
¿Dónde se acaba el mar? ¿Dónde comienza el cielo? Se perdió en el horizonte, los límites, las transgresiones y la espuma en forma de dudas. Hasta los colores se funden y ese pequeño que recogía arena en su cubeta a la orilla de la playa, ya no está, no existe, no ha comenzado su vida aún. Fue sólo una idea fugaz, un momento de incertidumbre o de descuido. Y la calma regresa para posarse sobre los veleros, mientras las gaviotas montan en vuelo llevándose toda la angustia que permanecía aprisionada en los castillos de plata. Juega el cielo, juegan las aguas, danzan las sirenas olvidando todas las pesadillas, todos los miedos que pesaban sobre los ojos y la espalda. El azul brilla, se duerme muy quieto, y entonces los pies se mueven solos y caminan en la arena. Muy despacio, muy quieto. Y la calma regresa para posarse sobre los senderos.
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