Sin haberme ido a ninguna parte, siento que el viaje ya ha comenzado. Ese que sólo podía nacer y partir desde mí. En el momento exacto. En el tiempo preciso. Como un día 1, sí, el primero desde que muchas cosas cambiaron, desde que la vida empezó a cobrar un sentido distinto, desde que lo que yo pensaba que podía amarrarme, ya no lo hace. El simbolismo de la primavera y su respectiva transición al verano, donde las cosas vuelven a florecer, se tiñen de colores, despiertan las ilusiones, se renuevan las energías. El viaje ha comenzado. Abro los ojos y creo que despierto diferente.
Se me ocurre que vas a llegar distinta
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
(Bienvenida - Mario Benedetti)
Pienso que sólo puedo esperar cosas positivas de ahora en adelante. Que lo peor ya pasó. Que nada puede destruirme, y que esta vez, no es mero éxtasis, momentáneo y fugaz. No, las respuestas acuden a mí. Las historias se tejen resplandecientes. Tengo ganas de ser feliz y creo que el camino me conducirá hasta donde me lleven mis pies. Sin planes, pero con las manos bien abiertas para recibir todo, lo maravilloso y lo no tanto, y de aquello aprenderé y seguiré adelante. Vuelvo a reírme sin límites. Vuelvo a sentirme llena de todo, de aire, de amor, de alegría, de frutos. Tengo ganas de construir, de crear, de imaginar. Tengo ganas de volver a pintar. Tengo ganas de pensar y de responder, de reflexionar. Vuelvo a coger mis alas, y las porto ya no con la necesidad de escapar. Tengo ganas de soñar. Tengo ganas de correr, pero con calma. Tengo ganas de luz. Tengo ganas de enamorarme. Tengo ganas de ser yo, de sentirme yo. El viaje ha comenzado. Las piezas se reagrupan y dan pasos hacia la coherencia interna, al autoconocimiento. La verdad despierta, quizás incluso una tentativa de armonía. Yo me levanto, creo que no más cauta, ni más fuerte, y mucho menos, más dócil. Simplemente, emprendo el viaje distinta.

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