Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

sábado, 13 de abril de 2013

Prisiones del alma

Otra vez tengo esa sensación, mientras miro por la ventana de mi oficina, que las paredes se empequeñecen, que no quepo, que nada puede contener todo lo que cargo dentro, ni siquiera mi propio cuerpo. La música me invade los oídos y el paisaje no se mueve en el exterior. Sólo avanzan los automóviles, desciende el sol. Sentada en mi silla, lo único que corren son los segundos, mi cabeza pareciera estar en blanco y algo se retuerce en lo profundo. Me siento como Éowyn, con un inmenso temor a las prisiones del alma, a terminar enjaulada, a que nada sea suficiente, a que nada me llene, a que nada de lo cotidiano pueda entregarme esa paz que ando buscando. Y ahí es donde me acuerdo que la paz no puede venir desde afuera. No obstante, me parece tan lejano que pueda llegar así, simplemente, a conseguirla. Parece una tarea tan imposible por el momento. Ni siquiera cogiendo las maletas y mandándome a cambiar la encontraría. Eso sería como arrancar. Querer seguir adelante sin darte cuenta de que no importa a dónde  te vayas, los problemas siguen ahí. Y entonces, ¿dónde la busco? ¿qué me falta? Quiero creer que la belleza puede aparecer de las cenizas. Que en algún minuto de mi vida voy a mirarlo todo, como una película holográfica y voy a haberle descubierto el sentido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

-¡mirad! ¡La Sombra ha desaparecido! ¡Ya nunca volveré a ser una doncella guerrera, ni rivalizaré con los grandes caballeros, ni gozaré tan sólo con cantos de matanzas! Seré una curadora, y amaré todo cuanto crece, todo lo que no es árido.- Y miró de nuevo a Faramir.- Ya no deseo ser una reina- dijo. - se tu misma.- le respondió

animo