Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 12 de octubre de 2024

12 de octubre

Un día como hoy, hace diez años atrás, te dije “sí, quiero”. Por aquel entonces, sólo éramos dos niños enamorados, llenos de risas e ilusiones, dispuestos a emprender un camino juntos. No sé si teníamos tan claro hacia dónde o cómo, pero simplemente nos lanzamos porque así es el amor, o al menos el amor que yo conozco. Un salto al vacío, con espinas y todo como decía Cortázar. 

Siempre pensé que, cuando nos conocimos, no estábamos listos, quizás incluso yo menos que tú, y sin embargo, esa noche en Concón es como si algo se hubiese sellado en piedra, el inicio de la magia, los ingredientes del hechizo; no pude dejar de mirarte y de soñar con esa sonrisa tuya que podía conquistar cada uno de mis lunares. Y luego, no nos vimos más. Siguió la vida muy tranquila, el trabajo, los estudios, los amigos, las estaciones del tiempo, la transformación y el cambio de piel. Un año entero vivimos a dos cuadras de distancia sin saberlo, porque todo ha de pasar cuando tiene que pasar. Los planetas y el cosmos se alinearon un día de primavera, y como si el simbolismo mismo no lo hubiese planeado mejor, volvimos a coincidir. Hola tú, pensé, con la piel erizada hasta los talones. Y tú dijiste “ella va a ser mi polola” como si fuese un segundo decreto al universo. Bailamos, cantamos, conversamos, y nos reímos como dos aspirantes al amor. Me acompañaste a la puerta, nos despedimos y el hilo rojo nunca más se soltó. 

Así empezamos a salir. Y de a poco fui entreabriendo tus pliegos de papel hasta llegar a lo más profundo, descubrí tu infinita alegría y amabilidad, tu integridad y optimismo, tu caballerosidad y nobleza, la preocupación genuina que tienes por otros, el inmenso cariño por tu familia, la fidelidad hacia tus amigos, el gusto por los deportes, el liderazgo, la capacidad de gestionar problemas, la dedicación y compromiso que le pones a todo lo que haces y tu tremenda habilidad para iluminar a cualquiera que esté alrededor tuyo. 

Sin darme cuenta, te encendiste muy en mi interior, y te quise con cada una de mis células. Mi boca tenía escrito tu nombre y una canción favorita; sweet disposition. Porque así fue lo nuestro, cuando estuvimos con las manos dispuestas, nos encontramos en medio de un millón y como una música fácil nos abrazamos. ¡Qué suerte!.

Llegamos al 12 de octubre del 2014. Me pediste acompañarte un momento para conversar sin tener idea de lo que se venía. Estabas nervioso y yo no entendía por qué hasta que te arrodillaste para pedirme que me casara contigo. Volví a pensar, ¡qué suerte tengo!

El 18 de abril del 2015 nos casamos. Y desde entonces, hemos vivido un montón de cosas juntos, aventuras y desencuentros, de lo dulce y de lo amargo. Nos mudamos de casa tres veces, nos cambiamos de ciudad y volvimos, elegimos trabajos nuevos, nació nuestro Lucas, te han operado tus múltiples carcinomas, perdimos un hijo y llegó nuestro Rai. 

Hemos tenido días oscuros, muy oscuros, y después de las tormentas aquí seguimos pintando lienzos de colores. 

Hoy, aunque podría pedirle millones de cosas a la vida, quiero pedirle tres; fortaleza para seguir construyendo nuestro camino juntos, paciencia para amarnos incluso en los momentos difíciles y que nunca, nunca dejemos de mirarnos el uno al otro con esa ternura de niños, de complicidad y alegría como cuando dimos el “sí, quiero”. Hoy y siempre te elijo a ti, hasta que la piel ya no soporte más arrugas.

No hay comentarios.: