
Florecerá sin darse cuenta, cuando las nubes se disipen, cuando los relámpagos se cansen de mojar la tierra. Y entonces no tendrá que desaparecer ni rogar a los cielos. Cerrará los ojos y verá por primera vez en colores plenos y brillantes. Alcanzará los bosques y los caminos. Tocará su delicada mano sintiendo las líneas del mundo y las hendiduras del infinito. Ya no habrán treguas ni huidas, sólo una silla que transporte a aires sagrados. Un cable que una los abrazos y los llantos en una misma figura tranquila. Volará lejos, se esparcirá en la nada. Florecerá sin darse cuenta de cenizas que yacían dormidas en un baúl. Se volverá el tiempo impresionismo, y barajará un millón de posibilidades. La única mirada será luna plateada y el único obstáculo será liberar la angustia aprisionada. Sonreirá el bosque y la playa, y la costa sempiterna. Volará lejos, caminará en el paraíso. Estirará sus dedos y tocará el sol bailando en la deriva. Y por una ventana se pintará una habitación. Allí albergará un más allá sobre su almohada. Y florecerá en su rostro una ilusión que de vida. Volará lejos. Florecerán sus pétalos sin que llegue a darse cuenta.
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