Cuando las cosas no salen como habías pensado, cuando todo lo que te dijeron que debías tener o alcanzar para ser feliz no es suficiente, se me viene una palabra a la cabeza: (sentirse) miserable. Porque te esfuerzas y no resulta, porque le pones ganas y ni una pizca de emoción te provoca, porque quieres irte lejos y que todo se acabe, porque vas quedándote solo con todo lo que sientes, porque quieres llorar a gritos y en vez de eso entregas sonrisas flameantes, porque empiezas a mentirle a todo el mundo cuando lo que en realidad sientes, es profundamente miserable. Sí, como una gran boca de lobo, oscura y solitaria. Una que viene para tragarte completo sin que ni siquiera alcances a pestañear. O tal vez incluso deseando caer de una buena vez, para así pasar el trago amargo más rápido, o qué se yo. Sí, el peor afecto del mundo es sentir que finges. Cuando finges que estás a gusto y no lo estás, cuando finges que estás feliz y no lo estás, cuando finges para tener contentos a otros, cuando finges para que los demás no se sientan mal o para no herirlos. Se convierte en un gran saco de "fingires" que parecieran no tener fondo ni término, pero que sin duda consumen por dentro, segundo tras segundo. Hoy llego a casa de una fiesta y siento que engañé a todo el mundo, que de a ratos intenté engañarme a mí misma también. No me resultó. Y me voy a dormir con el pecho apretado, apretado de todo lo que siento en silencio, de mi miseria (que probablemente comparada con la de un niño sin madre y hambriento en África, es un juego de críos, pero así y todo es mí miseria). Me voy a dormir con la sensación de que esto no era para lo que yo me apunté.

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