En proceso de descubrir mis habilidades terapéuticas, reconocemos debilidades, encontramos fortalezas. Y a veces, aparecen las ansiedades, los temores de no saber qué hacer, de cómo dirigir una línea de terapia. Aún así, estoy muy motivada, muy contenta. Las horas de práctica han servido para ayudar a las demás personas a resolver sus conflictos, para ver una lucecita al final del túnel. Me reconforta cuando me dicen gracias, que los he ayudado o que al menos están más tranquilos. Me alegra cuando me dicen que lo pasaron bien o que la sesión les sirvió de alguna manera. Me enorgullece que las personas encuentren en mi, un hombro para apoyarse y sentir, que estoy logrando vínculos terapéuticos muy buenos, de sincera empatía. Además, las horas de práctica han servido para derribar las propias murallas, para enfrentar miedos, para tirarse a la piscina y confiar en uno mismo, en los recursos que tenemos. Cada vez siento que voy pisando en tierra más firme. Sin embargo, la terapia también tiene sus puntos conflictivos. Experimento contratransferencia, y cuática. De los 3 pacientes que tengo puntualmente ahora, los tres vienen a revivir temas extenuantes de mi existencia. Siento que me persigue el tema y no sé si quiero. Es casi tragicómico, porque los pacientes llegan y son asignados por casualidad, no se sabe nada más que el nombre y la edad. ¿Cómo podrá existir tanta coincidencia? Me llega a dar risa de lo penoso que es. No quiero tener nada que ver con "ese" tema, el cual por supuesto que no diré aquí, para no ofender a posibles lectores. Pero bueno, el camino sigue. Veremos qué más trae en adelante. Ahora, a descansar de las contratransferencias.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
jueves, 1 de julio de 2010
En el diván (1)
En proceso de descubrir mis habilidades terapéuticas, reconocemos debilidades, encontramos fortalezas. Y a veces, aparecen las ansiedades, los temores de no saber qué hacer, de cómo dirigir una línea de terapia. Aún así, estoy muy motivada, muy contenta. Las horas de práctica han servido para ayudar a las demás personas a resolver sus conflictos, para ver una lucecita al final del túnel. Me reconforta cuando me dicen gracias, que los he ayudado o que al menos están más tranquilos. Me alegra cuando me dicen que lo pasaron bien o que la sesión les sirvió de alguna manera. Me enorgullece que las personas encuentren en mi, un hombro para apoyarse y sentir, que estoy logrando vínculos terapéuticos muy buenos, de sincera empatía. Además, las horas de práctica han servido para derribar las propias murallas, para enfrentar miedos, para tirarse a la piscina y confiar en uno mismo, en los recursos que tenemos. Cada vez siento que voy pisando en tierra más firme. Sin embargo, la terapia también tiene sus puntos conflictivos. Experimento contratransferencia, y cuática. De los 3 pacientes que tengo puntualmente ahora, los tres vienen a revivir temas extenuantes de mi existencia. Siento que me persigue el tema y no sé si quiero. Es casi tragicómico, porque los pacientes llegan y son asignados por casualidad, no se sabe nada más que el nombre y la edad. ¿Cómo podrá existir tanta coincidencia? Me llega a dar risa de lo penoso que es. No quiero tener nada que ver con "ese" tema, el cual por supuesto que no diré aquí, para no ofender a posibles lectores. Pero bueno, el camino sigue. Veremos qué más trae en adelante. Ahora, a descansar de las contratransferencias.
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