Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 29 de diciembre de 2012

Chapter II: farewell, adieu

Y llegó el día final. No queda más. Desde aquí digo, Farewell, Adieu. Desde esta pieza escribo por última vez. Qué extaño se siente, ver todo vacío. Pensar que uno pasó toda una vida en un mismo lugar. Y ahora es como que ya no te pertenece. Pero bueno, no tengo que olvidarme de decirme mis frasesitas positivas. Con eso las cosas no se ven tan grandes. El camino se vuelve más pequeño, no así, el dolor. Aunque, nada, ni siquiera la pena, puede ser eterna. Debo confiar en eso. Quiero creer que el 2013 vendrá con experiencias nuevas, con sueños nuevos, con aires renovados. Pienso que talvez, estos serán mis primeros días de paz, de tranquilidad, de sentir. No más prisiones, no más loqueros, no más fingir, no más funcionamientos desorganizantes. Por primera vez, sólo yo y mi pequeña fragilidad, mi pequeño ser. Quizás ahora, tenga tiempo para conocerme más, para seguir afirmándome en mis intereses, en mis opiniones, en mis deseos, en mis sueños. Quizás ahora, pueda al menos, creer que soy un pájaro libre en un mundo finito. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Lo que nunca quise...

Qué increíble. Sólo me quedan 2 días.
2 días para terminar de guardar mis cosas en cajas, de envolver en plásticos, de tapar con diarios. Como si fuese el fin de una etapa,... y probablemente lo es.
Me quedan sólo 2 días, para ir despidiéndome de a poco de todo lo que me era conocido, de mis cobijos, de mis espacios, de aquello que durante tantos años fue mi casa, pero también, de aquello que me lastimaba todos los días.
Va quedando menos, y la gente me sigue preguntando si soy feliz, si me parece que es lo mejor que podía pasarme. Y yo los sigo mirando con la misma sonrisa fingida de siempre, pues, ¿es posible que los demás puedan estar más felices de lo que yo debiera estar, por algo que me sucede a mí? Me miran con esos ojos brillantes como si acabase de conquistar el mundo, lo cual, me parece muy raro. Pero bueno, fingir me ha salido muy bien todos estos años parece, es un buen/mal recurso que aprendí aquí. Sonrío y con eso la gente se queda contenta. No me preguntan. No tengo que decir lo que en realidad pienso.
Yo no me quería ir. Como he dicho otras veces, no quería las cosas de este modo. Y qué estúpidez, creer, que con escribirlo más veces de pronto pueda perder intensidad, mis sentimientos, todo lo que me duele por dentro. Qué estúpidez, pensar, que entre más me lo diga algún día llegue a aceptarlo. ¿Podré curarme de esto? ¿Podré realmente mirar atrás y decir que entendí? Hoy sólo me digo unas cuantas frases para tranquilizarme, para dejar de sentir. A veces me las creo más que otros días. 
El punto es, que sólo me quedan 2 días.
2 días para abandonar lo que yo nunca quise dejar.
Casi irrisorio, ¿no?

lunes, 24 de diciembre de 2012

Decisions have its own costs

Después de todo este tiempo, creo que es la primera vez que no me siento culpable por las decisiones que he tomado. Que no me manipula la ambivalencia de hacer o decir algo y luego preguntarme a mí misma para qué cresta hice eso. No, me liberé. Entregué todo. En esta etapa de mi vida, creo que es la primera vez que me siento consecuente, con mis deseos, con mis sentimientos, con aquello que yo quiero lograr y realizar. Nadie me está diciendo qué es lo que corresponde. Sólo yo me autogobierno. Ha sido un año de profundos cambios, de elecciones, de decisiones. Todas ellas con una cuota gigantesca de dolor, de rabia, de estar (como dije una vez), muy pero muy en el inframundo. Y finalmente, después de todos los temblores las cosas empiezan a estabilizarse, a ir encausándose como un río que ya sabe por dónde tiene que ir. También, es la primera vez que experimento esta sensación de satisfacción y tristeza al mismo tiempo, como de entender que es lo que necesitaba hacerse, pero a la vez, consciente de todas las pérdidas que eso significa, de los duelos. Pero bueno, si la vida me pone este precio, estos desafíos, creo que es la primera vez que puedo decir que estoy preparada y lista para asumirlos, para pagar este costo. Por primera vez, ya no tengo miedo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

To leave

Sólo quedan 10 días.

Estar solo y saberse solo

La triste realidad a la que he ido despertando de a poco:

Después de los análisis y descenlaces, no me queda ninguna figura de la cuál afirmarme. Simplemente, no hay nada. Parece que recién estoy entendiendo esa frase de que "al mundo llegamos solos y nos vamos solos".

Ninguna, pero ninguna de mis figuras queda de pie después de las conclusiones y lecturas que le he podido ir dando a mi vida, no sé si finalmente será así para todos o para mí, si tendrá que ver con adoptar una mirada de excesiva crítica respecto de los roles y funciones, o si efectivamente el daño está hecho y punto, como si algo pudiera tratar de recuperar.

Me voy quedando con esta sensación como que de que ya no queda nada para rescatar. Yo tampoco puedo seguir intentando "salvar" a aquellos que no quieren ser salvados. No puedo forzar las cosas. No puedo cogerlos del brazo y hacer el camino y las decisiones por ellos. Ya no puede ser mi tarea, si es que alguna vez creí que tenía que serlo. No más.

Y al final de todas las batallas, por fin las cosas se me han hecho más visibles. No más negación. No más fingir. Lo que hay, es lo que hay. Y dentro de lo que yo pueda ejercer voluntad, ahí es donde mi mano tiene que trabajar. No donde no me corresponde. No en misiones que no eran mías. Tengo que sacarme esta armadura de soldado valiente, de príncipe al rescate y vivir mis propios procesos, mis propias guerras. De a poco, soltar mis propias corazas y descubrir quién soy, qué hay debajo de mi armadura, o más bien, despertar a mi esencia.

