Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 14 de septiembre de 2013

Spring, summer, fall, winter and...

Entra el sol por mi ventana. Me llega directo a la cara, como una luz tenue que de a ratos habita dentro de mí, como un calor que se mueve sigiloso desde la punta de mis pies hasta el recorrido sinuoso de mis caderas. Cierro los ojos. Pienso en todo lo que ha ocurrido este año y me parece increíble que tanto haya pasado en tan poco tiempo. Etapas que se han ido cerrando, tareas que se han comenzado a soltar, momentos y duelos que aún están sin procesar. Las estaciones han corrido con su vorágine. Y mi circo de emociones no se ha quedado para nada atrás. El verano siempre trae amor, energías, tranquilidad, la sensación de paz y felicidad. Luego cae el otoño y con las primeras corrientes de frío aparecen las dudas, los cuestionamientos, como si todo lo anterior hubiese sido una ilusión de paz. Se repasan algunas heridas abiertas, empieza a opacarse el brillo de mis ojos. Seguidamente se deja caer el invierno. Las montañas rusas se agudizan, la máquina de escribir se tiñe de melancolía y entonces, las historias de amor me parecen sólo una linda fantasía. Romances sacados de libro. De a poco llega la primavera y vuelve a salir el sol, ese mismo que ahora me abraza a través de la ventana. Han crecido los árboles de mi balcón, como si ellos también pudieran simbolizar una parte de mí que ha madurado y se ha engrandecido, con todo aquello que ha perdido y ganado a la vez. Con todas las luchas que di y las batallas que no gané. Con todo el amor que entregué y que no siempre recibí de vuelta, o que no prosperó. Con todos los momentos de infinita risa y también, de estar en lo más oscuro de la fuerza. Porque estuve tantas veces arriba, y diez veces más abajo. Porque dejé de confiar para intentar creer de nuevo. Porque corrí hasta consumirme y luego simplemente me relajé. Porque quise entender un millón de cosas y después comprendí que no todo puede tener una explicación que a mí me de sentido. Hoy, con los paisajes que varían frecuentemente frente a mi ventana y que todavía no se sabe con certeza si habrá calor o lloverá, quisiera tener las respuestas. Las respuestas a ciertos pedazos de mí que todavía no termino de descifrar. Las respuestas a esa sensación de estrechez que me viene de vez en cuando, de eso que me falta, del por qué siento que no puedo respirar. Las respuestas de lo que viene para adelante, de a dónde estaré en dos años más o a dónde querría ir. Las respuestas a todo aquello que no tengo suficientemente claro de mí misma y del mundo en el que vivo. Con esta primavera, muchas cosas vuelven a florecer. Mis ridículas ilusiones. Mis ganas de enamorarme. Mis metas y proyectos. Mis tontos deseos más secretos. Mi afán por descubrir, por viajar, por aprehender mi libertad (como si acaso hoy no la tuviera).  ¿Y cuando llegue el verano?... no quiero sentirme así, como en éxtasis, como que todo lo puedo conquistar para luego empezar de cero y regresar al punto uno del ciclo. ¿Por qué no he podido encontrar el equilibrio? ¿Mi línea media? Las nubes van corriendo mientras el sol desciende. Y la sensación con la voy a quedarme antes de que oscurezca es que no sé si estas servilletas de papel podrán decirme algún día, aquello que yo no puedo. 

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