
Un baile. Una pista de luces. Y una melodía que se agita de poco, intrépida. Comienza en mis oídos y agarra el gusto en mis labios para coger los pasos hasta los tacos en punta de mis zapatos. Se contornea por dentro, obtiene aires de libertad. Y entonces suelto mis cabellos y alguien los sujeta fuerte entre sus manos. Dedos en mi espalda, cintura rozando la mía. Y una pierna que cruza mi anatomía con el atrevimiento de una sonrisa. Salón oscuro. Sólo tú y yo. ¿Por qué bailamos? Ni yo lo sé. Estábamos destellando el azulejo, y no supe cómo se encendió. Luego adrenalina en nuestras caderas y azúcar decorando el brillo de nuestros labios. Ganas de morderte la boca. Un intento tuyo de conquistarme el alma, y también el cuerpo. Noche cálida, cielo dudoso. Luego un rincón, y nuestras manos en el sofá. Caricia lenta, amor fugaz.
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