Ámbar no sabía que reír tanto podía producir dolor físico. Y esa taza de café compartida a las tres de la madrugada mientras afuera la lluvia estallaba fuerte contra el pavimento le parecía surreal, como sacada de una película de amor adolescente. ¿Casualidad? ¿Destino? Ámbar pensó que cuando menos planificas suceden cosas así; como un guante lanzado a la nieve que alguien encuentra, o como dos ojos que se conocen de toda la vida pero se ven por primera vez. Las manos le tiemblan inseguras, pero el resto de su cuerpo electrizado tiene las certezas. Se dice, "quizás esto es". Y una música de James Bay le recorre por las piernas; "Put your hands on my body just like you think you know me, want your heart beating on me, don´t leave me hot and lonely, I don´t usually give in to peer pressure, but I'll give in to yours", como diciéndole que está bien aflojar. Ámbar le entrega su número con una sonrisa, y entonces, la promesa de una eternidad queda sellada en una servilleta de papel.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario