
Una brisa burbujea intranquila dentro de una botella. Se desbarata, golpea el vidrio en su reflejo. Los circones y los diamantes le sacan la lengua, pero la brisa no se rinde. El tapón de cristal impide una conversación con la luna, opaca el deseo intenso de soltar la boca, de dejar libre a la musa y al viento. Y mientras la brisa se debate, con héroes y titanes, las burbujas se reúnen, dibujan historias en el cristal, intentan escribir una música para un alguien que guste de escuchar. La luna no le ayuda, ni el fuego de una noche que tiene todo por descubrir. Y aún así la brisa disputa su osadía, su honorable derecho. Burbujea intranquila dentro de una botella. Mira en la cara a una muchacha abandonada. Le come los ojos. Los aspira. Espera a que el tapón se repliegue y el aroma vuele. Sí, aguarda en su desvelo para posarse en esos labios salvajes, y en un cuello indómito. La brisa no cede, se ríe. Burbujea intranquila. Golpea el vidrio en su reflejo.
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