Después de todo esto que escribí, quedará entonces la pregunta de por qué esto ha sido llamado "la triste realidad". Sin embargo, la respuesta es obvia para mí. Hay interpretaciones, mensajes, sensaciones con las que me quedo que van a demorar mucho tiempo en sanar (si es que alguna vez se cicatrizan), y porque además, estar solo y saberse solo, sin tener el sentido suficiente de poseer una figura de estabilidad como para confiar en ella y en otros, para amar, es verdaderamente tomarse una pastilla de melancolía pura, en su dosis más doliente y cortopunzante. 

domingo, 16 de diciembre de 2012

Construyendo un hogar

Qué sensación más extraña es comenzar a formar el propio hogar. Escoger cosas, diseñar, comprar, armar, pintar, etc. ¡Y vaya! ¡Qué casualidad!... también tengo sentimientos encontrados ante esto, sentimientos que oscilan entre la alegría y la curiosidad, hasta la pena y la apatía. Después pienso, que es normal, que no podría ser de otra manera, no por cómo se dieron las cosas, los descenlaces. Y recién entonces como que me siento algo mejor, disminuyen un poco las ansiedades y las angustias. Es parte del proceso me digo. Parte de crecer, de madurar, pero por sobre todo, de diferenciarse, de conseguir esa individualidad que parecía imposible, esa experiencia de sentirse ser-en-el-mundo, y no tener que darle explicaciones a nadie. Sólo ser, y apropiarse de ese sentido de vida con toda la autoestima, valentía y la energía vital. 
Sí. Creo que va a ser un buen fin de año. Un final que era necesario y que no se podía dilatar any longer. Quiero, como he repetido hace algún tiempo, confiar en que algunas cosas tenían que suceder (aunque no fueran de mi agrado, de mi preferencia) para llegar a este momento, que quizás, de no ser así, no se habrían producido los cambios, la sinergia fundamental para movilizar las mareas, los ciclos, los procesos. De alguna u otra forma, tenían que resolverse las cosas, o simplemente morir en el intento. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Goodbye to you

These are my last tears for you.
Las abrazo, las siento y las entrego.
Con todo el cariño que te tuve.
Con todas las mariposas y besos de miel.

These are my last tears for you.
Las dejo en tus manos y me despido.
De una historia que una vez fue de colores.
De aquella historia que no se pudo escribir.

These are my last tears for you.
Que tengas un buen viaje.
De verdad te lo deseo.

Ave fénix

Creo que por fin me liberé de todo lo que podía atarme.

Atarme al pasado.
Atarme a ti.
Atarme a la amargura.
Atarme a la infelicidad.
Atarme a los recuerdos.

Comienzan a cerrarse las etapas, y a aparecer un giro inesperado en los ciclos, o talvez, tan inesperados no, mejor digamos que fueron con premeditación y voluntad, que yo decidí el destino de las cosas, para bien o para mal, esperemos que más para bien.

De esto se trata el fin de año supongo. 
De mirar dónde estás, a dónde has llegado y a dónde quieres ir. 
De renacer, como el ave fénix renace en todo su esplendor de sus cenizas dolientes.
De mirar adelante y confiar en que todo puede mejorar.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

I finally gave up

Quiero decirte que me rindo.

Ganaste, si es que alguna vez esto llegó a ser una competencia. Me has herido de todas las formas posibles, de todas las formas que se puede herir a alguien, en lo más profundo de mi ser. A pesar de pedírtelo mil veces, de que cuidaras los espacios, los últimos sentimientos,  siquiera en respuesta al tiempo, por último apelando a tu consideración.

Y así y todo no pudiste o no quisiste, no sé.

Quiero decirte que me rindo.

Que me cansé, que ya no puedo más con esto. No puedo seguir pidiéndote algo que no sabes dar, que no sabes hacer. No puedo seguir fingiendo que no me importa. No puedo seguir haciéndome la loca y compartir las mismas paredes sin que me moleste.

No puedo más. Ya no.

Quierdo decirte que me rindo. 
Ganaste.
Se acabó.

Una de esas noches...

Una de esas noches donde te sientas a pensar. En dónde estás y a dónde quieres ir. En los caminos y en las salidas. En lo que dejó de ser y en lo que hay. 
Luego... estar en el mismo centímetro de aire que tú, y mirarte a la cara como si con sólo posar la vista fijamente fuese a decirme algo importante, talvez, que nada fue en vano, que algo, por diminuto que sea, aprendimos. Que hoy ya no somos más los niños que éramos. Que estamos listos para seguir adelante, sin mirar atrás.
Luego... estar en el mismo centímetro de aire que tú, y que esa mirada no tenga nada que decirme. Al contrario, parecieran no reconocerse. No sentir ni siquiera un rubor en las mejillas. Pensar, que aquel que tienes al frente, no es el tuyo, ese que solías tener. Que está más viejo o más gordo, que lo que dice son tonteras o que ni siquiera te anima para querer escuchar. Es como estar completamente desencantado, no sólo del amor, sino también del enamoramiento adolescente, genuino, apasionado, loco e intrépido. De ese que alguna vez, nos había unido y conquistado.
Una de esas noches donde a pesar de estar rodeado de gente, de reír, de pasarla bien, tienes breves momentos, fugaces y repentinos, donde los segundos se congelan y te sientas a pensar. En todo lo que ha pasado, el agua bajo el puente, las decisiones y las elecciones. En las personas que están contigo y en las que ya no están, por uno u otro motivo.
Luego... estar en el mismo centímetro de aire que tú, con la consciencia plena de que nos despedimos en un incómodo momento, frío y carente de sentido.
Luego... sin retroceder nos alejamos de a poco, y los centímetros se diluyen, pero sólo una cosa queda bastante claro. Realmente no había nada para decir.

