Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

lunes, 24 de septiembre de 2012

No tener más razones

Todo ha cambiado tanto. En tan poco tiempo y a la vez, en demasiado. Ha llovido polvo y cenizas. Se han derretido los espacios, esos que yo intentaba proteger con profundo ahínco, disimulando, sonriendo, guardando, barriendo bajo las alfombras. Casi sin saber cómo, las aguas se movilizan, los cielos se pintan de otros colores, cada vez más grises por cierto. Los sueños ya no son los mismos, ya ni siquiera hay, no ese mismo deseo de antes, ese proyecto de construir algo. Ese impulso casi intrínseco por hacer florecer una odisea y querer aferrarse a ella hasta el final de los alientos. Qué triste. Cómo duele, todos los días. Mientras las fortalezas caen y las arenas se las lleva el mar. Todo se va, sin siquiera darme cuenta. Es como entrar a un ascensor y abrir las compuertas en otra parte. Como si despertaras después de 10 años y en ese período hubieses estado durmiendo, en un coma bien hondo. Perderse los procesos, llegar a un punto en la línea de tiempo sin saber cómo se llegó a ahí. Querer tanto a alguien y de pronto, con el transcurso de los segundos y de las historias, con más o menos puntos, no tener más razones para seguir queriendo. No tener más razones para imaginar que se puede echar pie atrás, simplemente retroceder en un diminuto pestañeo. No tener más razones para seguir pensando, soñando, amando. No tener más razones para luchar por algo que ya está cada vez más muerto. No tener más razones para confiar, para creer. No tener más razones para dar cabida a las oportunidades. No tener más razones para cerrar los ojos y perdonar. No tener más razones para esperar, para entregar, para bajar las defensas y recibir. No tener más razones para estar con los brazos abiertos. No tener más razones para volver a besar. No tener más razones para volver a plantar. No tener más razones para ilusionarse. No tener más razones para anhelar. No tener más razones para seguir queriendo. No tener más razones y punto.