Sentí el viento soplando en mi caraE imaginé mis pies hundidos en el frescor de la arena
Luego la brisa del mar y el olor de la sal
Siempre ha sido así; un eterno rugido
Una pasión desenfrenada por el reflejo del sol
Y por las noches la luna disputa su color
Pero no tiene dueño, no tiene límites
Navega solo, juega con la espuma y se deleita en su inmensidad
No tiene horizontes, no tiene puertos
Sólo un único amor, lejano y escondido
Dime una cosa... ¿puedo yo poseer tal libertad?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario