Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Pulsión y mente

Todos, por la simple condición de ser humanos, tenemos una sombra. Ese lado más oscuro, menos consciente o simplemente, más reprimido.

"La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza, directa o indirectamente, así por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables" (C.G. Jung, 1939). 

"Es aquella personalidad oculta, reprimida, casi siempre de valor inferior y culpable que extiende sus últimas ramificaciones hasta el reino de los presentimientos animales y abarca, así, todo el aspecto histórico del inconsciente. Si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc" (C.G. Jung, 1951)

Durante este año, he aprendido a conocer un poco más a mi sombra, a darle espacio y cabida para que me hable. Poder integrarla un poco más, porque en el fondo, también es parte de mí, de lo que soy, de los pensamientos y emociones que tengo. No ha sido una tarea fácil. No ha sido un camino corto el poder reconocerla y darle nombre. #HistéricaDeMierda, esa es.

Quisiera poder decir que mente y emoción son sólo una cosa, y que ya no existe el paradigma tradicional de la separación cuerpo y mente. Sin embargo, sería muy perfecto para ser cierto. En la vida real, los humanos disociamos algunas veces. Dejamos relegado aquello que nos cuesta entender, que no podemos soportar, que es doloroso o que no es tolerable para el Yo y punto. En numerosas ocasiones, nuestros impulsos, nuestras emociones más profundas, animalescas e intensas quieren y necesitan ciertas cosas, y nuestra mente y racionalidad pareciera correr por un carril distinto, sin poder ofrecerle respuestas a esas demandas pulsionales.

En el último tiempo, de verdad que he intentado que la sombra vea un poco más la luz, pero la racionalidad me gana. Analizo variables, mido factores, controlo las cosas. Quizás, como un modo de creer que eso me garantizará algún tipo de seguridad, o que le entregará una porción mayor de  confiabilidad a lo que hago. De no arrepentirme. Para no sufrir.

Y sin embargo... ¿puede realmente darme algún tipo de certeza? Obviamente no, y aún así, ese es el cuento que me he querido contar. Mis sueños y mi inconsciente han pasado a tener la forma de una #HistéricaDeMierda, una mujer un poco loca, bipolar y ambivalente, y sólo porque he querido silenciar aquello que de verdad deseo. A veces estaría bueno sólo dejarse llevar y ya está. ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿A qué le tenemos miedo?

Sólo siento al final de todo, que cuando los escenarios estén un poco más despejados, ya no tendré tanto que controlar, y talvez ahí, la histérica pueda ser más Yo y viceversa. 

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