Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

viernes, 15 de junio de 2018

Crónicas de una mamá primeriza (II)


Capítulo 2: El nacimiento

Ver nacer a un bebé es lejos la experiencia más increíble del mundo. Pero al mismo tiempo, dista mucho de las películas, de lo que te han contado e incluso de lo que uno imagina. Sobre todo cuando uno ha "trazado un plan" en la cabeza y nada sale como tú esperas. Yo quería un parto natural, y en vez de eso jamás dilaté y finalmente tuve que ir por una cesárea. Yo quería que fuese todo normal, y sin embargo, me diagnosticaron preclamsia en la clínica. Y entre tanto plan fallido y la angustia derivada de las hormonas por las nubes, lo único que podía hacer era llorar porque nada había salido como yo quería, como si hubiese sido el fin del mundo. Ahora lo pienso, y tamaña estupidez. Hay familias que sufren por tanto más. 
Cuando sostuve a mi hijo por primera vez, me pareció casi surrealista. Uno se siente tan pequeña, como si tuvieses 11 años y ese bebé no pudiera ser tuyo. No puedes creer cómo esa hermosa figurita estuvo nueves meses dentro de una guatita, la mía. Nunca estás lo suficientemente preparada. Y aún así, esos ojitos diminutos que te miran en su adormecimiento y te reconocen como su mamá, calan tan hondo en el corazón que los miedos se van, dejándote un inmenso e indescriptible amor. Una sensación fiera, casi animal, de que darías la vida entera por protegerlo y hacerlo feliz. 
Y cuando el bebé llega a casa, vuelves a estar muerta de susto; por la inexperiencia, la inseguridad, por la cantidad de cosas que pueden ir mal, por la muerte súbita, por las enfermedades. Además del temor está el cansancio. Donde el cuerpo debe ajustarse a un ritmo que no le es familiar ni acostumbrado; el no dormir. En mi caso, tuvimos enfermera un par de semanas y eso ayudó muchísimo. Pero una vez que se fue, creí que el mundo se caería a pedazos. Tuve días donde sólo lloraba en el baño y no sabía si tirarme por la ventana o tirar a mi bebé. Supongo que todas las mamás han tenido momentos de impotencia, frustración, cansancio extremo. Si no es así, mi primer pensamiento sería que mienten. Y el segundo, sería preguntar cuál fue su receta. (Prefiero pensar que mienten). Porque con el bebé en casa ya nada es tan fácil como lo pintan en las películas. Y eso que mi hijo era un santo al comienzo. 
Me impresiona profundamente, el machismo en el que hemos sido educadas, cómo eso contamina las relacionas y crea unas expectativas que son (a mi juicio) irreales de cumplir en estos días. Me enrabia en lo más profundo cuando escucho comentarios del tipo; "pobrecito tu marido, ¿cómo lo está llevando?". "Debe estar tan cansado". "Bueno, pero al menos déjalo que salga y lo pase bien".  "Lo importante es que cuando él llegue a la casa, jamás te vea en pijama". "Tienes que estar bonita siempre para que él no mire para el lado". "Tienes que arreglártelas para no descuidar a la pareja". "Tienes que hacerle sentir que él tiene la razón, aunque no la tenga, pero para que no se sienta disminuido". 
O sea, WTF! Como que se asume que la mujer tiene que cabrearse, cansarse, y prácticamente ser un pulpo y al hombre se le trata de "el pobrecito". ¡No señores!. El siglo XXI ha traído cambios, y cuando las mujeres obtienen títulos universitarios y tienen sueños personales, no es precisamente para quedarse en casa, ni en abnegación. Hoy en día ambos estamos en igualdad de condiciones, y si hay que sacrificarse, se sacrifica el equipo. Porque al menos así miro yo las cosas hoy en día. Las parejas tienen que ser equipos, y apoyarse mutuamente, compartir roles, tareas, etc. Más aún cuando efectivamente un bebé consume mucho tiempo y hay tantas cosas que cambian... desde los temas de conversación hasta las oportunidades de sexualidad. Desde las prioridades y requerimientos hasta los genios y ánimos de ambas personas. 
En mi situación puntual, odio la frase "le ayudo". Como si la maternidad y crianza fuese sólo de las mujeres y los papás estuviesen ahí para "ayudarnos". A eso digo nuevamente, ¡no señores!. Aquí nadie debiese "ayudarnos" porque esto debe ser un trabajo 100% compartido y equitativo. Aquí hay dos individuos remando codo a codo, sudor y lágrimas. Y a lo mejor pensarán, ¡qué feo que se refiera a la maternidad como un trabajo! Pero lo es. Y de tiempo completo. A veces uno no sabe en qué se le ha ido el día, luego miras para atrás y claro, te das cuenta de que de tomar desayuno ni hablar, que a veces no almorzaste, no alcanzaste a ducharte, o no has ido a hacer pipí en todo el día. No hay breaks. No existe la oportunidad de agarrar las maletas y mandarse a cambiar si estás enojado o cansado, si no puedes más. No. Hay que seguir. Si tienes buenas redes de apoyo, a lo mejor una abuela, tía, etc., puede suplirte un ratito, pero al final del día, sólo estás tú y ese bebé mientras tu pareja está en la oficina (muchas veces creyendo que uno está viendo tele todo el día...  yeah, right, all day). Entonces, lo miras... tan pequeño, indefenso, dependiente de ti. Y a veces lo amas y lo odias todo junto y mezclado, pero como dije en el capítulo anterior, ya no hay ticket de devolución. Hubieron días que entendí muy bien por qué hay mujeres que les da depresión post parto. Hubieron días que entendí por qué hay mujeres que hablan de asesinar a sus parejas. Hubieron días que me di cuenta de que la teoría psicológica es bonita, pero no siempre sostenible en el tiempo porque las fuerzas también flaquean, porque uno es humano después de todo. 
Y la humanidad es precisamente la que nos hace vulnerables, frágiles, sensibles, propensos a los errores, inconstantes e imperfectos.
Pero al mismo tiempo, es la que también nos impulsa a mejorar, a buscar la conexión con el interior y la evolución del ser. A creer y a luchar por el amor. 
Queridas amigas y amigos, la única certeza que tengo, es que no hay recetas ni fórmulas mágicas.  Que nada es color de rosas. Cada bebé, pareja y familia que lo reciben, son un universo. Y debajo de ese universo sólo hay simples humanos haciendo lo mejor posible. Por ello, juzguemos menos y aportemos más.
Ahora, si pensaban que el nacimiento era difícil, la maternidad y la crianza lo son aún más. Es hermosa, alegre y generosa por un lado, y a la vez, frustrante, caótica, desafiante y 24horas. Pero claro, eso ya es materia para otro capítulo.

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