sábado, 1 de diciembre de 2012

De vuelta del inframundo

Primer día del último mes del año. Ni siquiera con mis torpes palabras podría explicar todo lo que ha sido este año, un universo de historias llenas de dolor, de pena, de estar muy pero muy en lo más hondo del inframundo, como nunca en mi vida yo creo. De que te vaya increíble en lo laboral, y ni siquiera poder alegrarte por eso. No poder amar. No tener energías para nada. No querer nada. Y luego, volver de a ratos, a la luz, a la esperanza, a creer que algo bueno puede salir de las cosas, a confiar en que no siempre se está solo cuando se cree estarlo, y que si bien muchas cosas ya están dañadas, hay elecciones, hay cambios posibles. Talvez no todo se puede reparar como yo hubiese querido, talvez no todo podía resolverse como yo quería y punto. Pero algo, algo de misterio hay. Si no soy capaz de pensar eso me volveré loca. ¿Qué saco con seguir dándole vueltas y vueltas a lo mismo una y otra vez? Obviamente nada, sólo seguir torturándome. Queda poco, queda muy poco, y de aquí en adelante a eso dedicaré mi tiempo y energías. Finalmente se acaban las prisiones, esas que yo veía como externas y sobre las cuales no tenía ningún tipo de control, voluntad o poder de acción. Por fin se acaban. Ahora, el único desafío será no aprisionarme a mí misma, con temores, con baúles de pasado, con arrepentimientos y nostalgias. No caer, no volver a los subterráneos. No puedo dejarme estar, o quizás al fin sea el momento de. No sé. Talvez no tengo que pensar tanto ni ponerme tareas, ni expectativas. Sólo vivir el día a día, y ver cómo despiertan los nuevos días cuando llegue el 2013.

jueves, 22 de noviembre de 2012

From the other side of the door

Estar en la oscuridad tratando de dormir y luego, ver la luz que se asoma al otro lado por la rendija de la puerta y oír las voces interminables, la tortura escrita por siglos y sólo querer taparse los oídos para no escuchar. No más, no más de esto piensas, aún en la oscuridad, como si estar más negro por dentro que afuera se convirtiese en una realidad. Como si fuese posible dejar de estar con sólo cerrar los ojos. Como si con decir basta y chasquear los dedos fuese suficiente. Después, todo termina por apagarse y pareciera volver el silencio, pareciera volver todo menos la fe. Esa ya se extravió hace mucho tiempo.

sábado, 17 de noviembre de 2012

De entender a aceptar

Más vale tarde que nunca, los destinos llegan.
Tuve tanto miedo de la inmovilidad que incluso era paralizante.
Y luego un día, algo pasa, no sé si fue piedad o qué...
Pero comenzó a girar la tierra, se encendieron los motores
Y el cosmos se alineó de a poco para que yo pudiera salir
Al mundo, a los nuevos comienzos y dejar atrás las viejas prisiones.
De a poco creo que vuelvo a respirar.
Que los sentidos despiertan, y sí
Estuve triste y de alguna manera sigo estándolo
No resultó como yo quería
Y probablemente hayan muchas cosas que jamás pueda entender
Pero leí por ahí, que a veces no todo tiene que ver con comprender
Sino con aceptar,
Lo que es, lo que venga, las cosas como son.
Y bueno, talvez eso es lo que me queda
Dejar de pensar tanto, de darle vueltas
Y mirar más positivamente las posibilidades
Confiar en que todo saldrá bien.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Pulsión y mente

Todos, por la simple condición de ser humanos, tenemos una sombra. Ese lado más oscuro, menos consciente o simplemente, más reprimido.

"La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o indirectamente, así por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables" (C.G. Jung, 1939). 

"Es aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente. Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc" (C.G. Jung, 1951)

Durante este año, he aprendido a conocer un poco más a mi sombra, a darle espacio y cabida para que me hable. Poder integrarla un poco más, porque en el fondo, también es parte de mí, de lo que soy, de los pensamientos y emociones que tengo. No ha sido una tarea fácil. No ha sido un camino corto el poder reconocerla y darle nombre. #HistéricaDeMierda, esa es.

Quisiera poder decir que mente y emoción son sólo una cosa, y que ya no existe el paradigma tradicional de la separación cuerpo y mente. Sin embargo, sería muy perfecto para ser cierto. En la vida real, los humanos disociamos algunas veces. Dejamos relegado aquello que nos cuesta entender, que no podemos soportar, que es doloroso o que no es tolerable para el Yo y punto. En numerosas ocasiones, nuestros impulsos, nuestras emociones más profundas, animalescas e intensas quieren y necesitan ciertas cosas, y nuestra mente y racionalidad pareciera correr por un carril distinto, sin poder ofrecerle respuestas a esas demandas pulsionales.

En el último tiempo, de verdad que he intentado que la sombra vea un poco más la luz, pero la racionalidad me gana. Analizo variables, mido factores, controlo las cosas. Quizás, como un modo de creer que eso me garantizará algún tipo de seguridad, o que le entregará una porción mayor de  confiabilidad a lo que hago. De no arrepentirme. Para no sufrir.

Y sin embargo... ¿puede realmente darme algún tipo de certeza? Obviamente no, y aún así, ese es el cuento que me he querido contar. Mis sueños y mi inconsciente han pasado a tener la forma de una #HistéricaDeMierda, una mujer un poco loca, bipolar y ambivalente, y sólo porque he querido silenciar aquello que de verdad deseo. A veces estaría bueno sólo dejarse llevar y ya está. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿A qué le tenemos miedo?

