Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir. Pero no puedo concentrarme en nada. No puedo dormir. Todo me parece tan irrelevante, cuando en realidad, hay tanto en juego. El que mucho abarca poco aprieta. Tengo la, no sé si leve ingenuidad o creencia, de que los desiertos pueden florecer, sí, algo nacer de donde no hubo o no hay nada. Quiero poder impulsarme, decirme algo a mí misma que me haga continuar, pero a veces se me hace profundamente difícil. Despertarme. Vestirme. Salir a caminar. No pensar. Sentir que no me duele. Sonreír. Trabajar. Ir a clases. Disfrutar de lo que antes me hacía feliz. Cada una de las tareas, incluso las más sencillas, se me hacen tremendamente pesadas. Quiero poder decirme algo, tener alguna razón. Mirar la noche y pensar que hice algo bueno, que talvez, mañana, ya no siga sintiendo lo mismo, que quizás, algo cambie. Poder decirme que mi vida no será siempre un suma y resta de pérdidas. De sentir que a pesar de todo lo que haga, regreso a las mismas conclusiones, a las mismas dinámicas, a encariñarme con algo para luego perderlo y sentirme vacía otra vez. Y entonces, tener miedo de volver a intentarlo, con el fantasma de repetir los mismos tropiezos casi con tontera. Quiero mirar adelante y seguir, simplemente seguir. Como si todo a mi alrededor circulara por la vereda de al lado y yo ni me enterase. Quiero poder darme la fuerza, decirme algo. Pero no puedo concentrarme en nada. No puedo dormir. No puedo hacer silencio. No puedo hacer que deje de doler.

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