Un día pensé que sólo habría un único tú-y-yo en la arena. En esa playa que tan bien conozco, que tantos recuerdos me trae, que tan feliz me hace. Y parece que me equivoqué. El sol me toca de otra manera. Me desbarata distinto. La arena me roza con sus dedos, esos que no son tuyos, sino de otro poeta de libro. El tiempo pasa. Los sueños crecen o cambian, no lo sé. Un día, de pronto te ves caminando bajo la lluvia, y al otro día, ya no. Es verano de nuevo. Se abren todas las flores, con una facilidad insospechada. Bordea el mar mi cintura, se ríen las estrellas bajo mis pies. Y ahí está, el mismo olor a sal, la espuma entre mis dedos. El beso estampado de un poeta bajo el atardecer.

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