Sólo siento al final de todo, que cuando los escenarios estén un poco más despejados, ya no tendré tanto que controlar, y talvez ahí, la histérica pueda ser más Yo y viceversa. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Sobre mojado

A veces llueve sobre mojado.
Sin motivo.
Sin explicaciones.
Simplemente llueve y no para de doler.
No basta.
Nunca termina.
De caer y caer a lo profundo.
De lastimar.
E ir desapareciendo.
De aquello que ya no queda.
De aquello que nunca fue.
Golpea y cómo golpea.
Llueve como ácido, derrite.
Y yo sólo quiero irme de aquí.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Darkest hour

The darkest hour of my life is coming. The hour that I've been afraid of all my existence. The hour of truth. The hour of anger. The time to stop being in silence and be brave enough to tell some things. To stop the lies of some people, the stories in which they have been building their lives. I cannot let him to die without knowing. Without knowing the consecuences, the harm he made to us. The darkest hour is coming. The final battle of my life. It's scary. It's painful. But it's has to be done. It's the hour of empty that dark room inside me. To have time and space for new things, for joy, for love. To breath, to smile. The hour is here, the moment to start living again, without the forces that drag me to hell, without the voices in my head that tell me what I have to do. The hour of making my own choices. The hour of start knowing myself. The hour of having the power to create a storm and don't be frightened for that. Sometimes, storms are necessary to break up the balance and to open the possibilities of change. Yes, the darkest hour of my life is coming. I will never be prepared for that, but it's has to be done. In order to be free, ir order to walk in the world, it's has to be done. It's the end of darkness. 

martes, 6 de noviembre de 2012

Derrota

Hace muy poco, alguien me contó una historia de una niña que jugaba en el suelo a los pies de su mamá y que no entendía por qué ella bordaba tan afanosamente. Cuando la niña miraba el tejido desde abajo, sólo veía hilos feos y le parecía un quehacer muy aburrido. Entonces, la mamá le dijo a la niña, que desde arriba las cosas se veían muy diferentes y que cuando estuviera lista, lo entendería.

Quiero pensar que algún día entenderé las cosas que han pasado. Las decisiones. Las resoluciones. De momento, no puedo sino sentir una deslealtad y un dolor inmenso, sentir que íbamos alineados a un mismo objetivo, con un sentido en común, y de repente, un día, has retrocedido montones o te quedas sola en el camino, creyendo que el resto iba codo a codo contigo cuando en verdad no era así. Siento que intenté un rescate que no tuvo éxito. Siento que intenté movilizar aguas que no querían cambiar de rumbo. Siento que entregué un montón de esfuerzos, casi para nada. Y que en esa tarea, impuesta o desarrollada, perdí una gigantesca porción de mi vida, de mi tiempo, de mis energías, de mi sonrisa.

Siento mucha tristeza, de no comprender qué pasó, de que como dije en un escrito anterior, la elección no haya sido por mí. Siento que durante tanto tiempo todo fue un manicomio, y ¿para qué? Siento como si yo viviera otra realidad, un mundo paralelo, donde te preguntas quién está bien y quién está mal, donde te preguntas si es muy descabellado lo que piensas, donde te preguntas qué cresta pasa con la gente que a pesar de todo, no evoluciona, no busca algo mejor. Y en vez de eso, pareciera quedarse con lo cómodo, con lo que es funcional, aún cuando sea una decisión de patio. Y finalmente, sin importar lo que trate de decirme, no entiendo. Sólo siento mucha pena y una derrota tremenda. 

martes, 30 de octubre de 2012

Elecciones y cambio

Las cosas pasan. No siempre como uno quisiera, o talvez, la mayoría. Es verdad cuando dicen que uno nunca está lo suficientemente listo para el cambio. Hoy me siento así. Las cosas por fin empiezan a entretejerse y a dejar de estar inmóviles, a llegar a las resoluciones. Sin embargo, aquellas respuestas no se tejieron hacia mí. La elección no fue por mí. Y después de eso, no hay más. Sólo tener emociones encontradas. Sentir que tras todas las batallas por las que hemos pasado, los truenos y relámpagos... al final del camino, las banderas no estuvieron conmigo, ni a mi lado. La preferencia fue totalmente distinta. Y después de eso, no hay más. Es hora de hacer las maletas y emprender la retirada. O quizás, si logro mirarlo positivamente, una avanzada y un nuevo comienzo para mí. Es verdad cuando dicen que no se puede estar cien por ciento preparado para el cambio. Siempre hay cuotas de sorpresa, cuotas de shock. Hoy me siento así. Quisiera un descenlace diferente, ese que yo siempre imaginé que sucedería. No obstante, este es el ajedrez que tengo, y sólo me toca seguir moviendo las piezas que pueda. ¡Qué gracioso!... justo este fin de semana tuve un sueño y parece que ahí supe que esto pasaría. Como que una parte de mí quería creer inocentemente en que después de todo este tiempo, de todo lo vivido, un día efectivamente triunfaría. Un día ya no tendría que movilizar cosas que no me correspondían porque los encargados se habrían hecho cargo. Sin embargo, las modificaciones se dieron hacia otras direcciones. La elección no fue por mí. Y después de eso, no hay más. No me queda otra que admitir la triste derrota. Admitir que no todo está bajo mi dominio. Y que no puedo forzar, aquello que los demás no quieren conseguir. Admitir que esta es una nueva oportunidad. Que me da miedo, sí. Que no era la que yo quería, sí. Que de a ratos lo siento casi como una gigantesca ola viniendo sobre mí, también. Pero, que si puedo y logro sobreponerme a todo esto, será un buen cambio. Será como empezar de cero. Quizás, sólo ahora y sólo aquí, comience a ser yo misma. 

lunes, 22 de octubre de 2012

Nothing to say

Estar en un cuarto rodeado de personas y no tener nada que decirles.
Mirarlos, pasar al costado y no tener nada que decirles.
No poder confiar. No poder apoyarse.
No contar con nadie al final del día.
No tener ganas.
No querer más nada.
Ni pensar que algo puede cambiar.
Compartir el mismo espacio y no tener nada que decirles.
Comer la misma comida y no tener nada que decirles.
Nada que esperar.
Nada que creer.
Tenerlos a un centímetro y no tener nada que decirles.

sábado, 20 de octubre de 2012

I don't have more tears

¿Cómo se puede trabajar, continuar con la funcionalidad de la vida, caminar con la frente en alto, si uno sólo quiere morir? 

jueves, 18 de octubre de 2012

La puta melancolía

El corazón está a punto de salírseme por la garganta con esa sensación de gigantesco vacío y de dolor retorciéndose. Odio la vida. Odio todo con ira y apatía al mismo tiempo. Nada puedo contener. Ya nada me cabe dentro. Mi rostro se humedece, nuevamente. Sin importar lo que haga, sin importar cuánto me esfuerce, nada cambia, obtengo la misma mierda de siempre. Sólo siento veneno en la sangre. La conocida pieza oscura. La puta melancolía riéndose a mis anchas. 

lunes, 15 de octubre de 2012

Cartas a Camilo

He meditado tanto acerca de todo. Del universo y sus constelaciones. De los viajes a la luna. De estar sobre el cielo. De lo infinito del mar. Después, pienso en ti.

