
No me digas nada. Ya lo sé todo. Ya dejé aquellos ojos tuyos en una caja de papel. Olvidé toda palabra pronunciada por tu boca para entregarme a nuevos vientos y en eso estoy. Respiro aire liberador, escribo poesías y cabalgo sobre mariposas. Convivo en un color que tu ni siquiera podrías imaginar, y disfruto la vida con alguien que se atreve, que se arriesga por mi y me hace promesas de amor, de entregarme todas las luces del mundo. Creamos juntos una realidad.
Sin embargo, hay algo que quisiera decirte. Hasta ahora estarás pensando un millón de cosas, pero frena esa cabecita tuya y escucha no con los oídos sino con el corazón. Uno siempre debe decir lo que siente puesto que después es demasiado tarde. Eso fue lo que nos pasó. Vergüenza o cobardía, no lo sé, ya da igual. Nos entregamos dolor, nos entregamos sonrisas, nos entregamos miradas y aún así negamos cualquier futuro. Nos quedamos en nada. Falta de coraje.
Luego aquel fugaz momento, en el que nos hacíamos cariños bajo la mesa y nos decíamos “te quiero” abrazados junto a la chimenea. ¿Qué fue lo que pasó? Ni yo puedo explicármelo, quizás fue mucho lo que yo tenía guardado y las muchas copas que tú habías bebido. Pero como te digo, no importa. ¿No parece ya demasiado absurdo todo?
Sé que te parecerá injusto que recién ahora te cuente todo esto, pero si no supiera que es la forma correcta de cerrar todo aquello que alguna vez nos unió, aún me lo callaría. Espero que nos perdonemos. Adiós.
Sin embargo, hay algo que quisiera decirte. Hasta ahora estarás pensando un millón de cosas, pero frena esa cabecita tuya y escucha no con los oídos sino con el corazón. Uno siempre debe decir lo que siente puesto que después es demasiado tarde. Eso fue lo que nos pasó. Vergüenza o cobardía, no lo sé, ya da igual. Nos entregamos dolor, nos entregamos sonrisas, nos entregamos miradas y aún así negamos cualquier futuro. Nos quedamos en nada. Falta de coraje.
Luego aquel fugaz momento, en el que nos hacíamos cariños bajo la mesa y nos decíamos “te quiero” abrazados junto a la chimenea. ¿Qué fue lo que pasó? Ni yo puedo explicármelo, quizás fue mucho lo que yo tenía guardado y las muchas copas que tú habías bebido. Pero como te digo, no importa. ¿No parece ya demasiado absurdo todo?
Sé que te parecerá injusto que recién ahora te cuente todo esto, pero si no supiera que es la forma correcta de cerrar todo aquello que alguna vez nos unió, aún me lo callaría. Espero que nos perdonemos. Adiós.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario