
Con una música en la cabeza, con el violín agitándose en el cuerpo y una cuerda inquieta entre medio de los dedos. Qué difícil superar. Que arduo despertar. Borrar. Empezar una nueva melodía lejos de tus recuerdos. De tu caja de heridas, y de tus cubetas de sonrisas. De tu existencia indomable, y de tu ego mal habido. Y en el amanecer invernal que nos separa quisiera entender esas ganas absurdas de marcar indiferencia, de envenenarnos el alma con burbujas de cicatrices no curadas. Quisiera darle un vuelco a la infernal distancia, para hacer picadillos lo que siento y traerme de vuelta. Dormir, gritar, descansar en tus párpados o en los míos, sin nombre, sin circuitos. Hacer un corte en la línea del tiempo, en tus manos y en mis huellas, para enfermar el orgullo y hacerlo trizas. Cómo retenerte, huirte, dejarte ir. Qué difícil superar. Que arduo despertar. Borrar. Empezar una nueva canción lejos de tus palabras en mis poesías.
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