Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 5 de agosto de 2015

Black ink


Cuando empecé a escribir en estas servilletas, todo hablaba más o menos de la muerte o muy cercano a ella. Se parecía bastante a una película melancólica y lluviosa en París, de noche y sin muchas cosas correspondidas. Bueno, lluviosa y melancólica (sin París), además de la rabia galante, que le gusta aparecer cuando los truenos y relámpagos estallan. Pero al fin y al cabo, era mi versión de París.

Tenía mucho de inviernos, de montañas rusas, de tristeza. Tenía mucho de luces de colores, de locura, de insensatez, de sentimientos encontrados, de cárceles y sangre derramada en la tinta del lápiz, en el cuerpo sudoroso y sufriente.  

Una y otra vez, era subir la torre para luego caer al precipicio. Saltar. Como fuese, aunque la mayoría de las veces con los ojos cerrados y el corazón vacío.

Cuando sientes que no queda nada dentro, nada puede caer en realidad. 
Sólo es soledad flotante. 

Y la lluvia trajo consigo los demás ciclos. Esos que pasaron de a uno, invariables, y con ello, la sensación de que nada cambiaba, nada dentro de mí. Crecía el frío en la montaña, se hacía oscuro mi jardín, muy, muy oscuro. 

Y hoy, cada vez escribo menos. Porque al parecer, sólo sabía escribir desde las entrañas y las prisiones. Sólo tenía cuerda cuando había amarras. Sólo tenía sangre cuando llovía.

Y hoy llueve muy fuerte otra vez... tal vez por eso estoy aquí.

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