Alma podría recitar poemas de memoria o leer novelas completas en una sola noche. Podría resolver ecuaciones químicas, reconocer las banderas de los países e incluso dar cátedra de reglas ortográficas, pero cuando se trata del amor, ni siquiera Alma tiene todas las respuestas. No hay sólo blancos o negros. No hay cosas simples, aunque a veces parezca que lo son. Es como la ley del multiverso; existen demasiados universos con naturaleza propia, que suceden como realidades alternativas a cada momento, con hipótesis diferentes, con historias que dependen de fragmentos de segundo, de personas, de decisiones, de miradas y de besos que se dan o no se dan. Alma dijo sí con sorpresa y alegría, como si tanta emoción no pudiera contenerse dentro de una misma piel. En el otro universo, Alma muere de miedo de que enamorarse lo cambie todo, o más bien dicho, le aterra que sus soledades puedan recrearse y repetirse.

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