Tus dedos en mi pelo de esa forma. Sólo eso basta para desnudarme. Ese único momento es suficiente para dejar caer todas mis barreras y desatar lo indómito, lo oscuro, la parte de mí que desea con locura. Y luego desciendes, al hueso adorado de mi clavícula donde siento tu lengua dibujando su contorno y me fulmina, lentamente. Sólo eso basta para dividirme y hacer rendir cada una de mis razones. Y mientras tus labios continúan su camino por mi cuerpo, olvido hasta mi nombre pues de qué vale un nombre si tengo la presión de tus caderas contra mis debilidades. Sólo eso basta para entregarte cada una de mis curvas como un libro abierto en la página sesenta y nueve. Y entonces ahí, en ese grial oculto, pero a la vez tan tuyo, decides multiplicar mis angustias hasta gritarte que no te detengas.

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