
Distancia... ¿Qué significa esa palabra? ¿Qué quiere decir? Se puede medir, palpar, sí, en centímetros, en metros, hasta en millas y kilómetros. Pero, ¿cuan tangible es para el alma? No es más que una aproximación, a veces un tanto tonta, errada y algunas verídica y real, de aquella emoción que se tiñe de tensión afectiva. Una emoción que intenta juzgar el grado de cercanía y afiliación que tenemos con otros. Que nos pone en una situación aquí y ahora para comprobar cuan lejos podemos sentirnos de alguien, cuan solos y vacíos podemos pensar que estamos. Distancia... siempre genera esta controversia. Es un término demasiado subjetivo. Y es extraño, pues de a momentos estamos codo a codo y sin embargo, también estamos lejos, muy muy lejos. Hay una distancia rara que nos separa, que nos incomoda, que nos conduce hasta el silencio. ¿Qué significan entonces dos manos apretadas si la cabeza está en cualquier lado? El cuerpo físico no puede asegurar la cercanía. En eso nos equivocamos y por eso decía yo que el juicio puede ser errado. Es la cercanía del alma, de la mente y del espíritu la que cuenta. No es lo mismo vivir la comunión, que estar y a la vez no estarlo. Distancia... ambiguas conclusiones. Letras demasiado apresuradas. No sé, es un misterio pensar en la distancia, sobre todo en un día como hoy. Supongo que así son los días lluviosos, y el frío en los huesos. Siembran la incertidumbre y unas dudas insólitas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario