Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 9 de mayo de 2014

Historia de amor (4)

Hoy y ayer escribí una historia. La escribí hace tanto tiempo en verdad. Era una historia de aventuras, de tragedia, pero por sobre todo, era una gran historia de amor. Un amor que yo creía imperecedero e intocable. Un amor que me esforcé por creer que sería infinito y que podría superar cualquier cosa.

Pero en realidad, esa historia de amor no perduró.

Y después seguí caminando, como una película en cámara lenta. 

Llegó el verano. Y de cierta manera mi energía se renovó, pues hasta entonces pensaba que ya nunca volvería a sentirme como fuego que se quema, ni que se puede ser codo a codo con alguien, casi consumido por amor. Ya nada me parecía tan intocable ni tan mágico, ni menos infinito. Dudé incluso, de si alguna vez sería capaz de reescribir acerca del amor. 

Pasó el otoño y el invierno, y a cada árbol caído sentía morir mis propias hojas, piel marcada de historias que iba abandonando al lado del camino. Un viaje que sólo hablaba de pérdidas, de soledad, de batallas hacia la independencia y la reafirmación. 

Entonces continuó corriendo la primavera, el verano otra vez, el otoño y el invierno... como un ciclo de vida inalterable.

Y lo mismo pensé de mí, ya que durante mucho tiempo me sentí igual de estancada que un viejo pozo, sin saber qué quería ni a dónde debía ir. La melancolía del invierno vino de la mano con aquellas dudas acostumbradas, con los deseos de marchar con mi mochila y nada más, los intentos de escapar (probablemente de mí misma). Pero lo superé. No fui. No caí a la tentación del viaje del errante.

Esperé. Y a la siguiente primavera, ésta trajo consigo una posibilidad que ahora la pienso como cósmica, reencontrarnos, un año después.

Florecí.

Hoy y ayer escribí una historia. He recorrido tantas cosas que me sorprendo de mí misma. Hoy valoro cada una de esas estaciones, con sus altos y bajos, pues han sido parte de la evolución y del crecimiento, de la formación de mi ser. Aún así, mi historia de hoy es distinta, es más fuerte, es otra historia de amor. Una nueva, una que vuelvo a sentir como gigantesca dentro de mí, titánica. Como "The One".

Quizás, la historia siga hablando de mi vulnerabilidad, de las cosas que me dan miedo compartir, de mi espíritu indomable, de mis deseos y temores. Pero así y todo, hoy siento que no estoy sola en esta vorágine. Siento que amo, que puedo volver a explotar y renacer contigo.

Que la espera fue descubrirte, y sólo maravillarme.
Que la espera fue aprendizaje, para luego darte mis manos abiertas.
Que la espera fue mirarte y entonces, saberlo.

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