Como dulce velo de lirios se extendía el cortinaje de su cama, y en un paraíso inexplorado descansaba sus ojos ámbar brillante. No hacía calor ni frío, no era día ni noche. Todo estaba hecho en su punto exacto, en la mezcla perfecta de tonalidades. Y las nubes de su alcoba se coloreaban de rosado y púrpura, mientras el cielo le escribía poemas de amor. Así descansaba en el jardín, pues cada trozo de su almohada estaba fabricada de rosas y sus vestidos de maravillas soleadas. Sólo había una liana tejida donde dejar la cabeza reposar. Y todo era pulcro, todo blanco en el suelo y en las sedas, como mármoles suavizados. Caminaban sus pies, desde el cuarto hasta la hierba y de la hierba a la laguna. Y en la laguna su cuerpo desnudo era bañado con flores de loto, danzantes, pacíficas. Nada más era necesario. Toda desnudez yacía en un paralelo viviente.
Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Paralelo viviente
Como dulce velo de lirios se extendía el cortinaje de su cama, y en un paraíso inexplorado descansaba sus ojos ámbar brillante. No hacía calor ni frío, no era día ni noche. Todo estaba hecho en su punto exacto, en la mezcla perfecta de tonalidades. Y las nubes de su alcoba se coloreaban de rosado y púrpura, mientras el cielo le escribía poemas de amor. Así descansaba en el jardín, pues cada trozo de su almohada estaba fabricada de rosas y sus vestidos de maravillas soleadas. Sólo había una liana tejida donde dejar la cabeza reposar. Y todo era pulcro, todo blanco en el suelo y en las sedas, como mármoles suavizados. Caminaban sus pies, desde el cuarto hasta la hierba y de la hierba a la laguna. Y en la laguna su cuerpo desnudo era bañado con flores de loto, danzantes, pacíficas. Nada más era necesario. Toda desnudez yacía en un paralelo viviente.
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