En al abismo circular de las transferencias, resuenan los acordes en el umbral de las miserias. Está ese monstruo con su irrisoria forma de vivir, de lastimar. Y están los otros, esos con el cuerpo echo tira, ahí, intangibles. Esos a los que no les queda más que masticar el polvo con los dientes apretados. Se tapan los oídos en las noches tristes, abrazan la penumbra del alma. ¡Vaya qué estupidez! Mortecina puñalada y clavel de sangre. Tortuosa forma de morir. O talvez... de sucumbir a un sueño antagónico en el que se fallece de a poco. Se deshace la rosa, cries, gets smaller, fades away.
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