
La vida da tantos giros. Impredecibles. O tal vez, siempre estuvo escrito. Mortífero. Cruel. A veces así son los designios. A veces no nos queda nada más para escribir porque el daño ya está hecho. Estuvo dibujado en papel calco. Yo lo sabía. Lo vi venir. Sin embargo, era más fácil hacerse el payaso y dejarlo ir. Omitir. Pasan los años. Cosas van y cosas vienen. Antes éramos. Ahora ya no. ¿Y sabes qué? No me aflige ni un centímetro. Lo vi venir y arrasó. Y estoy tranquila de que hoy sea sólo un tren que pasó. Nadie debiese desconfiar de sí mismo porque otros son demasiado ridículos para ver su propia inmadurez, su piedra en el zapato. Hubo un tiempo que dejé de ser quien era. Perdí mi voz. Creí que con eso te mantenía contenta. Y hoy, ya no tengo que hacer marionetas. No más títeres. Cada vez que te vas un poco más, yo vuelvo a ser feliz. No te tengo odio, no te tengo rencor. Me da pena. Pero... cada quien cosecha lo que siembra. Y tú, soledad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario