Si pudiera elegir mi paisaje de cosas memorables, de otoño desolado, eligiría súbitas rosas, lluvia,
recuerdos, alguna muerte, un montón de estrellas y una caja de ilusiones...

domingo, 1 de marzo de 2009

Caricia en el alba


Sembraba una caricia en globos de colores. La cultivaba dentro, la hacía florecer entre tanta mala hierba. Y en plena naturaleza, una música italiana sonaba en un disco de vinilo, hacía compás con el viento al mecer las hojas. Un sueño, o un despertar sereno. Y ese mismo cuarto donde tantos viajes han tenido puerto, donde numerosas realidades han tomado tonalidades distintas, se han dibujado por sí solas en las paredes. Puede sentirse en el bosque, puede ver los cambios, y las alas ya crecidas. No es necesaria la vigilia, sino la paz en almohadas de pluma, en cielos de luces o en parques de azúcar. Se encienden las velas, vuelan libres los globos. Y los colores bajan de a poco a robarle un beso. Y el atardecer estalla en polvo brillante y luna plateada. La caricia crece, incendia un alma, y la mujer despunta en el alba, con otros globos, en una misma flor. 

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