A veces vuelvo sobre mis pies, luego me digo que no puedo hacernos eso. No a mí. 

He querido llamarte Camilo, pero si lo hiciera, dejaría de ser yo misma. Faltaría a mi coherencia y respeto personal. Ese que me ha costado construir, y que talvez, algunas veces tiene más de orgullo que de otra cosa. 

Pero existe. Con sus debilidades y fortalezas.

Me he mantenido sólida durante este año, no por represión ni antojo, sino porque he entendido. Finalmente. Que no todo lo que uno quisiera se cumple. Que no todo está destinado a ser, aún cuando entregues todo de ti en el campo de batalla. Simplemente, no ocurre.

¿En qué estarás?

De tanto en tanto creo que sería posible. Vernos. Hablar. Mirarnos sin sentir nada. Pero cada vez que estás ahí, lo estropeas todo. Y entonces ya no tengo ganas. De sentir tu mano. De sentarme a tu lado. De pensar en las oportunidades. Ni siquiera de imaginar alguna posibilidad remota que juntara nuestros espacios. No así. 

¿Cómo no te das cuenta?

Lo que no está hecho para ser no se puede forzar. Menos, si se usan las herramientas inadecuadas. No basta con querer, no basta sólo con sentir. No basta con creer que se ama. Hay toda una pista de situaciones entre medio. De detalles. De trabajo. 

Pero también me pregunto; algo que requiere tanto esfuerzo, ¿puede perdurar?

Quisiera tener las cosas lo suficientemente claras como para decirte algo. Alguna respuesta. Sin embargo, se me hace difícil con tanto camino incierto frente a mis ojos. A veces siento, a veces no Camilo. A veces me invade la locura. A veces sobreviene la tristeza acumulada. 

Y al final del día, siempre llego a la conclusión de que así no se puede. No como ahora. 

Es demasiado el daño que nos hacemos, aún cuando no nos lo proponemos. Aún cuando queremos que todo sea distinto. Aún cuando queremos creer que un milagro puede suceder. Simplemente no se puede. 

Quisiera pedirte que vengas. 

Pero sólo sé que lloraría. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Quiebre

Cuando uno está a punto de quebrarse, no hay peor pregunta que: ¿Cómo estás?
Desencadena una serie de procesos corporales y emocionales que aún cuando quisieras resistirte y frenarlos como fuese, no se puede.
Deja al descubierto todas las fragilidades.
Pone de manifiesto todas las tristezas.
Se queda desnuda el alma y simplemente no hay vuelta atrás.
Llorar y sólo llorar, como si el mundo se fuera a acabar.
Soltar los paraguas y permitir que llueva.
Sin importar la cantidad de pañuelos.
Sin medir los centímetros cúbicos ni la cantidad de público.
Una vez que se ha desatado el quiebre, no queda otra que aceptarlo con humildad.
Y vivirlo, nada más sentir cada una de sus agujas con la esperanza de que duela menos.

jueves, 11 de octubre de 2012

Sala de clases

Hoy, me siento vacía en una clase repleta de gente, y el profesor habla y habla lo que para mí sólo es el zumbido lejano de una abeja, casi imperceptible, como si nada del contenido permaneciera en mi cabeza. Pasa por mis oídos pero no retiene. Me siento estando sentada en una silla casi por obligación, porque hay que hacerlo, porque alguna vez fue el único lugar donde yo quería estar. Mi sueño. Mi sentido.

Hoy, me siento vacía en una clase llena de cuadernos. Apoyo la frente sobre la muralla y estoy en clase, pero a la vez no. No estoy en ninguna parte, ni siquiera en mí. A veces pareciera que me duermo, de a ratos, los ojos me gotean y me tiritan solos. Trato de contenerme, sí, con tal de que nadie me vea, de que nadie se fije en mí.

Hoy, me siento vacía en una clase que ya no me importa. Hay voces afuera, sólo silencio en mi cabeza. Ganas de no estar aquí, ganas de no estar en ninguna parte. Me falta el aire, algo se mueve intranquilo. No quepo dentro de mí, dentro de este cuerpo. No puedo respirar. No quiero estar aquí.

Hoy, me siento vacía en una clase de paredes blancas. Los compañeros prestan atención, la gente habla. Pero para mí, todo parece desbordarse. Ninguna cosa me hace feliz, not anymore. Y yo, estoy sentada pero no estoy. Sólo escucho el ruido de mi cuerpo. El desasosiego. No puedo respirar. No quiero estar aquí. Nada de esto me parece parte de la puta vida real.

martes, 9 de octubre de 2012

Nada

La verdad es, que por el momento...
Nada me produce ninguna gota de alegría.
Nada me da satisfacción.
Nada me motiva.
Nada me da ganas de levantarme.
Nada me impulsa a seguir estudiando.
Nada me permite concentrarme.
Nada me parece importante.
Nada me inspira.
Nada me despierta.
Nada me deja cantar.
Nada me da fuerzas.
Nada me hace querer seguir conquistando mis sueños.
Nada me da seguridad.
Nada me da confiabilidad.
Nada es lo suficientemente relevante.
Nada camina.
Nada de luz.
Simplemente, hay nada.
Cantidades de nada saliéndome por los oídos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Nobody said it was easy

Come up to meet you,
Tell you I'm sorry,
You don't know how lovely you are.

I had to find you,
Tell you I need you,
Tell you I set you apart.

