
Días que no tenía palabras. Toda fotografía había cobrado vida para comprar un boleto sin término en montañas rusas y carruseles. Giraba y giraba la vista con rapidez. Pistas de luz destellando de una calle a otra y carcajadas a la distancia. Un aire cálido, y demasiadas historias olvidadas por contar. Temores ocultos. Dolores soterrados. Sin embargo, un disfraz escondía a la perfección cualquier intento. Nariz roja, rostro de colores. Un cuarto oscuro y dos cuerpos esperando volver a ser como antaño. Mariposas libres, vientos dispersos. Y una lágrima guardada en un collar de cristal. ¿Por qué nos herimos tanto?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario