
Me asomo por la ventana de un paisaje irreal. Y sin embargo, es lo más verdadero que ha nacido en mi espacio. Calidoscopio de colores. Dulce de leche bordeando el contorno de mis labios. Y entonces la dulzura se derrama desde la raíz hasta los pies. Escalofríos que me recorren y hierba dibujando nuestras sombras en el frescor del suelo. Plataforma de brillantes, tono arcoíris y olor a frambuesas. Somos dos, somos uno. Un corazón recalcado en la arena y una fotografía instantánea, infinita. Nos hemos vuelto astro y aire a la vez. Nos hemos inventado el alma y el cuerpo. Y sólo tus ojos me atraviesan, en este mar de ilusión.
1 comentario:
Hola, interesante el relato, ta como pa seguir visitando... saludos
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