
En los árboles un tira y afloja, una parte de mi que desea, una parte de mi que rehuye. Después de la alegría palpita la soledad entre mis piernas y aparece ese sentimiento de que nada es durable en este mundo, ni los besos, ni los minutos. No existen las promesas, menos las de amor. Y en aquella fantasía donde no existe el tiempo, las hojas otoñales caen detrás de la ventana y la poca luz de nuestra habitación deja entrever pesar y lágrimas. Se dibuja un largo y compacto silencio mientras nuestras cabezas se desgarran intentando saber qué está pensando el otro. Y entonces la oscuridad sencilla e imposible, nos envuelve más allá de tu soledad y la mía. Más allá de tus manos en mi costado, más allá de mis labios en tus besos. Y de nuevo, después de la alegría palpita la soledad sobre mi cuerpo y aparece ese sentimiento de que la incerteza es una forma de certeza, y de que no sé cómo recuperar un corazón que está roto.
"Una frontera de palabras no dichas, entre tus labios y mis labios, y algo que brilla así de triste, entre tus ojos y mis ojos" (Mario Benedetti).
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