Me pregunto qué irá pensando la gente mientras camina. Cuáles serán sus sueños, sus anhelos. Me da sincera curiosidad conocer sus historias, sus travesías en aquello que llamamos mundo. Pienso también, si la majestuosa cordillera sentirá la misma soledad concurrida de ausencias que me asiste en este momento. O si talvez, alguna de esas personas que caminan afuera de la ventana, tendrá un relato lo suficientemente conmovedor como para despertar de esta apatía que siento.

The game of love

En el juego del amor, he perdido todas las veces. Oportunidades, trozos de corazón, porcentajes de confianza y aristas de mi alma. He perdido un sinfín de cosas. Quién sabe bien por qué, sin embargo, me queda la sensación de que nunca fue el momento correcto, o el tiempo destinado a ser. Siempre había algo en el medio. Algo estorbando. Una nota desentonada del compás. Y entre más juego, más pierdo. Tanto así, que ya da miedo seguir arriesgando lo poco que queda. Esa última substancia que da vida. Esa última gota que pueda inspirar y hacer renacer algo de las cenizas; mi yo enamorado del amor. Y entre más juego, menos sé qué quiero, ni qué es lo que me queda para sentir y entregar.

“No te rindas, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo, porque yo te quiero.” 
(Mario Benedetti)

domingo, 4 de diciembre de 2011

Lentejuelas

Aquellos días gloriosos se han ido. Esos donde me sentía brillar, aún cuando no estuviera vestida de lentejuelas. Se han quedado guardados en un baúl de escarlata, esperando, el clima apropiado, o talvez, una certeza que parece no poder asistir a la celebración. La sonrisa típica, esa que sólo era mía, ya no lleva mi nombre, y cada vez me cuesta más traerla de la memoria. Un esfuerzo sobrehumano. Un poco de ficción. Las cartas de siempre. Tanto que ya no es lo mismo, que no me pertenece. Que no lo siento parte de mi corteza, ni de mi relleno. Como si no fuera yo, sino otra, alguien más. Una ola cambiante a la deriva. Y ahora, el traje de fiesta está en el fondo del guardarropa, con la luz apagada, en una soledad casi siniestra. Está olvidado junto a los tacones, y los labios de rojo. Y yo, me he quedado durmiendo en una incubadora, esperando, el azar, o talvez, una mitad de historia sin escribir. Como si alguien más se levantara por las mañanas para vivir por mi. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Dos sauces entrelazados

"Aquello que muere, no se mezcló bien. 
Si nuestros dos amores son uno solo, y tú y yo amamos por igual, ninguno puede disminuirse. Ninguno puede morir".
(Tristán e Isolda)