Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

martes, 6 de noviembre de 2012

Derrota

Hace muy poco, alguien me contó una historia de una niña que jugaba en el suelo a los pies de su mamá y que no entendía por qué ella bordaba tan afanosamente. Cuando la niña miraba el tejido desde abajo, sólo veía hilos feos y le parecía un quehacer muy aburrido. Entonces, la mamá le dijo a la niña, que desde arriba las cosas se veían muy diferentes y que cuando estuviera lista, lo entendería.

Quiero pensar que algún día entenderé las cosas que han pasado. Las decisiones. Las resoluciones. De momento, no puedo sino sentir una deslealtad y un dolor inmenso, sentir que íbamos alineados a un mismo objetivo, con un sentido en común, y de repente, un día, has retrocedido montones o te quedas sola en el camino, creyendo que el resto iba codo a codo contigo cuando en verdad no era así. Siento que intenté un rescate que no tuvo éxito. Siento que intenté movilizar aguas que no querían cambiar de rumbo. Siento que entregué un montón de esfuerzos, casi para nada. Y que en esa tarea, impuesta o desarrollada, perdí una gigantesca porción de mi vida, de mi tiempo, de mis energías, de mi sonrisa.

Siento mucha tristeza, de no comprender qué pasó, de que como dije en un escrito anterior, la elección no haya sido por mí. Siento que durante tanto tiempo todo fue un manicomio, y ¿para qué? Siento como si yo viviera otra realidad, un mundo paralelo, donde te preguntas quién está bien y quién está mal, donde te preguntas si es muy descabellado lo que piensas, donde te preguntas qué cresta pasa con la gente que a pesar de todo, no evoluciona, no busca algo mejor. Y en vez de eso, pareciera quedarse con lo cómodo, con lo que es funcional, aún cuando sea una decisión de patio. Y finalmente, sin importar lo que trate de decirme, no entiendo. Sólo siento mucha pena y una derrota tremenda. 

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