Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 4 de agosto de 2012

A tres metros sobre el cielo

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como la película. Dejándolo todo, entregándolo todo. Recorrí el mundo, subí en bici y fui a la luna para luego regresar. Estuve en la playa,  con su oscuro romanticismo. De noche, en el fuego de la ciudad, de día en la tímida laguna de la naturaleza. No había segundo que perder, faltaban minutos para seguir creando música. Sucumbí a la locura de sentir la vida a dos mil por hora, con su energía, la furia, el destello y frenesí. Vi pasar toda una vida, o la imaginé.

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como la película. Sintiendo todo desde lo más profundo, queriendo todo, en demasía. La desnudez y la alegría, juntas y al mismo tiempo, infinitas como el océano. Para despojarme de todas esas reglas que no servían, de los escudos y las armaduras. Fui creciendo, fui más libre. Pinté cuartos de todos colores, pero prefería el de rojo, siempre. Hice tantos dibujos, escribí tantas historias. Brillé como nunca, e hice de la noche mi mejor amiga, sólo para hacer más cortas las distancias y así mirar el amanecer.

Durante algún tiempo, estuve a tres metros sobre el cielo, como en la película. Y creí que nunca tendría que bajar de ahí. Que no sería necesario porque ya estaba por completo, como la flor y sus pistilos. Pero de repente abres los ojos, y te das cuenta, de que todo se ha acabado. De que lo que fue primero y último, no puede ser más, pero a la vez, nada puede volver a ser igual que antes. El primer viaje será por siempre, el único.

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