
La Yaya Anto se caracterizó siempre por ser una persona dedicada y generosa, con espíritu de servicio. Anteponía sus propias necesidades para ayudar a los demás, ya fuese cocinando paellas, tejiendo chalecos y bufandas, cuidándonos cuando estábamos enfermos, recogiendo niños en emergencias u ordenando nuestras casas, entre otras. Siempre estuvo disponible. Nos entregaba su tiempo sin colocar peros y eso daba cuenta del cariño que ponía a todo lo que hacía.
Muy pretenciosa y cuidada de su persona, la Yaya nos recibió siempre arreglada y muy bien vestida, recordándonos la importancia de la feminidad. Fue una mujer que si bien valoraba que sus nietas estudiaran y trabajaran, nunca nos permitió olvidarnos que éramos mujeres, y como tal, teníamos que tener muy claro que lo más sagrado era la familia. Cómo olvidar su frase “El matrimonio funciona gracias a la infinita paciencia de la mujer”.
Al mismo tiempo, la Yaya se definió por ser una persona machista, consagrada a la atención del abuelo y de sus hijos. Recordamos como le decía a sus hermanas “Son las 8, tengo que ir a bañar a Fran”.
La Yaya era una abuela maravillosa. Gozó de cada uno de nosotros, de sus nietos y bisnietos. Nos entregó cariño y una mano de ayuda a todo lo que necesitáramos. Siempre se regocijó de nuestros logros, y a la vez, fue prudente y discreta en nuestros desaciertos. Nunca tuvo una mala palabra para nosotros en esos momentos.
Siendo lo preocupada que era de que todo estuviera ordenado y limpio, a más de alguno de nosotros nos llegó un reto por cómo estaban nuestras piezas. Sin embargo, también estuvo ahí para enseñarnos tantas cosas. Aprendimos a tejer con el palillo debajo del brazo, pero nunca pudiendo igualar su habilidad. También, aprendimos a cocinar canelones, paellas y muchas otras cosas ricas que a ella le quedaban tan bien. Y por último, no podemos no mencionar el gran libro de enseñanzas que nos dejó a todas las mujeres de la familia “Mis Aciertos y Locuras”.
Con un gran sentido del deber y la responsabilidad, la Yaya siempre supo tomarse el tiempo para todo lo que había que hacer. Nunca las decisiones eran atolondradas ni lo primero que se le ocurría. Tuvo muy buen gusto y sus opiniones fueron siempre muy buen consejo.
Su deseo de compartir y tener cercanía con sus nietos y bisnietos a pesar de la distancia, la llevó a incursionar en el mundo tecnológico, resultando ser una alumna de excepción. Tuvo facebook, se comunicó por skype e email sin problemas y leía el diario online.
Como momentos inolvidables recordamos las idas a Con Cón con el auto repleto de maletas, donde sólo le faltaba llevarse el refrigerador. Al llegar, la infaltable medida veraniega en la viga de la casa, para ver cuántos centímetros habíamos crecido. A las 12, su aparición en la playa tapada hasta las pestañas, entregando pan de huevo y quesillo para que no muriéramos de hambre. Cómo no recordar cuando retaba al abuelo cada vez que compraba en las esquinas los cajones de fruta donde la primera fila estaba espectacular y el resto todo podrido.
Imborrable también, las sesiones de manicure que dejaban sus manos siempre blanquitas, suaves y con las uñas perfectas, las persecuciones con las moscas, zancudos y arañas, y de noche, las inmemorables canastas viendo el festival, siendo siempre una campeona.
Con Cón fue muy significativo, sobre todo porque cada uno tuvo historias y versiones distintas de la Yaya. Visiones que hoy nos hacen quererla desde diferentes ángulos.
Su capacidad de entrega y dedicación para prepararse y poner todo de ella hasta el último de sus días, posibilitó que la Yaya conociera a la Valentina, la última de sus bisnietas, y que acompañara a la Cuqui en un día tan especial como fue su matrimonio.
Siempre fue capaz de mantener el sentido del humor, aún cuando todo comenzara a tonarse difícil, y nos enseñó a tener tranquilidad y calma para enfrentar su muerte, tomándoselo con frescura. No olvidamos su frase “Cuando me vaya quiero que me pongan mi traje de luces”.
Yayita, fuiste una luz para todos nosotros. Que Dios te tenga en su reino, descansando en paz. Cuídanos desde arriba y mantén a la familia unida.
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(Demis Russos - Morir al lado de mi amor)
Querré que estés allí
Sé que tanto amor
Me ayudará a descender
Al más allá
Entonces diré adiós
Sin miedo y sin dolor
En la soledad
Reviviré los años de felicidad
Para cruzar el umbral
No deseo nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor
Me dormiré mirándote
El tiempo que pasó
Jamás nos separó
Él nos unirá
En un rincón profundo de la eternidad
A la hora del final
Solo quiero tu mirar
con tu perfume alrededor
Morir al lado de mi amor
Me dormiré mirándote
Para cruzar el umbral
No deseo nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor
Y dormiré mirándote.
Jamás nos separó
Él nos unirá
En un rincón profundo de la eternidad
A la hora del final
Solo quiero tu mirar
con tu perfume alrededor
Morir al lado de mi amor
Me dormiré mirándote
Para cruzar el umbral
No deseo nada más
Acariciado por tu voz
Morir al lado de mi amor
Y dormiré mirándote.
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