Nobody said it was easy,
It's such a shame for us to part.
Nobody said it was easy,
No one ever said it would be this hard.
Oh take me back to the start.

Tell me you love me,
Come back and haunt me,
Oh, what a rush to the start.

Nobody said it was easy
No one ever said it would be so hard.
(The Scientist - Coldplay)

Nobody said it was easy
Letting you go
Walking out from our dream.
Nobody said it was easy
To see your face
And quit anyway.
Nobody said it was easy
To kiss your lips
Just for the last time.
Nobody said it was easy
Putting our things in a box
Like it was only a distance thing, a memory.
Nobody said it was easy
To continue, keep living
Without the happiness you gave me.
Nobody said it was easy
Not looking back
Saying goodbye for ever.

martes, 2 de octubre de 2012

Ayer por la mañana

Ayer en la mañana la casa estuvo vacía. Como esos días que ya sabés. Persianas en anochecer, la oscuridad pintándose de rojo, una reunión agendada a las ocho y media, con esa sutil "helada" matutina. Abrir los ojos y ver tu sonrisa. Extender los brazos y recibir un beso. Hacer un espacio para sentirte en mi costado, con los pajaritos cantando y la piel adorándose en demasía. Ayer la casa estuvo vacía. Como esos días que ya sabés, que planificábamos un amor furtivo, para soltarlo todo y entregarlo todo. Ni más, ni menos, todo. Con el frío y el calor al mismo tiempo. Con todos los planetas alineados, y algunas veces, ni por si acaso. Ayer la casa estuvo vacía, sólo que ya no había ninguna reunión que agendar, ni sonrisas por ver al despertar, ni besos que recibir. Y esa pieza que se pintaba de rojo, ayer por la mañana no era más que soledad recubierta de gris. 

martes, 25 de septiembre de 2012

Pasan las horas

Creo estar más cansada que nunca. Mirar la mochila día a día y sentir que la mitad de los cuadernos te sobran, que así, ya no puedes seguir caminando. Sentir que pasan las horas y que sólo has leído dos palabras de las muchas más que deberías. Que no te concentras. Que no rindes. Que miras todo con desgana y que a veces te quedas con la vista perdida en el espacio, como suspendida en el aire. Y entonces, transcurren cien años en Narnia y sólo 1 segundo afuera del ropero, en eso que definimos realidad. Luego siguen pasando las horas y a pesar de todo ese cansancio, no puedes dormir, te das vueltas, piensas y piensas como si el mundo fuera a acabarse de tanto pensar. Como si ya no cupiera tanto en tan pequeño cuerpo, y entonces, talvez, un día, fueses a explotar. Creo nunca haber sentido los pies tan pesados como ahora. Las manos, la cabeza, los ojos. Sentir que tienes tantas cosas por hacer y que no puedes con ninguna de ellas. Que ya nada tiene importancia. Que sencillamente, no te cabe. Siguen pasando las horas, los grillos cantan afuera y continúo estando en vela. El reloj del despertador anuncia cuánto queda para despertar y se siente como si todavía quedara una eternidad, y a la vez, tan poco. Está oscuro, pero pronto saldrá la luz. Y habrá que persistir en la tarea de mantenerse de pie. Habrá que salir a la calle, aún cuando no hayas dormido nada. Aún cuando no sientas descanso en los hombros. Aún cuando las ojeras lleguen hasta los labios. Habrá que volver a levantarse aún cuando sólo quisiera dormir, por un buen rato, por varios días, talvez por siempre. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

No tener más razones

Todo ha cambiado tanto. En tan poco tiempo y a la vez, en demasiado. Ha llovido polvo y cenizas. Se han derretido los espacios, esos que yo intentaba proteger con profundo ahínco, disimulando, sonriendo, guardando, barriendo bajo las alfombras. Casi sin saber cómo, las aguas se movilizan, los cielos se pintan de otros colores, cada vez más grises por cierto. Los sueños ya no son los mismos, ya ni siquiera hay, no ese mismo deseo de antes, ese proyecto de construir algo. Ese impulso casi intrínseco por hacer florecer una odisea y querer aferrarse a ella hasta el final de los alientos. Qué triste. Cómo duele, todos los días. Mientras las fortalezas caen y las arenas se las lleva el mar. Todo se va, sin siquiera darme cuenta. Es como entrar a un ascensor y abrir las compuertas en otra parte. Como si despertaras después de 10 años y en ese período hubieses estado durmiendo, en un coma bien hondo. Perderse los procesos, llegar a un punto en la línea de tiempo sin saber cómo se llegó a ahí. Querer tanto a alguien y de pronto, con el transcurso de los segundos y de las historias, con más o menos puntos, no tener más razones para seguir queriendo. No tener más razones para imaginar que se puede echar pie atrás, simplemente retroceder en un diminuto pestañeo. No tener más razones para seguir pensando, soñando, amando. No tener más razones para luchar por algo que ya está cada vez más muerto. No tener más razones para confiar, para creer. No tener más razones para dar cabida a las oportunidades. No tener más razones para cerrar los ojos y perdonar. No tener más razones para esperar, para entregar, para bajar las defensas y recibir. No tener más razones para estar con los brazos abiertos. No tener más razones para volver a besar. No tener más razones para volver a plantar. No tener más razones para ilusionarse. No tener más razones para anhelar. No tener más razones para seguir queriendo. No tener más razones y punto. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

One year

One year.
Soplado como un diente de león al viento.
Envejeciendo bajo la alfombra.

Forgive me, first love, but I’m tired 
I need to get away to feel again
(First Love - Adele)

viernes, 7 de septiembre de 2012

En la calle (II)

Mirar la calle y no saber a dónde regresar después del día. Mirar, lo vacío, lo oscuro, lo solitario con el lente de la cámara en blanco y negro. Sentarse sobre la vereda y sentirse como huérfana.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Skin by skin

Skin by skin, apagándose, como cada uno de esos diminutos faroles que me hacían vivir. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Venom

Tener el constante temor de que eso que más te asusta, termine de apropiarse de ti, como si el traje de negro lograra finalmente comerse al spiderman de rojo y azul. Cuando los recursos están bajos, se minan las fortalezas y entonces, Con Cón sucumbe al invierno, y la pieza oscura se vuelve mí, en vez de sólo ser parte. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Desvelo

Todas las noches me desvelo. Se me hacen eternas las horas y cada uno de sus putos segundos. Tanto silencio, y yo, me quedo pensando. Sí, en todo lo que quisiera decir y que no digo.

martes, 14 de agosto de 2012

¿Se puede sólo seguir? (II)

Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir, correr, caminar, lo que sea con tal de sólo seguir. Así, talvez, el pasado ya no pueda alcanzarme. Y lo deje por fin atrás, despidiéndome de él con risa por encima del hombro. Así, quizás, ya no tenga que continuar llevándolo amarrado a mi cintura, absorviendo todo aliento de vida dentro de mí. Lamentándome por todo lo que no dije y que quería decir, entristeciéndome por cada persona que perdí en el camino, y que no me quería de la misma manera que yo. Quiero poder decirme algo a mí misma que me permita avanzar, que me deje entender toda esta porquería de emociones que tengo encadenadas a los tobillos, pero a veces, se me hace profundamente difícil. Dormirme sin sentir que me muero un poco más. Que me apago. Levantarme. Salir a caminar. Soportar el frío. Disfrutar el silencio. Mirar la calle y sorprenderme. Regresar con alegría a casa. Poner el despertador otra vez, sin sentir un extenuante desasosiego. Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir, correr, caminar, arrodillarme, lo que sea con tal de sólo seguir. Lo que sea con tal de no sentir nada, nada que siga hiriéndome en lo profundo, profundo como si algún día fuera por fin a terminar de matarme, matarme cada una de las esperanzas, sueños e ilusiones con las que yo solía abrir los ojos en la mañana. Eso que parecía entregarme alas para volar, o que probablemente sólo servía para borrarme de los verdaderos espejos y darme un puto segundo de paz. Quiero poder decirme algo, tener alguna razón. Mirar la noche y pensar que estoy contribuyendo al mundo, que talvez, mañana ya no siga sintiendo lo mismo, que quizás, algo cambie. Poder decirme que mi vida no será siempre repetir complejos y basuras, perpetuar las mismas dinámicas, quedarme con la sensación de que nunca seré suficiente. Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir, correr, caminar, arrodillarme, saltar, lo que sea con tal de sólo seguir. Como si acaso, esta noche, se acabaran las pesadillas y volviera a ser feliz. Quiero poder darme la fuerza, decirme algo. Pero por más que trato, por más que me esfuerzo para seguir batallando, no puedo concentrarme en nada. No puedo dormir. No puedo hacer que deje de doler. 

lunes, 13 de agosto de 2012

Right path

Algunas veces, sólo por un fragmento de segundo, quisiera cerrar los ojos y que al abrirlos, todo estuviera como antes, en esos momentos donde yo creía estar feliz, a cada uno de esos recuerdos de antaño, y a lo largo de mi historia, que me hicieron pensar que todo iba por el camino correcto.

sábado, 11 de agosto de 2012

Se vuelve pequeño

"‎Siempre hay un momento en que el camino se bifurca, cada uno toma una dirección pensando que al final los caminos se volverán a unir. Pero al final sólo ocurre una cosa, llega el puto invierno."
(Federico Moccia)

viernes, 10 de agosto de 2012

Tre Metri Sopra il Cielo

‎"Y en ese momento aparece alguien que te dice que tranquilo... que aflojes... y cuando aflojas, te das cuentas de las cosas. Cuando dejes de tener miedo empezarás a disfrutar".
(Federico Moccia)

lunes, 6 de agosto de 2012

Desviaciones

¿Dónde está el punto de las desviaciones?
Ese epicentro de todos los giros imprevistos
Ese algo que hace cambiar las cosas y las relaciones
Para luego despertar y darte cuenta de que ya nada te es conocido
Ni los lugares ni las personas
Como si algo se transformara de pronto
O talvez, sólo han caído los velos por fin
Para así mirar con mayor claridad
Las cosas como son
Con lo que se puede contar y con qué no
Derribar las idealizaciones
Dejar de creer que sabemos, las respuestas
Lo que moviliza a las personas
La forma en que pensamos que nos quieren
El sueño que depositamos en ellos
Y en vez, comenzar a ver la realidad con su crudeza
Aceptar que la soledad existe
Que los demás no sienten lo mismo
Ni buscan las mismas cosas ni responden de la misma forma
Que no todo dura para siempre
Que las cosas no son tan recíprocas como uno imaginaba
Que a veces, el dolor sólo es de uno
Y al resto, les da un carajo.

domingo, 5 de agosto de 2012

Continúo descendiendo

Incluso lo más diminuto me hace pensar en lo más grande
En esas luces arrebatadas de faroles
Para poblar mi cielo de estrellas
Y recaer a esa sórdida locura de siempre
En un torrente vertiginoso
Atropellado de mariposas y puñales
Juntos, pero nunca revueltos
Sacados de la misma cubeta de colores
Esos grises que todo lo dicen y escupen
Y los rojos, coléricos y con sed de guerra
Como el océano, mágico universo
Melancolía, paz y osadía en un mismo instante
Que hace vibrar para tocar las nubes de algodón
Y luego descender
A los infiernos repetidos, de historias
Turbulentas y sangrientas
Donde la piel elimina las escamas
Y talvez, ilusamente, se enamore
Otra vez, de los globos y arcoíris
De las promesas
De ventanas que parecieran abrirse
Y en realidad, sólo siguen estando ahí
Mirando a la distancia
Adorando en poemas al silencio.

I'm a slow dying flower
Frost killing hour
The sweet turning sour
And untouchable

I need a lullaby
A kiss of goodnite
Love of my life, I need this
(My skin - Natalie Merchant)

sábado, 4 de agosto de 2012

A tres metros sobre el cielo

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como la película. Dejándolo todo, entregándolo todo. Recorrí el mundo, subí en bici y fui a la luna para luego regresar. Estuve en la playa,  con su oscuro romanticismo. De noche, en el fuego de la ciudad, de día en la tímida laguna de la naturaleza. No había segundo que perder, faltaban minutos para seguir creando música. Sucumbí a la locura de sentir la vida a dos mil por hora, con su energía, la furia, el destello y frenesí. Vi pasar toda una vida, o la imaginé.

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como la película. Sintiendo todo desde lo más profundo, queriendo todo, en demasía. La desnudez y la alegría, juntas y al mismo tiempo, infinitas como el océano. Para despojarme de todas esas reglas que no servían, de los escudos y las armaduras. Fui creciendo, fui más libre. Pinté cuartos de todos colores, pero prefería el de rojo, siempre. Hice tantos dibujos, escribí tantas historias. Brillé como nunca, e hice de la noche mi mejor amiga, sólo para hacer más cortas las distancias y así mirar el amanecer.

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como en la película. Y creí que nunca tendría que bajar de ahí. Que no sería necesario porque ya estaba por completo, como la flor y sus pistilos. Pero de repente abres los ojos, y te das cuenta, de que todo se ha acabado. De que lo que fue primero y último, no puede ser más, pero a la vez, nada puede volver a ser igual que antes. El primer viaje será por siempre, el único.

viernes, 3 de agosto de 2012

Atenuaciones del lenguaje

El mundo está lleno de atenuaciones del lenguaje. Nadie dice lo que realmente quiere decir. Todo tiene sutilezas de por medio, disminuciones, atenuaciones, mentiras "blancas". Creemos que con suavizar, herimos menos a las personas, pero en realidad, es lo mismo. Un contenido "doloroso" no deja de serlo por decirlo más o menos fuerte. No deja de serlo pero estar más o menos recubierto. ¿Qué pasó con la honestidad? El silencio no siempre es la mejor respuesta, permitimos que los demás piensen lo que ellos creen y no lo que sentimos. Sin embargo, en esa expresión, se ponen en juego también, las empatías de los demás, la verdadera capacidad de siquiera solidarizar con el sentimiento y dejar de mirarse por cinco segundos el propio ombligo. Es en esos momentos, donde la gente queda despojada de disfraces y los vemos tal cuan son. El peor sentimiento es pretender que no te importa algo cuando en realidad es en lo único que piensas. Sólo te hiere por dentro, te cala hondo. 

miércoles, 1 de agosto de 2012

Farewell dream

Anoche soñé que estaba en la playa. Estaba sentada en la arena, con un sol tímido y la tenue brisa de mi infancia. El mar iba y venía, con su espuma y la sal, con ese poder que siempre tiene para cautivarme. El único lugar en el mundo que logra darme tanta paz. Sólo estaba yo y la playa. Luego aparecieron las historias, cada una de las películas de mi vida con sus altos y bajos. Todo parecía cruzar el cielo, como un computador holográfico. Podía tocar las historias, a las personas, mirarlas como si hubiesen sucedido solamente ayer. Sentir, todo aquello que podría haber sido distinto. Una playa vacía, tanta melancolía junta en una sola taza de café. Después, cerraba los ojos y me despedía... de todos y de todo. 

Cuando este fuego me desvela
Pero despierto solo una vez más
Que mal, que mal,
Esta absurda y triste historia
Que se pone cada vez peor
(Pedro Aznar, original de Elton John)

¿Se puede sólo seguir?

Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir. Pero no puedo concentrarme en nada. No puedo dormir. Todo me parece tan irrelevante, cuando en realidad, hay tanto en juego. El que mucho abarca poco aprieta. Tengo la, no sé si leve ingenuidad o creencia, de que los desiertos pueden florecer, sí, algo nacer de donde no hubo o no hay nada. Quiero poder impulsarme, decirme algo a mí misma que me haga continuar, pero a veces se me hace profundamente difícil. Despertarme. Vestirme. Salir a caminar. No pensar. Sentir que no me duele. Sonreír. Trabajar. Ir a clases. Disfrutar de lo que antes me hacía feliz. Cada una de las tareas, incluso las más sencillas, se me hacen tremendamente pesadas. Quiero poder decirme algo, tener alguna razón. Mirar la noche y pensar que hice algo bueno, que talvez, mañana, ya no siga sintiendo lo mismo, que quizás, algo cambie. Poder decirme que mi vida no será siempre un suma y resta de pérdidas. De sentir que a pesar de todo lo que haga, regreso a las mismas conclusiones, a las mismas dinámicas, a encariñarme con algo para luego perderlo y sentirme vacía otra vez. Y entonces, tener miedo de volver a intentarlo, con el fantasma de repetir los mismos tropiezos casi con tontera. Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir. Como si todo a mi alrededor circulara por la vereda de al lado y yo ni me enterase. Quiero poder darme la fuerza, decirme algo. Pero no puedo concentrarme en nada. No puedo dormir. No puedo hacer silencio. No puedo hacer que deje de doler. 

martes, 31 de julio de 2012

Desconectar

A veces, me gustaría ser un paciente terminal en coma al que un día, por fin, se atreven a desconectar.

lunes, 30 de julio de 2012

Se muere esperando

No hay peor pérdida de tiempo, que la espera. Esperar que las personas quieran las mismas cosas que uno, esperar que funcionen desde las mismas reglas y parámetros. Esperar que tengan los mismos conceptos y definiciones de algunas cosas, los mismos códigos de relacionarse. No hay peor dolor, que despertar y darse cuenta, de que todo aquello que se ha dado y entregado a otros, no es respondido de esa misma manera, esperando, casi por una obviedad, que a las otras personas les nazca hacer, sentir o pensar, lo mismo que a uno. No, se puede morir esperando por eso, así como también, que a los demás les afecten o perturben las cosas, con la misma intensidad.